Salgo de mi edificio para ir a desayunar algo más sustancioso y nutritivo que una taza de café, cuando noto con una mezcla de horror y felicidad que mi gripe aviar va cediendo terreno.
Voy a tener que encontrar algo más de qué quejarme. Ni siquiera la muerte de Luciano Pavarotti sirve para hundirme más en la depresión. ¿Cómo pudo pasar esto? Todo iba bien en el mundo: era evidente que nos quedábamos sin genios: Beethoven estaba muerto, Einstein estaba muerto, Pavarotti estaba muerto, yo tenía gripe… *suspiro*
En cualquier caso la cosa es que salgo de mi edificio y me enfrento una vez más con la enorme disyuntiva: ¿Qué desayunar? ¿Y dónde? Porque si vien es verdad que tenía hambre, tampoco era un hambre atroz. Era una de esas hambres moderadas que tiene unocuando la hora de desayunar ha pasado apenas hace media hora, que se solventan con una barra de avena o un tazón de cereal. Decidí yo entrar al Tim Hortons a comer un sandwich de desayuno y una taza de café.
Tim Hortons, del que ya he hablado en otras ocasiones, es un lugar supercalifragilisticoespialidoso aunque suene extravagante, raro y espantoso. Por principio de cuentas siempre tiene gente. Las tiendas que permanecen abiertas las 24 horas cuentan con protección policiaca un tanto sui generis: los policías entran, compran un café y una dona, hacen uso de los aseos, y se marchan a hacer una ronda. Algunos locales les regalan el café a cambio de que pasen más seguido.
Dado que la edad legal para beber en la Columbia Británica es de 19 años y dos piezas de identificación, muchos jóvenes se las ven negras para entrar a un restaurante bar con sus amigotes, aunque no beban. La solución es sencilla: se van a un Tim Hortons, compran un café y se apropian de una mesa. En lugar de ponerse borrachos con alcohol de ponen activos con cafeína. Algunos compran donas dizque para bajarse la actividad, pero se ponen aún más activos con el azúcar. Pero los toleran porque, al fin y al cabo, consumen.
Debido a esa política de tolerancia mientras consuman, hay algunos vendedores que han hecho de algún Tim Hortons su base de operaciones. Algunos creo que incluso reciben ahí su correspondencia. Los saludan por su nombre, les cobran al final del día, y conocen vida y obra de todos los empleados, y los nuevos son entrenados por él en el difícil arte de hacer las cosas en chinga y de manera eficiente. Lo único que les falta es tener su mesa reservada.
Incluso en la noche, cuando la actividad es poca y la velocidad disminuye, los Tim Hortons son un oasis de actividad en una ciudad dormida. He notado que hay personas que salen de los antros, bules y sitios desafinados de la ciudad y lo primero que hacen es ir por un café double double a un Tim Hortons. Esa cultura del double double ha permeado toda la vida canadiense, al grado de que viene en el diccionario (junto con el verbo to google) y significa “dos medidas de crema y dos medidas de azúcar.” Todos los Tim Hortons saben qué significa un double double, al igual que todos los sitios que venden café. Incluso en el casino Edgewater la chica que regala cafés y refrescos a los jugadores sabe qué es un double double y prepara el brebaje de esa forma.
Curioso resulta, sin embargo, que Tim Hortons no sea un restaurante. Es una tienda de donas que vende sólo 4 sandwiches y 3 sopas como complemento a su café y donas. Nada más. Lo cual no deja de ser un acierto, aunque no lo crean: debido a que se limitan en la variedad de productos que sirven y mantienen altos estándares de calidad, y tienen preparación a mano de todos sus productos, la gente regresa. No cualquiera se da el lujo de tener un monopolio virtual sobre un producto sin que la gente se queje, en especial en Canadá, donde se quejan más que yo, que ya es decir.
