Raindrops keep falling on my head
Y nunca mejor dicho. Llueve en Vancouver y yo veo llover sin mojarme, pero con el frío que hace el café se enfría tan rá¡pido que ni siquiera se puede saborear. Eso, o mi cafetera es una porquería, y me inclino a lo segundo.
De cualquier manera hoy es un día nublado y sin sol. Tan aburrido estaba que hice mi tarea, algo que, como pueden atestiguar muchos de mis antigüos compañeros de escuela, no hacía desde hace una cantidad de años importante. La cifra más representativa sigue siendo “un chingo.”
Además, mañana tengo examen, lo cual implica que habrá un inútil derramamiento de sangre. No es tan problemático de cualquier manera. Tengo la impresionante habilidad de llegar a los resultados correctos sin saber cómo, cuándo ni por qué, lo cual me ha salvado en bastantes ocasiones. Además el nivel es inferior al que realmente tengo, lo cual no impide que aprenda una impresionante cantidad de cosas, cifra que de nueva cuenta puede ser representada con el término “un chingo.” Lo más impresionante es que he logrado subir mi velocidad de lectura a 400 palabras por minuto en inglés. Como referencia, en español leo 950 palabras por minutos. y para mayor referencia, escribo 30 palabras por minuto en inglés mientras que llego a 110 palabras por minuto en español.
Por supuesto que trabajar con lenguaje de negocios facilita las cosas. Casi todo es en presente simple, presente perfecto, presente continuo, pasado simple, pasado perfecto y arameo antiguo, lo cual me permite saber que lo único que sé es que no sé nada.
Por cierto, acabo de notar que el pueblo está en total silencio, como si hubiera muerto alguien… y es que los Canucks perdieron 1-4 contra los Patos de Anaheim. Retomamos nuestra programación normal…
Cosas interesantes pasan en este país. Ontario, por ejemplo, acaba de prohibir la venta de focos incandescentes de alto consumo de energía. Bajita la mano, habrá qué cambiar 87 millones de focos y se ahorrarán unos seis millones de megawatts/hora al año, suficiente para proporcionarle energía a medio millón de hogares canadienses.
Esto viene a colación porque se fundió el foco de mi cuarto, el cual reemplacé por uno ahorrador sin avisarle a Frank. También viene a colación porque a media cuadra de mi execrable cuchitril sacrosanta residencia se encuentran las oficinas de Hydro BC, la agencia de energía hidroeléctrica de Columbia Británica. Y las oficinas cuentan con un reloj de agua.
Un reloj de agua que lanza un chorro del vital y gélido líquido una vez cada 15 minutos. Al mismo tiempo que el reloj de Gastown lanza sus correspondientes chorros de vapor. Eso sí, no he podido grabar al cañonazo de las 9. Tal vez cuando encuentre un departamento.
Mientras tanto, aquí ya es hora de dormir. Un saludo.
