Let’s walk a while…

Escrito y publicado por Quoth el 29/06/2007, a las 04:46:43 am, 1183106803 segundos Unix, hora Swatch 407. Comentar

Tal como informara ayer, un café terminó por arruinar mi teclado. Para mi fortuna, el teclado de mi portátil es totalmente independiente; el café terminó por pegar unas cuantas teclas y no tengo las herramientas necesarias para abrir el teclado y lavar el kevlar donde se alojan las pistas de los circuitos que conforman la estructura interna de mi teclado. Ah, bárbaro, hoy estoy más técnico que de costumbre…

La cosa es que mi teclado ya no funcionaba tan bien como debería funcionar. Al presionar enter también se presionaba la diagonal, y al presionar la ele se presionaba también el acento. Y al presionar el acento se presionaba también el corchete cerrado. Así que decidí comprarme un teclado nuevo, y para ello, apelé a dos fuentes de información confiables: el diario Metro News y el diario 24 Hours. ¿Por qué? Hombre, porque son gratuitos y tienen anuncios, de los cuales alguno podría tener la solución a mis preguntas, ya que no pienso consultar las Yellow Pages. Así pues, tomé el Metro y leí que Translink va a aumentar el precio de los pasajes y la gente está enojada por eso. Nada nuevo bajo el sol. Bajo las nubes, puesto que está nublado en Raincouver. Y venía un anuncio en el cual se decía que una tienda llamada MDG tenía rebajas.

Así que allá va V.

Decidí caminar, porque me hacía falta caminar. Realmente, porque no pensaba pagar ni un cuarto a los camiones vancouveritas a menos que fuera realmente necesario. Tomé la calle Cambie, crucé el puente Cambie, y seguí por la calle Cambie. La calle Cambie estaba en reparaciones permanentes, ya que están construyendo la línea Canada del Skytrain, lo cual implica que hay un desbarajuste mayúsculo. Hagan de cuenta Guadalajara, pero en lugar de tambos amarillos aquí hay tambos anaranjados. Seguí caminando por la calle Cambie, y seguí caminando, y seguí caminando, y luego caminé un poco más. Y entonces, mientras veía que las avenidas iban cambiando de nombre y yo seguía en las mismas, saqué el anuncio y me fijé bien en qué calle estaba yo y en qué calle debía estar. Decía el anuncio que debía llegar a la calle South West Marine Drive, y yo andaba por la avenida 33. Ya andaba yo bastante cansado, porque eso significa que había caminado 33 cuadras, lo cual, con un promedio de 100 metros por cuadra, implica 3300 metros, es decir, 3 kilómetros y fracción como mínimo. Decidí continuar.

Llegué a la calle 49, y de pronto apareció un centro comercial de la nada. Grandote el desgraciado. Pero decidí continuar. Había que llegar hasta la maldita calle Marine, y la calle Cambie estaba toda de subida. Pero entonces llegué a la calle 51. Y mi vida cambió porque todo estaba de bajada. Y comencé a bajar.

La calle 61 apareció, seguida de la 63 y la 67. Yo ya pensaba en renunciar a la tarea y regresar a mi catre mullido lecho, tomarme un par de pastillas de chiquitolina y descansar mis pies, pero si ya había llegado hasta aquí, era una pena no llegar hasta el final. Así que seguí adelante. Y entonces, en toda su gloria y magnificencia, apareció. La calle Marine Drive. South East Marine Drive.

Y era hora de buscar hasta dónde South East se convertía en South West. Así que caminé en dirección al oeste. Las cuadras pasaban como pasan todas las cuadras. Las provincias comenzaron a desfilar, con la calle Ontario, Quebec, Manitoba, Prince Edward Island, Yukon… y de pronto, el nombre de la calle había cambiado de South East a South West. Y no me fijé cuándo. Pasé por un megacentro comercial, y súbitamente los números de los negocios comenzaron a tener sentido. El 580 apareció ante mí, y resultó ser una tiendita de morondanga.

