Almost, but not entirely, quite complete…
Ayer el cubo de la escalera no tenía bóveda catalana. Hoy a medio día, la bóveda estaba no sólo puesta, sino completa, incluyendo el colado de cemento y los ladrillos de azotea perfectamente junteados.
Falta una cosa ínfima por hacer para que terminen de arreglar mi castillo. En términos cualitativos, es una madre, que es la unidad de medida más pequeño en el sistema métrico chinguesimal, que tiene como medidas base al chingo, a la madre y a la minimierda.
Dado que ya tengo completamente puestos y colocados además de en su lugar a las bóvedas catalanas de la bodega y del cubo de la escalera, sólo falta impermeabilizar los techos y colocar las piezas de cerámica que cubrirán las paredes del baño y listo, ya hemos terminado y puedo enviar a los albañiles a la goma, o tal vez más lejos, a la chingada, por ejemplo.
De esta manera puedo dedicarme a las actividades que en este momento, por el polvo que reina en mi propiedad, he tenido qué aplazar, tal y como bañar a Merle Ivonne y acomodar mi museo privado de triques y tiliches no funcionales. También podré darme el lujo de mover la cámara de seguridad a su posición permanente y reorganizar el sistema telefónico para que los tres números de teléfono que tengo queden en orden alfabético. Por cierto que sigo buscando una antena parabólica. Si alguien tiene una que no quiera, que me avise. Lo que me recuerda que debo montar una antena aérea para ver la tele, lo que implica simplemente treparme a la nueva bóveda catalana para ponerla sobre el mástil de la antena del teléfono (dado que mi servicio telefónico y de internet es proporcionado por Axtel, que no se ha dignado en agradecerme que le haga publicidad gratuita) y colocar un bújero en la lámina de policarbonato (con el aplicador que compré en Agujeros O’John) para pasar el cable.
Falta entonces limpiar toda la mugre acumulada, y listo, podré retomar mis negocios en el punto en que los dejé, que es lo mismo que decir que están en el punto de partida, puesto que antes de hacer cualquier otra cosa preferó que estos cabrestos hicieran todo el desmadre que quisieran.
Por tanto, y en vista del éxito obtenido, saludos cordiales.
G.
