Algunos de ustedes habrán notado que he estado haciendo ejercicios de traducción. Entre otras cosas, el buen Manuel comenta que mis traducciones apestan. En realidad dice que
He visitado sus ejercicios de traducción junto con otras entradas donde practica tal cosa y siento que me han enseñado muy mal el inglés o que usted gusta de matar los chistes y el sentido lógico de los mexicanos en sus actos de traducción. Como sea, continúe.
El resumen es clarísimo: la traducción apesta. Aunque como defensa, y en un absurdo ataque ad hominem, debo decir que su inglés suyo de usted también es inadmisible, mi estimado amigo. Se dará usted cuenta cuando venga a pasar una temporadita a Canadá, no en plan de turista sino en plan de estudios.
Pero sí, efectivamente, la verdad es clara y el dictamen inapelable: la traducción apesta. Un traductor siempre será un personaje vilipendiado y odiado. Y la culpa de ello no la tienen los traductores sino los autores. Y me explico.