Pero bien surtida, debo decir. Había un buen número de computadoras y laptops, aunque todas escapaban de mi escaso presupuesto. En cuanto a los teclados, que fue lo que fui a buscar, lamentablemente estaban muy caros. Demonios. Pagar 80 dólares por un teclado no era algo que quisiera hacer. El más barato costaba 40 dólares. Me marché resignado, con la cabeza baja, con dirección al norte. Tomé la calle Fraser.

Empecé a subir, lenta y penosamente, quitando kilómetros de la cuenta. Hasta que llegué a la calle 53 y de pronto los letreros cambiaron.

Ya no estaban en inglés, sino en Punjabi, que es uno de los idiomas oficiales de la India. Estaba yo en Punjabi Market, así, como quien no quiere la cosa, y había hindúes por todos lados. Tiendas y tiendas de ropa hindú, restaurantes y restaurantes de comida hindú. Y continué. Entonces llegué a la calle 49 y comencé a bajar. El paisaje cambió, de la misma manera qne que cambian las ciudades grandes. De pronto el área se llenó de tiendas de conveniencia, luego de casas, luego de más tiendas de conveniencia, y luego de tiendas comerciales. Cuando me dí cuenta ya había llegado yo a Broadway, que no es una calle con muchos teatros, sino una calle comercial que yo ya conocía. La seguí en dirección a Cambie, porque no tenía ganas de cruzar Strathcona a pie con tanta construcción que hay por ahí, y llegué a Cambie. Y entonces me acordé.

¡Best Buy! El Best Buy donde trabaja mi doppelganger está en la segunda y Cambie. Y allá fuí, cansado, muy cansado, y sediento, y hambriento, y con 18 kilómetros recorridos. Entré a la tienda, y sin decir ni pío, me dirigí a la zona de accesorios. Lo mismo que en MDG: teclados caros y carísimos (¡hay un teclado de 180 dólares!) pero, como siempre hay un pero, había un sitio donde uno puede confiar que habría una oferta: la pila de descartados. Cuando algo no se ha vendido bien, en Best Buy lo ponen en una mesa y lo etiquetan a la baja: pues bien, ahí estaba, mirándome con ojos de “Tu quoque, fili mei” y entonces me fijé en la etiqueta. 20 dólares. Un teclado grande, no como el que tenía anteriormente, pero con concentrador USB integrado, y lo mejor de todo: diseñado especialmente para juegos. El sistema estaba que ni pintado. Si hubiera estado en español hubiera estado todavía mejor, pero no lo estaba. Tampoco me importa mucho, cuando uno es tan genial como lo soy yo (hoy ando bastante modesto, como verán) las pequeñas molestias se transforman en grandes ventajas. En mi caso, programé el teclado para que acepte inglés internacional, lo que me permite ingresar los caracteres acentuados simplemente presionando una tecla.

Pagué, sin detenerme en nada más, y regresé a casa. Antes, por supuesto, me alimenté. Decidí llegar a comerme un buen plato de donair, que es como carne al pastor, pero al estilo griego y con ensalada griega para que amarre. Con un poco de salsa mexicana sería como estar en casa otra vez. Un par de pastillas después, ya estoy aquí, estrenando mi teclado y trabajando de nueva cuenta feliz y contento. Creo que me voy a quedar con este teclado. Es la novena maravilla del mundo (la octava es el pan de caja).

Saludos cordiales.

V.

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2 comentarios

Edith y Alex
29 / 06 / 07 a las 1:56 pm

bueno ahi me avisas de un smartphone casi que sea el ultimo en tecnologia. y de todos modos no quito el dedo de un iphone y ver si funciona en mexico. estamos en contacto. gracias cuidate


 
susy
29 / 06 / 07 a las 7:30 pm

Ah que Memo, y todo por un cochino cafe verdad…

Cuidate mucho y echale ganas…


 
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