Canadian fireworks!
Esta noche, Canadá hizo reventar English Bay.
Esta vez, temeroso de que alguien me ganara el lugar, me apertreché en English Bay a las 6 de la tarde ante un sol encandilante y quemador, con una lata de Pepsi, un perrito caliente de salchicha ahumada a la bávara con sauerkraut, cebolla asada y mucha mostaza, y un chocolate Oh Henry! edición Canadá con chispitas sabor miel de arce mezcladas entre los cacahuates, mi radio FM y mi cámara digital. La vida era perfecta.
Eran las seis de la tarde y había un mínimo de 5000 personas en la playa, acomodándose ya no donde estuviera el mejor lugar, sino donde hubiera lugar. Yo, con la sabiduría que proporcionan los años, las canas y la memoria de elefante que me cargo, me dirigí a la zona de piedras desde donde disfruté la vez pasada el espectáculo, la cual aún estaba libre. Apenas me senté a disfrutar de mi hot dog que ya más bien parecía warm dog y pintaba para cold dog con velocidad espeluznante, me rodearon por todos lados. A mi lado derecho, una pareja de quebecuás, ella muy guapa, el más feo que una devaluación, que se prepararon para ver el espectáculo y grabarlo. A mi izquierda, una familia hindú, todos peludos, prietos y narigones, que se aventaron literalmente sobre el pasto. Atrás, una pareja de negros muy negros, ella color ébano, él color carbón, tan negro que más que negro parecía que estaba viendo el negativo de un canadiense. Adelante, una colección de niñas conocidas en los círculos internacionales como trendy bitches, de ésas que nunca en su vida han pagado una cena y que mangonean a los inútiles que se atreven a acercárceles para que hagan todo por ellas, desde ir por un refresco hasta comprarles un yate. El único imbécil solo era yo, pero para mi fortuna nadie se me repegó y obtuve el gran espacio de un metro cuadrado para acomodarme entre las piedras como si estuviera en un sillón. En un sillón de la casa de Pedro Picapiedra, pero ni modo.
Diez de la noche menos dos minutos. Suena el himno nacional de Canadá. Los que pudimos escucharlo por radio o por el sistema de altavoces, bocinas, cornetas y similares, nos pusimos de pie. Quienes no pudieron, no quisieron o no les importó, se quedaron en su lugar. 10 de la noche en punto, empiezan los fuegos artificiales.
Y qué fuegos artificiales, señores, qué fuegos artificiales.
La lista de canciones, no necesariamente en este orden:
- Bugle Call Rag, Glenn Miller Orchestra
- Anvil Chorus, Glenn Miller Orchestra
- Pennsylvannia 6-5000, Glenn Miller Orchestra
- In the Mood, Glenn Miller Orchestra
- Mood Indigo/Sophisticated Lady, Duke Ellington
- Unforgettable, Nat King Cole
- Sing Sing Sing, Louis Prima
- Jump Jive an’ Wail, Louis Prima
- Go Daddy-O, Big Bad Voodoo Daddy
- This Cat’s on a Hot Tin Roof, Brian Setzer Orchestra
- Hey, Pachuco! Royal Crown Revue
Y el video, que es tan grande que parece que son dos y además está reducido a una calidad ínfima (el original mide giga y medio):
Disfruten.
