On the road again.

De todos los personajes que hicieron historia en América del Norte, creo que el más emblemático serí­a John Deighton, mejor conocido como Gassy Jack.

La historia de Vancouver como ciudad tiene sus orí­genes en épocas más bien recientes. Todo comenzó con un capitán de un barco del rí­o Fraser que, cansado de su vida en New Westmincer, se mudó junto con su familia a un lugar olvidado en la Columbia Británica. El Capitán John ‘Gassy Jack’ Deighton fue el primer poblador oficial de lo que con el tiempo habrí­a de evolucionar a Granville y posteriormente a Vancouver.

Corrí­a el año de 1867 cuando Deighton levantó un salón en medio de la nada en cerca del Stamp’s Mill. Los trabajadores de este aserradero tení­an en ese tiempo dos opciones. O trabajaban o se iban a dormir. No habí­a nada cerca y el bar más cercano, en New Westminster, era propiedad de Jack. Como el bar no era buen negocio, y además su socio habí­a metido la pata en una inversión y lo habí­a dejado en bancarrota, en la más negra de las inopias, total y absolutamente quebrado, sin dinero, vaya, Jack se llevó sus cosas y un barril de whisky al aserradero.

Cuenta la leyenda que un dí­a Jack llegó a la salida exacta de los terrenos del aserradero, en la ensenada Burrard, plantó su barril de whisky, se subió a él y apeló a la buena voluntad de los ciudadanos para hacerse de un patrimonio. Más o menos les dijo:

Señores, estoy enterado de que no tienen un lugar dónde reposar y descansar de sus largas y extenuantes labores. Y lamentablemente, yo estoy aquí­, un pobre regente de saloon sin un saloon. Nuestras situaciones, por tanto, son parecidas. Les ofrezco un trato. Si ustedes, hombres fuertes y hábiles, me ayudan a construir un lugar dónde pueda venderles whisky, yo me comprometo a dejar que ustedes beban lo que quieran y puedan del contenido de mi barril, sin cobrarles nada a cambio. ¿Qué dicen? ¿Tenemos un trato?

Y tuvieron un trato. La leyenda dice que en cosa de un dí­a el saloon estaba completo y los trabajadores del aserradero se pusieron hasta las orejas de whisky. Nunca tantos tuvieron tantos problemas para trabajar al dí­a siguiente.

El saloon no era más que una vil cabaña de 12 por 24 pies de madera sin pulir, pero bastaba para protegerse de los elementos. A la salida de la cabaña habí­a un árbol de arce, en el lugar que ahora es Maple Tree Square y donde se alza imponente la estatua de Jack Deighton trepado en su barril. Estábamos en 1867. En ese entonces, Deighton escribió en una carta que ese lugar era

“A lonesome place when I came here first, surrounded by Indians. I care not to look outdoors after dark. There was a friend of mine about a mile distant found with his head cut in two. The Indian was caught and hanged.”

que traducido a la lengua de Cervantes quiere decir:

“Un lugar desolado cuando llegué aquí­, rodeado por indios. Tengo cuidado de no mirar afuera cuando oscurece. Tení­a un amigo que viví­a a una milla de distancia que fue encontrado con su cabeza cortada en dos. El indio fue capturado y colgado.”

Jack el Gaseoso (en aquellos tiempos, “gassy” querí­a decir “hablador”) llegó a Luck-Lucky desde New Westminster en una canoa, junto con su familia, compuesta por su primera esposa, su primera suegra, y un primo de su suegra, que era el encargado de remar. La reputación de gaseoso de Gassy Jack era bien merecida. En los archivos histéricos históricos del Vancouver News Advertiser de 1888 un tal “Ancient Mariner” escribió un par de cartas, en las que dice que

“At some future day when Vancouver becomes the emporium of the Pacific shores, the name of the first permanent settler will be sought out by historians and given a name as great as that for which many thousands have ventured limbs, lives and fortunes. Yet the already-locally famous Gassy Jack never sought for fame, nor had he the least atom of hero about him.”

En un futuro dí­a cuando Vancouver se convierta en el emporio de las costas del Pací­fico, el nombre del primer residente permanente será alabado por los historiadores y le darán un renombre tan grande como el de aquellos millares que aventuraron miembros, vidas y fortunas. Pero el ya localmente famoso Jack el Gaseoso nunca buscó la fama ni tení­a el más mí­sero átomo de héroe.

Ah, la satisfacción de un trabajo bien hecho…

¡A la memoria de Gassy Jack! ¡Salud!

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Article by V

Un mexicano viviendo, estudiando, trabajando, caminando y conociendo las húmedas tierras de la Columbia Británica. Read 265 articles by V

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