Nice race, indeed…

Se ha celebrado ya el Tour de Gastown. Como suele suceder en estas ocasiones, aquí su seguro servidor de ustedes metió la pata hasta las orejas y se llevó la cámara a la carrera… sin baterías y sin tarjeta de memoria. Carajo.

Por cierto, si encuentran que los artículos anteriores tienen poco orden y concierto es porque los subí con anterioridad desde un lugar con acceso a internet gratuito (la biblioteca pública) y no tuve tiempo de acomodar las fechas de publicación. Todo ha regresado a la normalidad ahora, espero.

Me limitaré a decir que esta parte del pueblo tuvo bastante más concurrencia de lo que esperaba. Es decir, si yo esperaba a un chingo de personas, en realidad había dos chingos, uno a cada lado de la ruta. Los policías se las vieron negras para controlar al montón de pediches que gritaban a coro “Gimme your spare change!” mientras los voluntarios se las veían negras tratando de entender los novecientos millones de lenguajes y acentos que se hablan en estas húmedas tierras, en especial cuando llegan turistas. Aunque todo seguía más o menos como lo esperado.

Obvio es que lo importante de la carrera ciclista eran los ciclistas. Ésto tiene su lógica, que no es como en las exhibiciones de automóviles, donde lo importante de la exhibición son las chicas guapas que distraen al público sobre el hecho de que el auto impresionante que parece locomotora, más que kilómetros por litro, ofrece centímetros por litro. Aquí, lo importante eran los ciclistas. El circuito recorrió las calles de Gastown y de los barrios aledaños. Para ofrecen un ambiente seguro, la policía preparó barricadas a base de elementos vestidos de azul en los puntos conflictivos del East End y le dieron una manita de gato a la zona. Como resultado, si bien sólo quedaron las molestias de diario pidiendo cambio, por lo menos los tipos enojones no estuvieron jodiendo.

Los voluntarios, vestidos todos con su camiseta de “Volunteer Tour de Gastown 2007″ para que fuera fácil reconocerlos, auxiliaban, o por lo menos intentaban auxiliar, a la ciudadanía y fauna visitante que nos arremolinábamos en las calles. Era fácil distinguir a los turistas de los locales. Los locales se concentraban en ver la carrera. Los turistas, en tomar fotos. Yo no podía tomar fotos por la falta de baterías, así que me concentraba en ver a los demás. Estábamos todos mojados por la pertinaz lluvia pero nos importaba una chingada. La cosa era estar ahí, apretados. Alguien comentaba que la carrera ya no era como antes, porque con tantas bicicletas de alta tecnología, en lugar de hombres de verdad competían putitos. La frase, en inglés, es “There are no more real men, only pussies.” Su argumento se centraba en la existencia de trajes ajustados y bicicletas con velocidades. Su interlocutor le dijo que se necesitaba ser muy hombre para ponerse esos trajes, porque apretaban mucho los huevos. “Nuts” les dicen aquí.

Cuando la carrera terminó se anunció al ganador, que resultó ser no un tipo sino una mujer, que llegó en primer lugar a la línea de meta. Su nombre, Leah Goldstein, de Victoria, la capital de la Columbia Británica, que le ganó a la tipa que llegó en segundo lugar, una tal Errine o Erinne Willock o Willow, o algo así, que llegó seis segundos después. Del tercer lugar no me acuerdo.

Saludos cordiales.

V.

P.D. El paquete ha sido recibido. Repito, el paquete ha sido recibido.

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Article by V

Un mexicano viviendo, estudiando, trabajando, caminando y conociendo las húmedas tierras de la Columbia Británica. Read 265 articles by V

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