Hablando de quejas, eso me recuerda que el Tim Hortons al que voy, y que suele tener a toneladas de estudiantes por metro cuadrado a la hora de la comida y en la tarde, me ha enseñado nuevos usos y costumbres de las personas en estas tierras. El caso más ejemplar fue el de “Twinkie,” que fue la manera de referirse a una chica por parte de sus compañeras. La niña, que tenía facciones marcadamente orientales, cabello castaño y vestía como cualquier chica canadiense, fue acusada de no hablar japonés y ser hija de japoneses. Twinkie, es, por tanto, una persona amarilla por fuera, blanca por dentro, y demasiado suave, como el pastelillo de Hostess en Canadá y EUA, y Wonder en México. Luego en la misma medida está “Banana,” aunque ésto parece ser un tanto más duro que twinkie y agregar connotaciones de dulzura. Curiosamente, si se escribe todo en mayúsculas, “BANANA” se convierte en un acrónimo, cuyas siglas son “Build Absolutely Nothing Anywhere Near Anything,” y es empleado para hacer burla de los vendedores de bienes raíces que venden terrenos en la ciudad conocida como “Hasta la chingada de lejos.” Regresando al tema más o menos original, otro término de slang que he escuchado es “coconut,” que ha sido usado por los hindúes, afganos y pakistaníes de por aquí, e incluso por algún miembro de la sociedad latinoamericana. A estas alturas debe ser obvio que significa marrón por fuera, blanco por dentro. Para los tipos marcadamente africanos el término es “Oreo,” como las galletas. Sin embargo, éste término también lo escuché emplear en términos no demasiado puros en otra situación, cuando una chica blanca practicaba actos de dudosa moral, elevada libídine y lubricidad intemperante con dos tipos de color carbón. Generalmente quienes son acusados de haber sido asimilados por el país en el que nacieron utilizan el término “cookie” contra sus acusadores. El significado: todo del mismo color pero se desmoronan. “Cracker” es empleado contra blancos que son muy blancos y se reúsan a asimilar a otros. Mi diccionario dice que el término proviene de “Quaker,” aunque no me aclara si viene de “Quaker State, su copiloto,” o de “Hojuelas de avena Quaker.” Me inclino a pensar que viene de los cuáqueros, que en su origen no eran otra cosa que “mean whites.” Aquí es importante aclarar que “mean” hace dos siglos significaba “pobre” y no “ruin” como en los tiempos actuales (como en bad, mean and evil).
Un término más interesante ha sido “Fob.” Me tomó gran trabajo rastrear el origen de dicho término, que suele ser irónicamente aplicado a adultos mayores y a recién llegados: significa “Fresh off the boat,” es decir, recién desembarcado. Es alguien que se comporta como si siquiera viviendo en su país de origen, excepto al ir de compras. Más divertido de escuchar es “Bunny Boiler,” que es el término utilizado para referirse a una muchacha que persigue insistentemente a un chico que no está interesado en ella, rayando en el acecho. Por si no reconocen el origen, es la escena de Atracción Fatal en que Glenn Close pone a hervir al pobre conejito mascota de la hija de Michael Douglas. Menos dramático y más divertido es el término “CAVE Men” o el más políticamente correcto “Cave People.” CAVE es el acrónimo de Citizens Agains Virtually Everything. Otro término bastante utilizado es “Cam whore,” el cual es empleado de manera peyorativa y derogatoria para referirse a la persona que gusta de exhibirse en las salas de chat de internet, por medio de su cámara digital, a veces por gusto, a veces a cambio de bienes materiales como un libro, un videojuego o ropa lujosa. “Fruit cake” es usado para referirse a los gays muy gays en un grupo social determinado, digamos un salón de clase. “Fruit fly” es usado con las muchachas heterosexuales que tienen amigos gays… y salen con ellos a bares gay.
Interesante lo que se aprende simplemente simulando que se lee un periódico y escuchando las conversaciones de los demás.
Saludos cordiales.
V.
