Where have you been?

Perdonarán ustedes que no haya publicado gran cosa en estos últimos días, pero es que me enfermé.

No tengo idea de qué, ni por qué. Desconozco la razón, motivo o circunstancia por las cuales este humilde aporreador de teclas tenía vómitos, mareos y ganas de tejer chambritas fiebre y dolores de cabeza tan grandes que parecían dos. Al principio pensé que era la cruda de una borrachera anterior, pero lo dudo porque desde el domingo pasado he estado sobrio. Pensé achacarlo a algo que comí, pero en ese caso hubieran sido dolores de estómago y la verdad lo mío iba mucho más allá de eso. Repasé entonces la lista de lugares donde estuve paseando, y en ningún lugar había un riesgo elevado de contagio. Vaya, todavía si hubiera visto a un león o a un rotario, o por lo menos a un masón, pero ni por esas. El lugar más concurrido que visité fue la biblioteca pública, no me acerco al skytrain ni a los autobuses y voy caminando a todos lados. No como en lugares que se vean sospechosamente sucios ni aún más sospechosamente limpios, y prefiero cocinar yo a que alguien cocine por mí. Mi único sospechoso es la dona rosada modelo Homero Simpson que me comí.

La cosa es que me enfermé. Estaba yo en Vancouver, con cómodos 27 grados de temperatura ambiente, sudando frío y con más frío aún. Por primera vez desde hace dos meses volví a taparme con todas las cobijas, con equipo completo de supervivencia térmica y con la cafetera a mi lado preparando ese brebaje que mientan café para calentarme desde el interior. La ventana cerrada, la tele apagada, el ipod encendido (para escuchar música, por lo menos) sin ganas de moverme porque sentía que me caía de la cama, la cual además me daba vueltas. Estaba yo pensando que donde hoy no me pudiese levantar marcaba al teléfono del seguro médico para que enviaran a un caro doctor vancouverita a mi puerta. Los únicos medicamentos que me permití ingerir fueon ácido acetilsalicílico, paracetamol y acetaminofén. Pero por fortuna algo, presumiblemente mi sistema inmunológico, se encargó de eliminar al invasor sin necesidad de medicamentos caros y tratamientos aún más caros, por lo cual logré levantarme hoy, aún con el apetito disminuído pero listo para la batalla, siempre y cuando yo me quede en las barracas y no vaya al frente.

En fin. Que sirva esto como advertencia a las futuras generaciones: a las paredes de mi cuarto les hace falta una mano de pintura.

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Article by V

Un mexicano viviendo, estudiando, trabajando, caminando y conociendo las húmedas tierras de la Columbia Británica. Read 265 articles by V

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