Electric chic chicky chick
- Perpetrado por: Quoth
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Ritmo raro para el artículo de hoy, en el cual voy a describir la hora de la lavandería de ayer, la cual fue, por decirlo de una manera fina y educada, extraña.
Su nombre es Penelope, y todo mundo le dice Penny. Ella dice que lo vale. Es canadience de pura cepa, nacida en un pueblo del norte muy al norte donde siempre hacía frío. Se mudó a Vancouver hace tres años con 100 kilos de peso y al verla ahora, pesando ligeramente arriba de 50, uno se pregunta si la verdad es esta ciudad la que lo hace adelgazar o es la mala vida que nos damos los habitantes del Marble Arch. La verdad sea dicha, se ve bastante bien la chica, que es bastante chica a sus 19 años y metro sesenta y cinco de estatura. Está a punto de entrar a la Simon Frasier University, y no ve la hora de que inicie el año escolar para mudarse al campus.
Yo no sé si la vida en las calles o en el Marble Arch la afectó, porque Penny no se puede quedar quieta. Y eso lo noté porque durante el tiempo que estuvimos lavando la ropa (”haciendo la colada” dirían en España). Empecemos desde el principio.
Dado que mis sábanas habían quedado con un delicado aroma a pesticida, decidí lavarlas junto con la ropa sucia acumulada, en cantidad suficiente para una carga de la lavadora. Me llevé el libro que estoy leyendo ahora (”Dirk Gently’s Holistic Detective Agency” de Douglas Adams) y mientras la lavadora lavaba y el lector leía, el tiempo pasaba. Cuando comencé a secar llegó Tessie, que está convencida de que todo tiempo pasado fue anterior, y me contó algo sobre su habitación, para luego irse a encerrar en ella. La lavadora dejó de lavar y la ropa fue transportada a la secadora, que comenzó a lavar mientras el lector seguía leyendo y el tiempo seguía pasando. Yo ya comenzaba a pitufar sobre la inmortalidad del cangrejo cuando llegó Penny, moviéndose como si trajera una trucha viva en el pantalón. “Hi…” fue lo que dijo. “Hi…” respondí yo. “Um, may I use the washer?” volvió a decir ella. “Certainly” volví a responder yo. Y a partir de aquí traduciré todo al castellano por si alguno de ustedes no tiene idea de lo que dije.
Penny comenzó a colocar su ropa en la lavadora, moviéndose como si fuera a perder el equilibrio en cualquier momento, y más parecía que estaba haciendo ejercicio que simplemente echando garras a la lavadora. “Ayer me fui con unas amigas a un bar,” me informó, así como quien no quiere la cosa mientras batallaba para voltear al derecho un pantalón de mezclilla. Una persona normal pensaría que la niña todavía andaba hasta las manitas, o por lo menos con una cruda de esas en las que las sombras se sienten… pero no: la he visto en otras ocasiones y siempre se ha movido así. “¿Cual fue la celebración?” pregunté, simplemente para que no me tomara como un maleducado. “Que cumplí 19 años.” Mayoría de edad en British Columbia. Si a alguien se le ocurre un mejor motivo para celebrar, que me diga porque a mí no se me ocurre otra.
“Aunque mi cumpleaños fue en marzo.” Bueno, ya encontré el motivo…
La secadora seguía secando mientras Penny trataba de poner en marcha la lavadora con escasos resultados. Porque apenas se animaba a introducir la tarifa en la ranura correspondiente, abría la lavadora y sacaba algo para volverlo a revisar. Ya había sacado dos monedas de 25 centavos y un boleto de camión de un par de pantalones y una blusa cuando finalmente echó todo y activó la lavadora, poniendo el ciclo de lavado con agua caliente.
Lo cual no deja de ser irónico en esta lavadora, porque… la toma del agua está conectada al grifo del agua, que a su vez está conectado a una llave permanentemente abierta que despacha agua fría a las tomas de agua fría y caliente de la lavadora. Es decir: no importa el ciclo de lavado que uses, el agua siempre será agua fría.
Mientras Penny se movía cual pollito eléctrico (bastante corriente) yo permanecía sentado en mi silla tratando de averiguar si había alguna frase en inglés que tuviera el equivalente de “tienes chinicuiles en el rabo,” llegó Magda, que es otra más de los habitantes del segundo piso que vienen a lavar al primero, y me preguntó si iba yo a seguir lavando, tras lo cual dije “Yo no, pero ella sí,” mientras hacía una seña discreta en dirección a Penny, que estaba muy ocupada tapando el detergente. Magda repitió la pregunta y Penny dijo, “sí, una más,” tras lo cual Magda dijo “Buff…” y se marchó con su música (y su ropa) a otra parte. La secadora seguía secando, mientras la lavadora seguía lavando, yo seguía leyendo y Penny se seguía moviendo. Y comenzó a hablar.
