Here, have a drink.
No tengo tiempo para escribir una entrada corta, así que se contentarán con esto.
Hace unos minutos llegué de un bar. Un pub, para ser exacto, al má¡s puro estilo canadiense. Lennox, el lugar, es muy agradable, y la cerveza estaba muy buena. Porque, al contrario que muchos lugares en esta tierra de gente rara y solitaria (algo que viniendo de mí es mucho decir) la cerveza estaba fría. Pero empezemos por el principio.
Hoy me llamaron de la sección de pagos de la escuela. Querían saber si tenía listo mi permiso de trabajo. por una de esas casualidades que las personas finas y educadas llaman serendipias, yo traía mi pasaporte y mi visa a la mano. Además hoy tuve examen. Y obtuve 100 puntos de 100 posibles, lo cual no es algo que me enorgullezca. También alcancé las 450 palabras por minuto en lectura, lo cual tampoco es algo que me enorgullezca porque sé que puedo leer más rápido. Y salí de clase con media hora de anticipación. Pero para chingarla de acabar, hoy está lloviendo. Nótese la modalidad operativa del verbo “estar”: “hoy está llviendo.” No “Hoy estaba lloviendo” ni “Hoy llovió” sino “hoy está lloviendo.” Porque inició a eso de las 5 de la mañana y continúa lloviendo hasta este momento, en que mi reloj marca las 8:05. Así que a medio día no tenía yo ganas más que de llegar a mi chiquero residencia y deprimirme, viendo llover pero sin mojarme.
En cambio, siguiendo la racha de buena suerte que continúa la serendipia, me encontré con un par de compañeros que se largan del país (suertudos) y me invitaron a su pachanga de despedida (o farewell party, que le dicen en inglés) para mañana en la noche. Y acepté. Y para seguir con la serendipia, decidí reunirme con un par de compañeros que necesitaban comprar algo, uno, recoger algo la otra. Y como no había nada qué hacer, los acompañé. En el camino a mi compañera se le ocurrió que fuéramos a beber algo (díganlo en inglés: to have a few drinks), y el trío encaminó sus pasos a Lennox, un interesante pub en la esquina de Granville y Robson que recomiendo ampliamente.
Lennox es un bar de los de antes pero moderno. Dentro está calientito, sin caer en excesos. Uno puede estar en mangas de camisa sin problemas, o dejarse puesto el suéter sin peligro. Puede uno sentarse en la barra, o en una mesa. Nosotros elegimos una mesa por la sencilla razón de que queríamos charlar un rato.
Y como eso de charlar en un bar sin beber algo es una estupidez, cada quién pidió una cerveza diferente. La mía, Russell Cream Ale, es una maravilla de cerveza: suave, oscura, con cuerpo. Una maravilla, y además, helada, a la temperatura adecuada para que la cerveza refresque sin enfriar y su sabor sea el adecuado. Y además relativamente económica. Aunque en México no pensaría nunca en beberme una cerveza de 6 dólares, aquí el precio es bastante adecuado por el valor, cantidad y calidad del vital líquido.
Por supuesto, ya que estábamos ahí, había que botanear. Y dado que nadie conocía la palabra exacta en inglés, decidimos simplemente pedir un par de platillos y compartir. Y no estuvo nada mal. Uno de ellos, chicken tender with fries, que no es otra cosa que tiras de pechuga de pollo empanizada con papas fritas a un lado, estaba bastante bueno. Y aquí debo abrir un paréntesis.
Quien me conoce de mucho tiempo sabe que por regla general me niego a comer la carne de un animal inocente, lo cual para mí equivale a un animal que no me puede matar en una batalla cuerpo a cuerpo. De esta manera, no como ternera, pero no tengo problemas con comer res. No como sardinas ni anchoas, pero no tengo problemas comiendo atún (esos animales son enormes). No como lechón pero no tengo problemas con el cerdo. Y no como cordero pero no tengo problemas comiendo carnero. Pero el pollo no me puede matar en un mano a mano. ¿O sí? ¿cómo solucionar ese dilema y devorar a los apetitosos triángulos que estaban ahí, viéndome a los ojos, diciéndo “cómeme”?
Con la gripe aviar, por supuesto.
Gracias a la gripe aviar, un pollo me puede matar. Así que acabé con el pollo antes de que el pollo acabara conmigo. Y también acabé con las tiras de apio y de zanahoria, que ya hace un buen rato que no podía obtener dichos vegetales sin procesar.
Entre trago y trago se acabaron las cervezas. Y como habíamos pasado un rato agradable y era demasiado temprano como para ponerse a beber como cosaco, y lo que es peor, había que prepararse para la pachanga de mañana (que en realidad son dos, una comida y una fiesta), nos despedimos y cada quién para su casa.
Como es evidente, no voy a revelar el contenido de la conversación que sostuvimos las tres partes involucradas. Pero básteme decir que nos conocimos más profundamente en la hora y media que estuvimos juntos que en mes y medio de conocernos en la escuela, lo cual me agrada. Porque en esta ciudad en que hay tanta gente rara, en que todos son diferentes y a la vez todos son iguales, uno aprecia mucho las amistades que se hacen en esta ciudad.
Por eso voy a ir a la fiesta de despedida de mi compañero. Porque aunque apenas llevamos mes y medio de conocernos, nos tenemos aprecio. Y ese aprecio nos lleva a la amistad, y la amistad es algo muy valioso en una tierra extraña.
Al final, cuando todos regresemos a casa, irónicamente lo que más extrañaremos de esta ciudad será a los extranjeros que conocimos aquí.
¡Salud, muchachos! ¡Salud, larga vida y prosperidad!

No comer animal que no me pueda matar cuerpo a cuerpo. Parece una buena razón, pero ahora me queda por averiguar si me puede matar un perrito chihuahua y saber si realmente soy capaz de matar a un pollo en plena lucha. V it is, then. Quod licet nobis non licet bovi
Que no te quede la menor duda: un chihuahua te puede matar, con el simple procedimiento de ingerirlo de un solo bocado. Lo más probable es que se te atore en la garganta…