Same old story…
En el último minuto. Como siempre. Carajo.
Y ni así voy a dejar de ser atlista.
Mañana inicio a escribir mi novela, “La Quinta Fuerza.”
He traído esta idea en la cabeza desde hace unos diez años, cuando al calor de unas calientes y el frío de unas heladas en el afamado antro de vicio y perdición “Candy’s Bar” (que ahora ya se graduó a “Candy’s Table Dance” y sigue siendo la misma porquería), en el anteriormente citado bule, decía yo, uno de mis compañeros de facultad y yo discutíamos sobre un libro que él habíoa leído y yo no, llamado algo así como “las matemáticas de la magia.” Es hora que yo todavía no leo el libro, pero me sigo preguntando qué pasaría si en el mundo mundial y nuestro de nosotros existieran no cuatro fuerzas, sino cinco.
Es por ahora conocido y simplificado que en este mundo existen cuatro fuerzas: la fuerte, la débil, la electromagnética y la gravitatoria. En mi mundo de fantasía existe una quinta, la magia, que es más débil que la gravedad pero que en grandes cantidades puede contrarrestar sus efectos. Y lo interesante con esta fuerza es que, en mi peculiar mundo de fantasía, la magia puede ser aprovechada por medios mágicos (un toque sutil de ironía, tan sutil que por poco y se me desvanece) que implica que, en mi mundo fantástico, la magia es una herramienta, y puede ser estudiada de la misma manera que podemos estudiar las demás fuerzas en nuestro mundo.
Lo interesante es que voy a escribirlo simplemente para ver qué tan capaz soy de escribir bajo presión. El chiste es escribir un promedio de cuatro páginas diarias hasta obtener un gran total de 50000 palabras e un total de 30 días. Escribir un artículo diario no es problema, ya que además el número de palabras diarias no excede de las mil en un momento dado. Escribir cuatro páginas de texto son casi mil setecientas palabras, y escribo eso en cosa de dos horas, incluyendo las pausas para eliminar los errores de dedo aunque sin eliminar las faltas de ortografía. Habrán notado que, de cualquier manera, no suelo cometer muchos errores y que los textos que tienen fallos suelen ser no ortográficos sino de dedo, como escribir cada en lugar de casa, que solía ser un fallo muy común en el tiempo en que aprendí a teclear sin ver el teclado.
A ver qué sale. Esta noche voy a soñar el argumento y mañana empezaré a escribir lo primero que se me ocurra.
Saludos cordiales.
G.
