And now, just for fun…
Ahí estaba yo, preparándome mentalmente para la tarea de ver quién cuernos va a ser el macho que se atreva a tocar mi BMW. Luego recordé que no tengo BMW, y ni siquiera tengo carro. Lástima.
Hoy fue día de bancos. Destino dos días al mes para ir avisitar bancos, aunque en lugar de que me den dinero generalmente terminan quitándomelo. Es lo que tienen las tarjetas de crédito y elhecho fundamental, humano y prosaico de que viví de ellas durante el tiempo en que estuve en Vancouver. *Sigh…*
Antes de vender mi autonave para largarme arriba del paralelo 49, las visitas bancarias solían tomarme toda una mañana y llegaba yo a casa con un humor de mil demonios. Hoy la visita duró toda la mañana pero llegué a casa con un libro nuevo para mi colección, ya que me sobró tiempo para llegar a las librerías Ghandi (que no me darán ni madre por hacerles el comercial) donde adquirí un libro altamente recomendable, llamado Política de la Liberación: historia mundial y crítica, de Enrique Dussel, publicado por editorial Trotta (que tampoco me darán ni madre por hacerles el comercial) y que plantea un punto de vista radical: “¿y si mandáramos la cuerno la visión eurocentrista de la Historia?” Al contrario de los ejercicios “What If?” que plantean algunos historiadores con mucho tiempo libre entre manos, aquí simplemente se plantea el hecho innegable de que los europeos no eran el centro del universo y que hay mucha más historia que nadie se ha planteado expandir en realidad. Está bueno el libro y lo atrapa a uno, a pesar de sus 406 pesos de costo.
Pero me desvío de mi tema inicial, que eran los bancos. Cuando iba a hacer mi ronda quincenal para pagar cuentas, observé con horror que la mayor parte del tiempo que perdía yo en los bancos era para encontrar estacionamiento. Hoy caminé 8 kilómetros en tres horas, mas una hora de escala bancaria en cuatro establecimientos diferentes y 5 minutos en la librería, y me dí cuenta que era lo mismo que me tardaba cuando tenía que estacionar el Chevy, el Cutlass o el Sakura, que eran mis anteriores automóviles. Me tardaba todavía más en el Cutlass porque era el más grande y era más difícil encontrarle estacionamiento. En cambio, ahora no nada más no necesitaba estacionarme, sino que me podía dar el lujo de llegar antes que los pobres diablos que, estresados, buscaban un lugar para estacionar su monstruo de 4 o 6 cilindros.
Lógico es que no me daba yo cuenta de esta situación cuando era yo un esclavo de mi coche. Llevo algo así como 9 meses sin auto y no lo he extrañado en lo más mínimo. Al contrario, mis piernas adquirieron una consistencia similar al hierro forjado y mi panza evaporó 20 kilos de grasa, además de que mejoré en 30 minutos mi récord del kilómetro (10 minutos a velocidad constante, equivalente a 10 cuadras estándares en esta ciudad globera y bicicletera, cuando antes hacía 15 minutos por kilómetro)
y gasté un par de tenis Nike que me habían durado ya 1 año sin desgaste aparente.
Me siento tan en forma que llego más pronto caminando al súper que mi carnal en carro, y es que aunque no está precisamente muy lejos pero tampoco tan cerca, yo no necesito estacionar la autonave ni lidiar con el tráfico, cosa que mi carnal sí debe hacer. Como ventaja adicional yo ya no tengo que sacar el coche de la pensión, que agrega su buena dosis de tiempo al recorrido.
Sin embargo, hay veces que estraño estar motorizado, especialmente cuando debo ir al super. Para esas ocasiones estoy pensando seriamente en adquirir una motocicleta. Son económicas, caben en todos lados, y son para una sola persona, si acaso, con una mochila o una maleta detrás. Dado que voy solo a todos lados, no hay ningún problema. Y si acaso me toca llevar a alguna nenorra a algún lado, el clásico “Agárrate, corazón” promete bastante emoción, aventura y otras cosas, según me explica mi lujuriosa y calenturienta mente.
Pero bueno, mientras no junte dinero para comprarme una moto BMW o superior (pues si me voy a matar voy a hacerlo con estilo) seguiré siendo un peatón alegre que va a todos lados cantando con su ipod mientras la gente mueve la cabeza y dice “ahí va un pendejo más…”
Qué vida esta.
Saludos cordiales.
G.
