En el último minuto. Como siempre. Carajo.
Y ni así voy a dejar de ser atlista.
Ahí estaba yo, preparándome mentalmente para la tarea de ver quién cuernos va a ser el macho que se atreva a tocar mi BMW. Luego recordé que no tengo BMW, y ni siquiera tengo carro. Lástima.
El día transcurre con calma y tranquilidad. La última ponencia del méndigo congreso de marras ya fue revisada y certificada. Los últimos cambios fueron ya agregados. Las últimas modificaciones fueron modificadas. Hasta me dí el lujo de hacer una portada para el CD de memorias. Y me fuí a comer.
Un individuo fue a una mancebía, casa de lenocinio, ramería, prostíbulo, burdel, lugar de trato o lupanar y le pidió a la madama una mujer. Para su gran sorpresa, la daifa que le trajo la proxeneta era su propia esposa, quien en sus ratos libres -que eran los más del año- ejercía ahí el noble y antiguo quehacer del meretricio. El hombre prorrumpió en dicterios, pues tenía una elevada idea de la moralidad. “¡Mira nomás!” exclama la señora al oír sus invectivas, “Yo vengo aquí a trabajar para ganar dinero; tú vienes a gastártelo, ¡y aun así te enojas!”
Una vez que el futbol mexicano ha retornado a sus niveles acostumbrados de surrealismo, es tiempo de actualizar cómo va la idea del GEEK.
Va muy bien, pero podría mejorar.
Y, por supuesto, puse al cabrón de O a que limpiara.
Llego a mi oficina esta mañana y lo que primero me sorprende es que no hay dos cabecitas mirándome desde la azotea. Bueno, es ganancia: siempre me daba miedo que la bruta de Merle Ivonne se fuera a caer a base de meneos de cola.
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Llego a mi oficina, calmado y tranquilo tras haber visto un concierto de rock de los buenos, pues lo que queda de The Doors sigue siendo mejor que muchos grupos de pendejetes de hoy en día, y al abrir la puerta de mi oficina y mirar para arriba para saludar a Merle Ivonne me encuentro que además de una cabeza blanca hay una cabeza negra.