Ding dong, calling Avon…

Escrito y publicado por Quoth el 29/09/2007, a las 12:37:20 pm, 1191083840 segundos Unix, hora Swatch 734. Comentar

Que eres muy buena muchacha dice de tí tu abuelo;
ay pinche borracha, ya no seas tan briaga y párate del suelo…

Merle Ivonne es mi perra. Es una perra corriente cruzada con de la calle, con trazos en su manufactura de maltés, bichón frisé, cocker spaniel, french poodle, schnauzer miniatura, y caricatura. Es, en resumen, un remedo de perro blanco y tarugo pero que es un pan de dulce con cuatro patas, cuyos orígenes he podido rastrear al volkswagen abandonado que estaba enfrente de mi casa hace dos años, cuando decidí que la pobre criatura necesitaba un hogar más digno que ese y, además, necesitaba comer algo, porque la pobre estaba en los huesos. En estos dos años, la pobre perra se adueñó de mi azotea, donde corre todo el día por el simple gusto de correr; se adueñó de mi bodega y la convirtió en su cubil, de adueñó de cuanta pelota caía porque los niños de la cuadra, al jugar, la tiraban a mi azotea; ha roído los cables del teléfono, la luz, la red y la televisión por cable, con consecuencias desagradables en cada uno de ellos tanto para mí como para ella; y además, se ha caído tres veces de la azotea sin más consecuencias que un raspón en la espalda.

Esto viene a colación porque Merle Ivonne tiene la curiosa costumbre de ladrar cada vez que alguien se acerca a la puerta, y de menear la cola y de hecho toda la columna vertebral cada vez que me ve llegar. Ésto me ha servido como sistema de alerta temprana, puesto que desde la azotea Merle ladra con diferentes tonos según sea un amigo, un enemigo o un desconocido. Los ladridos son muy fuertes y espaciados en caso de un enemigo, ligeros, cortos y rápidos en caso de un amigo, y largos y continuos en caso de un desconocido. Por eso se me hizo raro que esta mañanita cuando sale el sol, sale Susanita y se le ve el calzón Merle Ivonne ladrara con un ladrido corto. Luego tres ladridos cortos y uno largo. Y luego un ladrido corto.

“Achis…” díjeme yo. “¿Desde cuándo ladra en morse la perra?” Porque lo que ladró era ./…-/. que se puede traducir como E/V/E. Claro que lo único que sé de morse es E (.) V (…-) S (…) M (- -) y O (- - -) producto de los mensajes SMS, SOS, y la película V for Vendetta.

Cambién entonces de canal para ver la cámara de seguridad que tengo, que es una vieja cámara de vigilancia que se conecta a la tele y me permite ver la calle; cámara que me sobró de un proyecto bastante viejo de vigilancia y que me quedé como recuerdo. Afuera, nada más y nada menos que un indio vendedor de nopales. El indio, indio indio, de raza pura si tal cosa existe, miraba tranquilamente a Merle Ivonne que le ladraba en morse, mientras yo me debatía entre dejar que el nopalero se fuera o comprar una bolsita, y mucho más tomando en cuenta que se me estaban antojando unos nopalitos con huevo con salsa mexicana en forma de tacos para comer. Pudo finalmente más mi hambre y decidí abrirle la puerta, por lo que apagué mi Atari 2600 y me levanté de mi cómodo y mullido (y único) sillón. Por cierto, mi tele sólo tiene programados dos canales: 2, para el Atari, y 3 para la cámara; el DVD, el Playstation y el VHS están conectados en línea.

“¿No compra asté nopalitus, patrón?” me dijo el indio, recién bajado del cerro a tamborazos pero ya dueño de su pyme (pequeña y mía empresa). “También traigu tortillitas, salsita y frijolitus…” “Hombre, nada más falta que hubiera traído huevo y ya tuviera yo el desayuno servido…” dije yo, asombrado ante el hecho de que todo le cupiera en el morral que cargaba el vendedor más grande del rumbo. “Pos es qui si mia cabaron, patrón, pero si asté quere le aparto una docena pa’la prósima semana… es quistán retegüenos, de rancho, de gallina contenta, désos quesque les dicen inorgánicos, patrón…” Con una sonrisa en los labios ante la muestra de culta incultura del vendedor más grande del rumbo, y con ganas de desayunar como desayunábamos allá en el rancho los primos cuando éramos chilpayates, bajo la autoritaria mirada de mi abuela (”Cómete otro taco, m’hijo, que estás reflaco,” decía ella), terminé comprándole al vendedor más grande del rumbo una bolsita de nopal ya rebanado, medio kilo de tortillas torteadas a mano, una bolsita de salsa taquera y otra de salsa mexicana, y un vaso de frijoles de la olla. Y pa’la prósima semana mi va a tráir una docena de güevos “inorgánicos” pa’completar…

Ay, qué güenos estaban los nopalitus…

Saludos cordiales.

G.

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1 comentario

Djini Domina Venti
29 / 09 / 07 a las 3:04 pm

Shale, supongo que tan buenos que ya se me antojaron… :(


 
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