Now go for the cup!
Mientras medio Vancouver se recupera de la emoción de que su equipo avanzó a la siguiente ronda, la otra mitad todavía no sabe a ciencia cierta qué tren fue el que los arrolló anoche. No me quiero ni imaginar los tumultos que habrá si los Canucks de Vancouver derrotan a los Patos de Anaheim. En fin…
Día interesante si es que tal cosa existe, empezó a llover a eso de las 3 de la madrugada y cesó de llover en algún punto nebuloso entre el mediodía y las 3 de la tarde. Era un día que se antojaba más para cafetear que para estar en clase, pero ni modo, a clases hay que ir porque las desgraciadas me costaron bastante caras y pienso desquitar cada segundo de ellas.
Para variar, hoy también voy a ser breve (si es que puedo llegar a permitirme ser tal cosa) porque tengo que preparar una presentación de negocios para mañana. Es bastante interesante el hecho indubitable de que por haber dicho que mi pasatiempo es escribir y que pienso dedicarme a la traducción de manera más o menos profesional, la maestra me carga toda la mano al hacer el trabajo, de manera que al momento de solicitar voluntarios para el primer lugar a hacer la dichosa presentación de negocios, su frase exacta (traducida al español para su comodidad) fué: “¿Quién se ofrece como voluntario para iniciar? Tú, Güilermo, primero. ¿Alguien más?” Yo no moví ni un músculo, ni para respirar siquiera, a pesar de lo cual fuí el elegido por la diosa fortuna. Oh, bueno, no es como si fuera el fin del mundo, pero me hubiera gustado haber podido decir así con arrojo y valentía, quedando como héroe en el proceso: “Oh, bien, yo lo haré.” En las otras clases puedo, pero aquí no. Aquí soy el primero por default. Lo bueno, Imelda, es que no puedes leer mi amarga diatriba por dos importantes motivos: el penúltimo es que no te he dicho que escribo un blog, el segundo es que si te lo digo seguramente me haráas transcribirlo todo al inglés como tarea.
Sí, sé lo que más de alguno debe de estar pensando: “obtienes lo que querías, ¿de qué te quejas?” Ése no es el punto; lo que discuto es la libertad de elección del individuo. ¿Qué tal si un día se me antoja crear un incomodo silencio en el salón simplemente por negarme a responder una pregunta? O peor aún, ¿qué tal si se crea el incómodo silencio por no haberme dado por enterado de que se me preguntó algo? En otras palabras, ¿qué pasará el día que me apendeje?
¡O, tempora, o mores, o jetes, ora de ponerme a trabajar!
