Ayer salí a la calle con la intención de ir a London Drugs, pues la gripe aviar me impedía respirar con normalidad mientras estaba acostado, y los ríos de líquido que salían por mi nariz impedían que permaneciera sentado. Además, la garganta estaba irritada y respirar por la boca no era precisamente la mejor opción. La solución, claro, era ingerir un par de cápsulas de Contac Cold Cough & Flu y descansar, pero, ¡Mal haya! ya no tenía. Así que, sintiéndose de la chingada, allá va V.
En el camino estornudé siete veces, y eso que son sólo tres cuadras de distancia desde mi bunker hasta mi destino. Llegué, no me preocupé siquiera por guardar las apariencias y tomé una botella de Pepsi, una caja de Contac que se encontraba hasta el final de la farmacia, abrí la caja de Contac, abrí la botella de Pepsi, ingerí dos cápsulas, tomé un trago largo de excelente fruta metálica, y me dirigí a caja a pagar. “Debería ver a un doctor…” fue lo que me dijo la cajera, al ver mi estado. “Sí, debería…” fue mi respuesta. Pagué mis ocho dólares y setenta y seis centavos y me marché con mi media botella de Pepsi, mi caja de Contac abierta, y mi dólar veinticuatro de cambio. En la calle estornudé, y Molly, la siempre sonriente panhandler de guardia, me preguntó si estaba enfermo. “Un poco…” dije yo, y deposité el dólar veinticuatro en su tacita de papel encerado. “Que se mejore…” me dijo Molly mientras cruzaba yo Georgia. Justo en ese momento, por una de esas veces en que uno estornuda en medio de la calle y se le sacude el cerebro hasta los cimientos, observé que había un par de patrullas y un camión de la policía a las afueras de The Bay, y un tipo era cuidadosamente introducido en el camión, con esa amabilidad que sólo las fuerzas policiales son capaces de ofrecer.
Yo no sé si haya sido el estornudo liberador, la Pepsi o las cápsulas, pero decidí acercarme a la escena a ver qué clase de crimen se había cometido en The Bay que haya requerido la presencia de dos patrullas y un camión. Y tras escuchar a un tipo contar la historia, me enteré que el tipo había sido sorprendido en actos de shoplifting, o sea, estaba robando en la tienda. Bien, pero, ¿por qué tanta violencia? Hombre, es que el hombre en cuestión había robado calzoncillos. ¿Y eso qué tiene? se preguntará usted como me pregunté yo. Después de todo los gnomos también roban calzoncillos. Paso uno, robar calzoncillos. Paso dos, ¿? Paso tres, ¡ganancia! Sí, pero el tipo no era un gnomo. Okey, concedido, pero sigo diciendo que era demasiado por unos simples calzoncillos. Eran Calvin Klein. Ah, ya estamos hablando de palabras mayores, puesto que cada calzoncillo cuesta por lo menos 25 dólares, y eso suponiendo que fuera sencillo, pero sigo diciendo que el cariñoso trato era demasiado para un simple robo. El tipo llevaba 34 calzoncillos. Entonces no era ladrón,sino pendejo. El juez tendrá que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no reírse ante la defensa del pobre pendejete.
Qué barbaridad.
Recordé esto justo ahora que acabo de tomarme otra cápsula y que noté con horror que se me han agotado los borradores de artículos preparados. Me tengo que poner a trabajar.
Saludos cordiales.
V.
