Colores y contrastes
El que crea que en Vancouver no hay pobres, crímenes ni violencia que se dé la media vuelta y deje de leer este blog. Los demás, continúen leyendo.
Vancouver es una ciudad de contrastes muy marcados. De pronto está uno en una zona de poca madre como Gastown y dos cuadras más allá llegas a una zona llena de vagos y similares antes de entrar a Chinatown.
Hoy, en un afán de conocer la ciudad como la palma de mi mano (hoy me dí cuenta que mi palma tiene líneas y está como arrugada) me fui a North Vancouver, y de regreso salí rumbo a Gastown para dar una vuelta y presentarle mis respetos a Gassy Jack.
Mas las cosas no siempre parecen lo que uno espera.
Un par de cuadras más adelante de la estatua de Gassy Jack está Columbia Street. Si uno sigue Water St. de pronto llegamos a Powell, y tenemos una zona tranquila. Dando vuelta a la derecha llega uno a Cordova, y más adelante a Hastings.
Ésto es East End Vancouver.
Y éste es un barrio peligroso.
Peligroso, peligroso, lo que uno llamaría peligroso en México, no. Es un sitio deprimido. Porque, apenas a llegar a Pender, a una cuadra de distancia, ya está uno en Chinatown, y ahí la vida vuelve a surgir como por arte de magia.
Hice un poco de investigación sobre ese barrio. Aparentemente es el código postal más pobre de todo Vancouver. Ubicado a unas pocas cuadras de uno de los códigos postales más ricos de Vancouver. El East End, como se le conoce, ostenta el código postal V6A 4J1 y es, en efecto, el más pobre no sólo de Vancouver sino de Canadá. Más del 30 por ciento de los residentes padece de VIH y probablemente un número similar se encuentra infectado con hepatitis C. Por las calles se pueden ver jeringas clavadas en los árboles, lleno de tipos desarrapados que en cualquier otro lugar darían lástima y aquí se dedican a pelearse por idioteces como ver quién se le quedó viendo feo a quién o porque la comida que consiguió alguno no es del agrado de la contraparte. La policía pasa muy seguido y extiende multas y viajes gratis a muchos de estos atarantados que intentan ganarse la vida pidiendo 2 dólares en lugar de ponerse a trabajar, lo cual no deja de ser un shock cultural. Muchos tipos venden cosas que seguramente fueron robadas de alguno de los hoteles de bajo presupuesto cercanos. Alguno sólo se dedica a golpearse la cabeza en la pared “Sólo para sentir algo. Sólo para sentir algo.”
Ahí hay prostitución. Una prostitución sucia, de callejones oscuros en los que una persona común y corriente jamás se acercaría. Las calles están sucias, el olor ofende a las narices educadas, los sonidos hacen que uno se olvide de que está en una de las mejores ciudades de Canadá para vivir. Es muy fácil olvidar que apenas a 6 cuadras está el Harbour Centre. Aquí, la preocupación más importante no es a qué hora se come, sino quién vende la heroína.
La droga corre. No se ofrece descaradamente. uno tiene que buscarla. Pero está a la vista. Mira a un lado. Alguien busca una vena para inyectarse. Mira al otro. Alguien se da un pasón y comparte la pipa o el carrujo con su compañero de desgracia. La policía no puede más que encogerse en hombros: Es demasiada gente. No hay espacio para todos. Te dejarán en paz si los respetas. Conviértete en una mancha más y tendrás un día más de vida. Aspirar. Exhalar. Polvo eres. En polvo te convertirás.
A ochocientos metros de distancia está el General Motors Place. A un kilómetro está el BC Place Stadium. Un kilómetro, un año luz. La distancia es tan pequeña y a la vez tan grande que uno no puede más que preguntarse qué cuernos pasó aquí, por qué la sociedad no hace algo al respecto, por qué uno no puede ayudar a alguna alma en pena.
Estoy parado en una esquina esperando que el tráfico se detenga para poder cruzar. Un hombre me pregunta si tengo fuego. No, le respondo. No fumo. ¿No necesita usted un jardinero? Es su pregunta. No, vuelvo a responder. Vivo en un departamento. ¿O un pintor? No. lo siento, es mi turno de preguntar. ¿Usted tiene empleo y casa? Empleo sí, casa a veces. Si pudiera conseguir un préstamo de dos mil dólares buscaría un apartamento en Burnaby y me olvidaría de este apestoso lugar, es su respuesta. La luz se pone en verde, y cruzo la calle. Le deseo la mejor de las suertes, pero no le doy dinero. No quiero que me dé nada, dice. Si saca usted la billetera una nube de gente lo perseguirá hasta el fin del mundo. Lo dejo, solo con su soledad. Me alejo. Medito sobre este contraste. Me deprimo. No puedo más que escribirlo aquí.
Abandonad toda esperanza todos los que entráis a este lugar.

[...] marzo, y con nativos el 29 (The Carnival is Over). Y descubrí el lado oscuro de Vancouver el 30 (Colores y contrastes). El último día del mes hizo su aparición triunfal el sistema métrico chinguesimal (Vía [...]