Termina uno de salir del Stanley Park y entra uno directamente a Vancouver Downtown, paradisíaco lugar en el cual se puede encontrar de todo. Y con la llegada de la primavera, los caballeros y los que no lo somos tanto podemos deleitarnos la pupila observando a agraciadas señoritas (supondremos, para efecto de este relato, que son señoritas) a agraciadas señoritas, decía yo, cuyo atuendo consiste en una breve minifalda que más que minifalda parece maxicinturón, o pantaloncillos cortos, muy cortos, o por lo menos pantalones entallados, muy entallados. Y si a eso sumamos que muchas de las damitas en cuestión se sienten orgullosas del piercing que llevan en el ombligo, o incluso del piercing que NO llevan en el ombligo, observaremos que las pancitas al aire y las minifaldas, shorts o pantalones embutidos son la causa de un gran número de accidentes entre los caballeros, los que no lo somos tanto, las señoras de edad madura que dicen “yo solía verme así,” la comunidad lésbica y bisexual e incluso uno que otro gay despistado que las mira con envidia.
Pero no es de eso de lo que quiero hablar. Además mi sentido de la moral y la decencia (y el hecho de que no puedo tomar fotos sin que se den cuenta que las estoy fotografiando) me impide mostrarles algunas pruebas de ello. Pero seguimos trabajando…