Tratar de seguir la conversación en inglés ya era bastante difícil por el ruido de la lavadora y la secadora (que seguían lavando y secando al unísono) y se complicaba todavía más porque Penny habla en voz muy baja. Entendí algo hacerca de que vivió en el norte de la columbia británica hasta que se cansó del frío y vino con una tía o algo así, qu se enojó con la tía y que se fue a vivir a las calles, y que en las calles se las arregó para juntar dinero, y se vino a vivir al Marble Arch en Marzo, justo a tiempo para iniciar su trabajo en un A&W (supongo que se encarga de hacer milkshakes, o sea malteadas…) y pedir un préstamo para comenzar a estudiar. Exactamente qué quiere estudiar, no tengo idea, pero como el sistema universitario aquí es plenamente abierto, lo mismo da que estudie bioquímica que ingeniería, si en una de esas se puede meter a una clase de paleontología nada más para ver qué hay de nuevo. Luego me explicó que cuando llegó aquí pesaba 100 kilos y ahora ya sólo pesaba 50.
La lavadora casi terminaba de lavar cuando me dijo “¿Puedes vigilar mis cosas?” a lo cual respondí con un alegre “Yeah…” y Penny se fue, arreglándoselas para no golpearse con la puerta al salir. Y regresó con un libro y una foto suya donde efectivamente estaba más inflada que un globo de helio, “Y nada más tenía 14 años,” acotó. Es la ciudad, no me quedan dudas.
La secadora seguía secando cuando la lavadora ya había dejado de lavar, así que Penny colocó su ropa húmeda sobre la secadora y el resto de su ropa limpia en la lavadora, y repitió el desesperante proceso de buscar en cada bolsa de cada blsa, short, falda y pantalón. Y entre todas las piezas ni siquiera se juntaban 10, caray… Como sea, la cosa es que se las arregló para no dejar que el jabón se le tirara, para que el cigarro que traía sobre la oreja no se le cayera, y para no tropezarse con las chancletas rascuachas que traía puestas. Y para encontrar el loonie y el cuarto que activaría la lavadora, esta vez a la primera. “No me gusta lavar mi propia ropa,” dijo ella, “me gustaría más bien que alguien me pagara para lavarla. Pero qué más puedo hacer…” Interesante filosofía, sin duda alguna.
La chica, entonces, procedió a sentarse en el suelo y a decir que la pérdida de peso le había provocado estrías y sus amigos hacían burla de ella, preguntándole cuántos hijos había tenido ya.pero ella se lo tomó con buen humor y dijo que había tenido uno, y que la historia estaba en la biblia, y sus amigos habían dejado de preguntar imbecilidades. A continuación me miró y me preguntó si me gustaba la poesía, porque en el libro que estaba leyendo venía un poema que a ella le gustó. “¿Y qué libro estás leyendo?” pregunté, temiendo la respuesta. “Caldo de pollo para el alma,” respondió ella. Me leyó el poema, que no entendí porque en ese preciso momento la lavadora comenzó a centrifugar. Me limité a decir “No he leído ese libro.” Un poco después, mientras Penny se sentaba en la silla que yo había dejado vacante, yo me dedicaba a acomodar la salida de aire caliente de la secadora, que se había soltado y estaba calentando en demasía la habitación. Me las arreglé para hacer una reparación que Magyver hubiera aprobado (usé un chicle para pegar el tubo de escape al agujero correspondiente en la ventana) y un par de minutos después la secadora dejó de secar. Saqué mi ropa, mis sábanas y lo demás, y metí todo a mi maleta mientras Penny escribía algo en su libro.
“Me voy, mi niña,” le dije. La frase exacta en inglés fue “I’m leaving, my child.” Paralelamente le ofrecí dos hojas de suavizante de telas. Penny las tomó, me agradeció, y me dijo que me veía después. Yo me fuí con mi música a otra parte y Penny se quedó moviéndose y leyendo mientras la lavadora lava y la secadora secaba.
Un rato después salí a comer algo, porque eso de consumir exclusivamente ramen no me agrada mucho, y Pennyseguía en el cuarto de lavado, dormida en su silla, con el libro a sus pies, la secadora secando y la lavadora ya sin lavar. “Despierta…” dije, sin esperar respuesta, “la lavadoras ya terminó.” “I’m not asleep,” dijo ella, “just sleepy…” Curiosa frase para decir que no estaba dormida, sólo adormilada…
Qué vida esta…
Publicado el 22/06/2007, a las 12:12:22 am.
Categoría: Vancouverian life
En nuestro capítulo anterior: « Pest control »
A continuación, en Guanatinghamshire « A truck in the façade »
