Water damage
Llego de dar clases. Me preparo mentalmente para descargar mi correo y escribir la crónica del día, cuando de pronto tocan a la puerta. Y yo no esperaba a nadie.
Obviamente, eso de recorrer la gran distancia entre mi silla y la puerta no era precisamente lo más exitante del mundo, pero dado que entre mi silla y mi puerta hay sólo 4 pasos, no tenía excusa para no abrir.
Era un tipo que, nervioso, me dijo que venía a implantar el plan de incendios tras la puerta de mi cuchitril. Lo plantó con rapidez y se fue a la siguiente habitación, la cual estaba vacía, al igual que la siguiente, y así se lo hice notar. Me agradeció, y regresó poco después, con refuerzos. Un tipo grandote que ya conocía yo, y es el segundo de a bordo de Kevin, el nuevo manager, y dos pendejetes personas que no conocía. El Pequeño Juan me pidió permiso para entrar, a lo que respondí con un escueto “Come on in” y entraron. Verificaron que mi instalación eléctrica estuviera bien, que la alarma contra incendios estuviera bien, que el agua corriente corriera bien (”Muy bien” dijo el Pequeño Juan cuando el potente chorro del agua caliente lo salpicó). y que el drenaje drenara bien. Me preguntó si tenía algún problema con mi habitación y respondí que salvo los habituales sustos con los locos que se subían por la escalera contra incendios, ningún problema. El Pequeño Juan verificó dónde estaba la escalera contra incendios, y dijo “Hummm.” Luego hizo notar que probablemente habría que reparar los daños por agua (water damage, dijo) que había en la pared que da al callejón, y que posiblemente me cambien de habitación para hacer reparaciones. Yo le dije que si me cambiaban a la habitación 112, mejor para mí, y que además sólo voy a quedarme aquí seis semanas más, a lo cual respondió con un “Muy bien” bastante escueto. Luego dijo que había que cambiar mi puerta y se fdespidió, acompañado por sus acólitos, que supongo trabajan para algún contratista. Estuve a punto de ofrecer mis servicios como electricista pero el tipo que hacía esa labor no parecía apreciar la competencia, así que me abstuve de hacerlo.
Justo en ese momento la nueva vecina, una chica bastante groovy y que siempre anda con la cabeza elevada (es decir, que le entra duro a doña Juanita, con una constancia digna de mejores causas) se subió por la escalera de incendios. La verdad, nunca creí que extrañaría a Tessie, pero esta niña, apodada Looney por Mr. Smith, se lleva las palmas en cuanto a locura y rareza.
Kevin y el Pequeño Juan se encargaron bastante pronto de bajarla de donde estaba, y no creo volver a ver a Looney en mucho tiempo, pero nunca se sabe. Bueno, será cuestión de ver qué pasa.
Saludos cordiales.
V.
