I want to rock and roll all night
Termina uno de salir del Stanley Park y entra uno directamente a Vancouver Downtown, paradisíaco lugar en el cual se puede encontrar de todo. Y con la llegada de la primavera, los caballeros y los que no lo somos tanto podemos deleitarnos la pupila observando a agraciadas señoritas (supondremos, para efecto de este relato, que son señoritas) a agraciadas señoritas, decía yo, cuyo atuendo consiste en una breve minifalda que más que minifalda parece maxicinturón, o pantaloncillos cortos, muy cortos, o por lo menos pantalones entallados, muy entallados. Y si a eso sumamos que muchas de las damitas en cuestión se sienten orgullosas del piercing que llevan en el ombligo, o incluso del piercing que NO llevan en el ombligo, observaremos que las pancitas al aire y las minifaldas, shorts o pantalones embutidos son la causa de un gran número de accidentes entre los caballeros, los que no lo somos tanto, las señoras de edad madura que dicen “yo solía verme así,” la comunidad lésbica y bisexual e incluso uno que otro gay despistado que las mira con envidia.
Pero no es de eso de lo que quiero hablar. Además mi sentido de la moral y la decencia (y el hecho de que no puedo tomar fotos sin que se den cuenta que las estoy fotografiando) me impide mostrarles algunas pruebas de ello. Pero seguimos trabajando…
De cualquier manera este día vamos a continuar con el recorrido por el downtown. Abandonando Stanley Park y tomando Georgia St llegamos a Cardero St, donde daremos vuelta brevemente sólo para tomar Robson Street. Estamos ya en el centro comercial más grande del downtown, y eso simplemente porque durante 14 cuadras prácticamente ininterrumpidas encontraremos de todo, desde restaurantes y tiendas hasta librerías y bibliotecas, incluyendo un estadio, el BC Place. Interesante el hecho de que en esta calle se encuentra un edificio, el Empire Landmark Hotel, que cuenta con un restaurante giratorio, el Club 9, el cual, por supuesto, tiene una vista provilegiada de la ciudad y de los otros dos restaurantes giratorios del downtown, que son, a saber, el Top of Vancouver en el Harbour Centre y el Vistas Revolving Resstaurant and Bar en el Renaissance Hotel. Es de hacerse notar que el Vistas está a apenas un elevador de distancia del casino ubicado bajo el Hotel Renaissance. Continuando por Robson nos topamos con la Universidad de British Columbia at Robson Square (nombre imaginativo donde los haya), el Pacific Centre, la Vancouver Public Library y el BC Place. Hay uan veintena de edificios en construcción que se espera estén terminados y total y absolutamente vendidos para la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno Vancouver 2010, y si todo sale bien, aquí estaré de regreso para ver mis pruebas favoritas, que son patinaje de velocidad y skeleton.
Continuemos por la calle Homer para darnos una vuelta, ahora sí, por la Biblioteca Pública de Vancouver, con su forma que recuerda paralelamente al Coliseo Romano y a un edifico común y corriente. Observemos, a la derecha, el teatro que fue diseñado gratuitamente como parte de la construcción de la biblioteca, y si damos vuelta por Georgia Street hacia la derecha (mientras miramos a la izquierda), observaremos el imponente edificio de Correos de Canadá, el cual maneja y pierde millones de piezas de correspondencia al día. La mayor parte, cuentas y correos basura, como es natural.
Continuemos por Georgia hasta Beatty Street, y demos vuelta a la derecha para observar al BC Place, y el monumento al Atleta Desconocido. Bueno, en realidad, en honor a Terry Fox. Terrance Stanley Fox fue un importante personaje canadiense del siglo pasado (se oye tan lejano ya…) nacido el 28 de julio de 1958, cuya historia es digna de ser contada, razón por la cual la voy a contar
En 1977, tras sentir un dolor constante en su rodilla derecha, Fox fue diagnosticado con osteosarcoma, y dirante esa fecha elúnico tratamiento disponible era la amputación de su pierna derecha varios decímatros por arriba de la rodilla. En 1980, el joven atleta decidió que la vida no vale nada, no vale nada la vida, y el lugar de tomar la salida fácil de suicidarse, decidió correr de un lado del país al otro para obtener dinero y donarlo para la investigación contra el cáncer. Su objetivo inmediato era obtener un dólar de cada canadiense.
Terry inició el Maratón de la Esperanza sumergiendo su pierna artificial derecha en el océano Atlántico el 12 de abril de 1980 en Saint John’s, Newfoundland. Su objetivo era vovler a sumergirla en el océano Pacífico en Victoria, Columbia Británica. Tambié llenó dos botellas con agua de mar, una como recuerdo y la otra para vaciarla en el océano Pacífico cuando llegara. Su objetivo inmediato era correr un maratón diario (es decir, 42 kilómetros). Nadie hasta entonces había intentado una carrera similar a lo que Fox estaba intentando hacer. Y comenzó a correr.
143 días después, tras correr 5373 kilómetros (repito, cinco mil trescientos setenta y tres kilómetros) Terri Fox llegó a Thunder Bay, Ontario, tras atravesar Newfoundlad, Nova Scotia, Prince Edward Island, New Brunswick, Québec y una importante porción de Ontario. Pero no pudo completar nunca la carrera. Ese fatídico 1 de septiembre de 1980 Fox debió abandonar la carrera. El cáncer se había extendido a los pulmones y el atleta no pudo continuar ni aunque quisiera, porque no podía respirar bien.
CTV organizó un teletón para obtener más loonies y toonies para la causa. Todas las estrella, celebridades, artistas y similares cerca de Toronto fueron invitados a participar, y muchos de ellos le ofrecieron tributo a Fox. El evento obtuvo una gran cantidad de dólares, íntegramente dedicados a la lucha contra el cáncer. Mas la batalla de Terry Fox fue una batalla perdida. El joven atleta murió el 28 de junio de 1981.
Pero su legado no sería olvidado. En honor de Fox se celebra anualmente la Carrera Terry Fox, cuyo objetivo es obtener fondos para la lucha contra el cáncer. Steve Fonyo, un superviviente de cáncer que también había perdido la pierna derecha, completó la carrera de Terry, iniciando el 31 de marzo de 1984 y terminando el 29 de mayo de 1985, tras correro 7924 kilómetros y terminando en la Playa Steve Fonyo en Victoria, Vancouver Island, British Columbia (que antes no se llamaba así), y obteniendo 13 millones de dólares en el proceso.
Así, pues, en honor a Terry Fox, este artículo continuará mañana desde la esquina de Beatty y Smithe.
