Quoth the raven, ‘Nevermore.’
Se acerca peligrosamente el fin de semana y las cosas en Vancouver se tornan húmedas por decisión del ayuntamiento. Todas las calles, aceras, lugares públicos y paredes deben ser pasadas por agua a presión. ¿La razón?
Chicles.
Muchos chicles. La mayoría de ellos con rastros de nicotina.
A los vancouveritas les está prohibido fumar en el interior de los edificios, no así en el exterior. Como algunos necesitan la nicotina como un sediento el agua (o un borracho el alcohol) consumen ingentes cantidades de goma de chicozapote aderezada con el adictivo alcaloide (o lo que sea) y lo escupen cuando su efectividad disminuyó (no tiene nicotina) salen de su edificio (porque van a fumar de verdad) o van a hablar con alguien durante largo tiempo (porque no puede uno hablar bien con el chicle). Los vancuveritas tienen tanta práctica que son capaces de escupir el chicle sin que te des cuenta.
Como resultado, las banquetas están adornadas con tan prolija colección de chicles que uno piensa que las decoraron así a propósito. El ayuntamiento contrató personal extraordinario para que, con la invaluable ayuda de una bomba de agua a alta presión, erradiquen los chicles de la faz de la tierra. El procedimiento es simple. El agua helada a presión cristaliza los chicles y los arranca del cemento, sin dañar el cemento y sin desperdiciar mucho tiempo. Funciona, si se practica metódicamente.
¿El resultado hasta el momento?
Van ganando los chicles. Como por 20 millones a uno…
