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I’m leaving today, I want to be a part of it, New York, New York…
En realidad quienes se van son los locatarios de la calle Cambie. Esta calle, que tiene incluso su propio puente sobre False Creek, era uno de los centros comerciales más pujantes de la ciudad. Nótese el verbo “era.”
Cuando hace dos años y cachito se comenzó a construir la línea tres del Skytrain, denominada Canada Line, la autoridad correspondiente dijo que lo que se haría era taladrar por debajo de la calle para no cortar la circulación y que los negocios siguieran operando. Se comenzaron los trabajos y la autoridad correspondiente descubrió que salía más caro y era más tardado taladrar que abrir la calle y tender todo de un jalón. Así que sin decir ni agua va, abrieron la calle y se pusieron a trabajar. Los locatarios de la calle pusieron el grito en el cielo pero el ruido de las máquinas ahogó sus reclamos. Dos años después, sus temores se hicieron realidad: muchos licatarios han tenido que cerrar porque sus clientes no tienen acceso a ellos. Algunos han logrado continuar pero han visto reducido su personal y sus ventas. La gran mayoría están tan desesperados que van a rematar todo para largarse a vientos más frescos y reducir sus pérdidas al mínimo.
Las obras ya llevan un avance muy importante. Según lo que he escuchado, van exactamente al 60% y van únicamente un mes por detrás de lo planeado, lo cual, tomando en cuenta que se han enfrentado con múltiples problemas que incluyen una huelga, es bastante bueno. Un gran número de mexicanos trabajan en la obra. Se reconocen porque todas las frases las terminan con “güéy” y las empiezan con “Quihubo,” “Tons qué” u “Oyes.” Gracias a los mexicanos (me enteré al escuchar a un capataz rubio barbudo y panzón, muy parecido a Hulk Hogan pero con más pelo, que se quejaba con un ingeniero) las obras han avanzado más rápido pero también les han puesto más multas por no cumplir con los factores de seguridad. Además los mexicanos cobran menos.Les pagan viles 8.50 la hora, que aquí no ajustan mas que para el almuerzo. Casi todos terminan haciendo las cosas a la mexicana, o sea que rentaron un departamento de un cuarto y viven como veintiséis adentro, con lo cual sale más barato todo. Pero en fin, eso no me consta, no me incumbe, y prefiero no comprometerme en lo que no me comproimporta.
La situación llega a casos alarmantes para los locatarios. Tanto, que algunos ya consideran interponet una demanda para obtener compensaciones por el desmadre ocasionado por la obra a sus negocios. También organizaron una marcha para exigir que la autoridad haga algo, al menos que les elimine el cobro de los impuestos y los servicios, para darse un respiro y aumentar las extremadamente bajas ventas. El caso más dramático es de un tal Don Watters (¿Waters?) que dice que sus 22 tiendas a lo largo de Cambie pierden algo así como un millón y medio de dólares al mes. ¿Exagerado? Tal vez. ¿Desesperado? Seguro que sí. Por esa razón los locatarios exigen que se disponga de un fondo de 10 millones de dólares para compenzar a los comerciantes que han perdido negocios durante la contrucción de la línea del skytrain, alegando que eso mismo hicieron en Seattle cuando construyeron su línea de tren ligero. De lo contrario, dicen, se verán obligados a cerrar.
Una lástima.
Excepto para quienes ven en la desesperación un arma de dos filos. “Muchos de mis vecinos van a cerrar, y tienen letreros ofreciendo importantes descuentos en su tienda,” dice uno de los locatarios. “Sin embargo, si la gente es atraída por esas ofertas, lo más probable es que las tiendas no necesiten cerrar. Sería una ironía deliciosa.”
“Nosotros también tenemos problemas,” dice un empleado del ayuntamiento, que también está en Cambie, “y no nos ven quejándonos por eso. Tenemos cosas más importantes en la cabeza, como la huelga de empleados públicos.” “Sí,” es la réplica, “pero ustedes reciben su dinero sin preocuparse de lo que pase o deje de pasar con la calle. Nosotros dependemos de nuestros clientes, y los clientes no pueden llegar a nuestros negocios.”
Mientras tanto, Cambie sigue con las puertas abiertas. Y quienes caminan por las calles llenas de cercas azules, siguen con su vida normal. Ya veremos si para las Olimpiadas la zona regresa de nueva cuenta a los niveles de antes. Mientras tanto, con su permiso, voy a ir a ver si hay ofertas.
Saludos cordiales.
V.
