I’m not okay
Entre los ladridos de alegría de Merle Ivonne abro la puerta, justo a tiempo para contestar el teléfono.
“¿El señor V de Vancouver?” pregunta una voz al otro lado de la línea. “¿Quién lo busca?” pregunto yo, con mi voz más inocente. “Fulano de Tal, del Banco del Parque…” “Ah, bueno, pues mire, el cabrón ese está en la hermana república de Vancouver y me dejó encargado el changarro en lo que llega.” “Ah… ¿Y tardará mucho en volver?” “Yo creo que no, porque, veamos, ¿Qué hora son?” “Las 7:30…” “Okey, veamos, si se fue el 17 de marzo…” “Ah, ¿se fue hace mucho?” “Como seis meses…” “Ah, bueno, gracias…”
Cuelgo el teléfono y un minuto después, mientras me quito los zapatos, suena de nuevo.
“Con el señor V de Vancouver, por favor.” “Si fuera usted tan amable de indicarme el motivo de su llamada y la persona a la que debo anunciar…” “El Licenciado Armando Rompecabezas, de Grupo Financiero Ambulancia, para ofrecerle una nueva tarjeta de crédito.” “Permítame…” Me voy a darle de comer a la perra, y regreso, recordando que dejé al licenciado en espera. “Dice el ingeniero V que ya tiene cuatro tarjetas con su banco y que además desea cancelarlas porque son ustedes muy cobrones.” “Entiendo, yo me comunico después con el ingeniero…”
Cuelgo el teléfono y a los treinta segundos llama nuevamente con insistencia de cesante.
“Hablamos de Banco Jones, para ofrecerle una tarjeta de crédito al señor V de Vancouver. ¿Se encuentra el señor Vancouver disponible?” “Déjeme ver, la última vez estaba hablando con sus pericos y diciendo algo sobre que quería dormir con ellos en la jaula…” “Si el señor está ocupado le llamo después…” “Ándele, para servirle.”
Un par de minutos después vuelve a repiquetear el teléfono.
“¿El señor V de Vancouver?” “Para servirle a usted y al Unicornio Rosado Invisible de Ganímedes…” “Eh, sí, verá, llamo de Banco Bananas para ofrecerle la tarjeta de crédito clásica.” “Ya la tengo.” “¿Entonces la oro…” “Ya la tengo.” “¿Qué le parece la negra?” “Ya la tengo.” “La platino puede ser una opción…” “Ya la tengo.” “¿A qué equipo de futbol le va?” “A los Vancouver Whitecaps…” “¿No le va usted a las chivas, o al Atlas, o a los Tecos…?” “No, le voy a los Vancouver Whitecaps. Yo jugué con ellos cuando era joven y bello y seré whitecap hasta que me muera, o tal vez más tiempo…” “Comprendo. Lamento haberle quitado su tiempo y que tenga bonita tarde…” “Que le vaya bien, váyase por la sombrita…” “Gracias… creo…”
Descolgué entonces el teléfono. No bien acabo de llegar y ya me quieren ensartar tarjetas hasta por debajo de la lengua, carajo…

Vaya asi que usted es un Ruiz, pensaba que tambien era un Maybrick; entonces ambas familias estan compuestas por singulares y creativos personajes. Constancia de leido tambien!