Aftermath. I really mean it, it’s the aftermath.
En nuestro capítulo anterior, V for Vancouver estaba a punto de presionar el botón que activaría el semáforo fiscal. ¡Bienvenidos al cierre de temporada de V for Vancouver!
Me acerqué a la fila desde la cual saldríamos del aeropuerto. Entregué mi declaración de aduanas y presioné el botón del semáforo fiscal… que encendió en rojo. “Pase por aquí, por favor,” me dijo una joven de curvas peligrosas. Coloqué mis maletas en el lugar adecuado y abrí las primeras dos. “Tiene usted todo bien ordenado, oiga…” “Claro,” admití, “de otra manera en lugar de tres maletas hubiera tenido que llenar cuatro. Por fortuna vine preparado…” y abrí la tercera maleta. “A que nunca había visto usted una maleta como ésta… ” Adentro, estaba mi otra maleta. “Bueno, sí había visto una dentro de otra… de cualquier manera ábrala…” y abrí la maleta… “¿Otra maleta?” preguntó la joven. “Sí,’ respondí yo, abriendo la mochila y mostrando la otra mochila… y abrí la mochila para dejar ver la lonchera que dentro traía el portalápices… “Esto sí que no lo había visto…” dijo la joven, sonriendo, “pásele…” Cerré tres maleta, obvio es que las que tenían contacto con el exterior, y salí por la puerta al grito de “¡ESPARTAAAAA!” empuñando amenazadoramente en el aire un trío de posters. Mi chofer negro se había ido con la limusina y seguramente también se había bebido mi champaña el cabrón, pero estaban B, A, M, X y D a manera de comité de bienvenida, lo que para los propósitos del viaje bastaba. Cinco abrazos después ya nos habíamos subido a los vehíuculos automotores que conformaban mi caravana de seguridad y circulábamos a toda velocidad con rumbo a la casa de X, donde se encontraban además C y L, y se prepararía un ágape en mi honor, en el cual se sacrificarían por el bien de mi espíritu una pila de gorditas recién hechas, rellenas de frijol, chorizo, chile con carne, chicharrón en salsa verde, requesón y nopalitos, contaminadas condimentadas con salsas roja y mexicana de esas capaces de deshacer una loza de concreto armado. Oiga usted, después de 6 meses sin ingerir los antedichos antojitos mexicanos, llegué cual marabunta, tragando hasta que literalmente si me apretaban la panza las gorditas se me salían por las orejas. Un cafecito de olla con piquete después, para que los últimos huecos vacíos en mi estómago se rellenaran, mi comité de bienvenida me llevó a mi casa a disfrutar de un merecido descanso antes de que México, para variar, perdiera contraBrasil. Claro, como los muchachos no se enteraron de que ya había regresado yo al país, pues no le echaron ganas.
Tras ver el partido y una siestecita para terminar de digerir llas gordas, me dirigí a visitar a la familia, que me esperaba con los brazos abiertos y con una pila de tortas ahogadas y tacos dorados. No pude negarme a comerme cuatro, estilo submarino (sumergidas en picante hasta que no salen burbujas en el pan), que hicieron retornar mis niveles endocrinos a la normalidad. Hasta me volvió el color al puerco, caray. Era prácticamente imposible moverme, de manera que para cuando llegué a casa me tiré en la cama a descansar valiéndome madre el mundo. La pila de cuentas que me esperaba podía esperar. Decidí dormirme unos quince minuto. Media hora después, cuando desperté, habían pasado 24 horas. Me sentía como nuevo, y lo más extraño del mundo, no tenía hambre sino sed. Me serví un vasito de rompope en las rocas a manera de digestivo y decidí ver qué haría. La primer semana, por supuesto, no haría nada más que retomar mi nivel usual de actividades y reportarme a mi trabajo. Lo demás, saldría por sí mismo. Era época de dudas: ¿Robo un banco para pagar las cuentas, o mejor robo dos? ¿Me corto las venas o me las dejo largas? Si un árbol cae en medio del bosque, ¿a dónde irán las ardillas que vivían ahí?
Y decidí finalmente que debía llegar a una decisión. He aquí la decisión que tomé: V for Vancouver acaba, se convertirá en un libro por si alguien quiere comprarlo como referencia para su próximo viaje, y V se convierte en alguien más. V for Vancouver acaba, sí, pero llega alguien más: llega G de Guanatos.
La próxima temporada inicia el próximo lunes. Los espero con más aventuras diarias donde narraré mi vida y obra y recorreré la ciudad para enseñarles de lo que se trata vivir aquí.
Saludos cordiales.
Su amigo, V.

hola soy S mama de M…… esperaremos con ansias tan mencionado libro pero quiero el primer tomo y autografiado porque esos son los mas valiosos…..
saludos de M y D.
Pos esperare ver el dicho libro puesn, y el nuevo blo´.
Damn!, tortas ahogadas, que envidia.