Ars longa vita brevis (1)
Un individuo fue a una mancebía, casa de lenocinio, ramería, prostíbulo, burdel, lugar de trato o lupanar y le pidió a la madama una mujer. Para su gran sorpresa, la daifa que le trajo la proxeneta era su propia esposa, quien en sus ratos libres -que eran los más del año- ejercía ahí el noble y antiguo quehacer del meretricio. El hombre prorrumpió en dicterios, pues tenía una elevada idea de la moralidad. “¡Mira nomás!” exclama la señora al oír sus invectivas, “Yo vengo aquí a trabajar para ganar dinero; tú vienes a gastártelo, ¡y aun así te enojas!”
