What’s life without choice?
Hay anuncios y anuncios, algunos más anuncios que otros, que son menos comparados con los que son más. El anuncio de esta semana es que el precio del transporte público va a subir.
En enero del próximo año, pero va a subir a dos dólares y cincuenta centavos. El boleto para tres zonas costará cinco dólares, y el de dos zonas costará tres y medio. El aumento tiene descontenta a una parte importante de la población, que es aquella que tiene que pagar el transporte que proporciona Translink. Como ventaja, dicen los que saben, el boleto funcionará por dos horas en lugar de 90 minutos. Sin embargo, todavía falta que lo aprueben. Aparentemente hubo un par de personas que se ópusieron al aumento: el alcalde de Port Moody y el directore de Translink. Qué cosas.
Pero bueno. Hoy es viernes 29, y mañana será sábado 30. Día de Jazz en Granville Island. Y el domingo, es 1 de julio. ¿Y qué se celebra el 1 de julio? Canada Day, but of course! Y también es la inauguración del Mundial de Futbol Sub-20, y yo estaré ahí para reportarlo. Espero.
Como el O Canada Day cae en domingo, los muchachones canadienses recibieron el lunes para descansar. Éste es un puente largo que mucha gente aprovecha para emborracharse a grado tal que la policía detiene a los conductores que tienen más de 0.08mg/l de sangre en su torrente alcohólico.
En fin. Pasando a otro tema, les informo que me he mojado. Tal y como ya he dicho, en Raincouver llueve mucho. Iba yo caminando por el puente de Brooklin Londres Granville cuando empezó a llover. Primero unas gotitas, avisando que iba a llover con ganas. Pensé en regresarme, pero ya estaba yo a la mitad del puente y no me convenía regresar. Y entonces se soltó el aguacero.
Y yo sin paraguas.
Con chaleco y gorra, pero sin paraguas. Mi camiza azul claro que tanto me gusta se convirtió de pronto en una camisa azul oscuro, que me gustó mucho cómo se ve pero que no era precisamente lo correcto. DDecidí disminuir un poco la velocidad para emplear el truco con el cual el agua rebota en la cabeza y en los hombros, sin mojarme la espalda o las piernas… y el viento se solt.
De frente.
Así que no importaba a qué velocidad caminara, igual me iba a empapar. Me cerré el chaleco para evitar problemas posteriores y continué caminando. Y justo cuando llegase al fin del puente… dejó de llover.
Ni modo. Así es la vida en esta húmeda ciudad.
Caluros saludosos.
V.

Auch.
Vaya suerte, caray.
Lo de diario en esta ciudad. Pero el jazz valió la pena.