Nice house, eh?

Escrito y publicado por Quoth el 25/09/2007, a las 11:23:31 am, 1190733811 segundos Unix, hora Swatch 682. Comentar

Hoy decidí probar mis habilidades culinarias en tierras ubicadas a los 20 grados 40 minutos de latitud norte y 103 grados 20 minutos de longitud oeste, a una altura de 1,700 metros sobre el nivel medio del mar. O sea, en Bel-Air Guadalajara.

Lo cual no es tarea fácil. Verán ustedes, mi casa, que es la suya si la aguantan, no es precisamente lo que llamaríamos una maravilla de la ingeniería y la ciencia moderna. Por principio de cuentas vivo en la zona de Santa Teresita, en la colonia Villaseñor, que es lo que podríamos denominar como “en medio de la pura chingadera,” justo como en Vancouver denominé al East End; esto implica que mi casa está construída con una mezcla de adobe, ladrillo y suerte a partes iguales. Pero eso es lo de menos: lo verdaderamente importante es el hecho de que la arquitectura de mi casa es bastante peculiar, dado que el terreno en que se asienta mide cuatro metros y medio de ancho por 25 de largo, para un total de 112 metros cuadrados; deberían ser 112.5 pero por una ligera discrepancia entre el frente y el fondo desaparece medio metro y mi terreno en lugar de ser cuadrado es paralelepípedo, conectando todas las habitaciones que componen mi castillo, existe un pasillo de un metro de ancho exactamente que llega desde la sala hasta la escalera para el segundo piso, pasando por mi privado, mi taller, mi recámara, mi cocina y mi baño. La escalera, de caracol, sube a una especie de bodega habilitada como recámara para visitas enfadosas, y se encuentra ubicada justo junto a la entrada del baño, que cuenta en exactamente un metro y veinte centímetros de ancho por tres metros y cuarenta de largo, con una ducha separada de  un área de eliminación de resuduos biológicos de esas que las personas finas y educadas llaman excusado por medio de una cortina de plástico que me robé de un hotel; una repisa de blancos no tan blancos, un espejo de puerco cuerpo completo y un lavamanos que vió mejores tiempos en la época de don Emiliano Zapata, separadas de la escalera y del pasillo por una puerta de plástico. Adjunto al baño, aunque separado por una gruesa pared de adobes de 60 años de antigüedad, se encuentra mi cocina con desaynador. Ésta, otra maravilla de la tecnología y el ingenio humano, es una cosa excepcional, y puede que esté mal que yo lo diga, pero qué chingona me quedó. En exactamente un metro setenta y cinco centímetros por tres metros cuarenta se encuentra apretado pero funcional una cocina integral con estufa de cuatro quemadores, horno de microondas, horno tostador, tostadora de 2 rebanadas, sandwichera, waflera, refrigerador con congelador independiente y fábrica de hielos integrada (los pies se los quité para que no se escapara), televisión con control remoto y sistema computarizado de videojuegos (en realidad mi atari 2600), garrafón de agua purificada, tarja con escurridor y agua corriente y fina caliente y fría, alacena de 5 puertas y mesa desayunadora de alta capacidad. El único defecto de este sistema, que yo convertí en ventaja por el simple procedimiento de seguir soltero, es que sólo caben dos personas: una cocinando y otra comiendo.  Si tuviese disponibles otro par de metros cuadrados, sería la cocina perfecta. Pero no los tiene. Lástima…

Anexo a la cocina anexa al baño se encuentra mi oficina privada, que es distinta a la oficina en la que trabajo. Mi oficina mide 3.40 por 4 metros, y está decorada con un estilo barrococó churrigueresco clásico zen, que combina al mismo tiempo un escritorio que me regalaron con un par de archiveros que me encontré tirados y que reparé en mis tiempos libres, junto con un precioso librero de madera de algún desafortunado árbol que ocupa en su totalidad y de manera íntegra la pared sur, dejando apenas libres 5 centímetros por lado y que llega exactamente a un metro del techo, el cual, por cierto, se encuentra ubicado a 3 metros 90 centímetros del suelo. Tuve que hacer una puerta frente a mi privado para poder meter el librero, el cual, por cierto, tiene 10 años más que yo y está lleno de libros en inglés, español, japonés, francés, alemán y chino simplificado, estos cuatro últimos regalo de algunos amigos internacionales. El espacio sobre el librero fue rápidamente ocupado por las cuatro bocinas de mi sistema cuadrafónico marca Quasar con disco LP y casetera que me fue heredado por mi abuelo cuando se compró uno más chingón, pero a este sistema lo quiero mucho por dos motivos: el primero es que se oye de poca madre porque sus bocinas son de madera sólida y no de aglomerado o plástico, y el segundo es que es de bulbos y el sonido que llega es puro, prístino, potente y sin armónicos desagradables, aunque se tarda un chingo de tiempo en calentarse. Otra ventaja es que tiene entrada de línea y puedo conectarlo a mi computadora con ayuda de un simple cable. Mis eme pe treses nunca antes se escucharon mejor. Pero divago. Las paredes norte y este se encuentran tapizadas con fotografías de mis viajes y posters, y si la oeste no lo está en su totalidad es porque la puerta y la ventana que me sirve de tragaluz impiden emplear todo el espacio a menos que corra el riesgo de tumbar cuadros. La joya de mi corona es un precioso poster de la agrupación musical Chicago en sus mejores tiempos, allá por el año lejano de 1977, que mide dos metros por uno y medio, y está en la pared este. La oeste es también hogar de mi pared de la egomanía, con mis títulos y mis diplomas. Y sólo los más selectos y escogidos: el de técnico, el de ingeniero, los reconocimientos de las escuelas en las que dí clases durante 6 años antes de mandarlos a la chingada por no pagar, el del congreso en que eduqué a la población ingenieril en ciernes con una charla tan grande que parecían dos, y el rascador de espaldas que utilizo en mis ratos de solaz, diversión, esparcimiento y picazón (ejem…).

Anexo al privado anexo a la cocina anexa al baño se encuentra mi recámara. Midiendo también 3.40 por 4, mi recámara cuenta con una preciosa cama de latón heredada de mi bisabuela, quien a su vez la heredó de su madre. Es decir, la cama de latón tiene más de 130 años y sigue firme, como las cosas de antes de la guerra, hechas para durar. Lo único que no es original es el colchón, las cobijas y las almohadas. Adjunto a la cama hay una mesilla triangular que me encontré en una exploración allá en el rancho grande, allá donde vivía había una rancherita que alegre me decía ” cuando te pidan cigarro no des cigarro y cerillo, porque si das las dos cosas se te va a dejar venir un chingo de gorrones a pedir…” Cómo ha cambiado este cuento… Además de mi mesa triangular, donde descansa mi despertador, una lámpara y un libro, hay un sillón bastante cómodo, una especie de ropero, un librero que me compré hará unos 20 años tras juntar mis domingos durante un año, un puff para tirarme al suelo a ver la tele, una tele, un par de videos (beta y vhs), un dvd, un supernintendo y mi colección de cómics de batman, superman y linterna verde, que dejé de comprar cuando las historias se hicieron cada vez más mamonas y atentaban contra la escasa inteligencia del idiota que leía los cómics (lo admito…). Digo, cuando a Metrópolis la destruye Lex Luthor y la reconstruyen todos los héroes, mientras que a Ciudad Gótica la destruye un temblor y el gobierno la condena al ostracismo y a la destrucción, sabemos que los editores de DC Comics son muy mamones…

Anexo a mi recámara anexa al privado anexo a la cocina anexa al baño se encuentra mi taller. Producto de mi deformación profesional como ingeniebrio, ahí tengo toda mi herramienta y cachivaches, que van desde una regla T de dos metros sin graduar, mi juego de escuadras y mi escalímetro, hasta mi tonelada de cables de televisión, red y electricidad, tres computadoras, un osciloscopio que pasó a mejor vida (y que irónicamente, puedo reparar sólo con ayuda de un osciloscopio…), un monitor de televisión del año de la cachetada, un quinteto de monitores de computador, una laptop que ignoro cómo llegó ahí, un chingo de teléfonos y un conmutador jodido, y el archivo muerto. Creo que incluso tengo un carrete de cable inalámbrico, este último producto de un señor muy mula que exigía ver cómo cableábamos su red inalámbrica desde su sala hasta su oficina… por eso conservo ahí ese carrete.

Anexo a mi taller anexo a mi recámara anexa al privado anexo a la cocina anexa al baño se encuentra mi sala comedor recibidor. En este momento cuenta con un mueble negro integrado que más que sala le da aspecto de recepción de oficina; hay un par de cuadros, un par de jarrones con plantas y un chingo de cables provenientes de la pared, donde se encontraba la conexión de televisión por cable e internet. Ahora no tengo televisión por cable y el internet me lo estoy volando de con el vecino (jeje) pero no me hacen falta todavía. Lo peor que puede pasar es que también saque una conexión pirata de con el vecino, o más bien vecina, que es una vieja amargada que no me puede ver ni en pintura desde que me puse a remodelar la casa esta y estuve seis meses haciendo ruido. Que ella se haya pasado dos años haciendo ruido mientras construía su segundo piso no parece importarle un carajo. Deberé comprar una sala chiquita un día de éstos, pero a mis amigos parece no importarles sentarse en el piso a ver los partidos de la tele y hacer el escándalo que no pueden hacer en su casa, así que no veo una necesidad obvia e inmediata para hacerlo.

Anexo a sala comedor recibidor anexa a mi taller anexo a mi recámara anexa al privado anexo a la cocina anexa al baño ya no se encuentra mas que la calle. No tengo cochera, y no me afecta por ahora porque no tengo carro. Y hay una pensión estacionamiento madreado a la otra cuadra, y prefiero encerrar mi autonave ahí que dejarla en la calle. Y no pienso deshacerme de mi sala comedor recibidor simplemente para meter mi coche. Que se chingue el coche. En fin, que mi casa es una casa bastante rara, justo como su dueño. Y es bastante más grande que el cuchitril en que viví durante 6 meses en los 49 grados 16 minutos latitud norte y 123 grados 7 minutos longitud oeste, a nivel del mar, o séase en Vancouver.

Saludos cordiales.

G.

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1 comentario

kalepsheel
26 / 09 / 07 a las 9:48 pm

Constancia de leido


 
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