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Pareidolias

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The term pareidolia, referenced in 1994 by Steven Goldstein, describes a psychological phenomenon involving a vague and random stimulus (often an image or sound) being perceived as significant and are culture-dependent. Common examples include images of animals, objects or faces in clouds, the man in the moon, and hidden messages on records played in reverse. The word comes from the Greek para- — beside, with or alongside — and eidolon — image (the diminutive of eidos — image, form, shape). Pareidolia is a type of apophenia.

El término pareidolia, descrito en 1994 por Steven Goldstein, describe un fenómeno psicológico que involucra estímulos vagos y aleatorios (la mayor parte imágenes y sonidos) que son percibidos como significativos y dependen de la cultura del observador. Ejemplos comunes incluyen caras o imágenes de animales u objetos en las nubes u otros objetos, el conejo o el hombre de la Luna y mensajes ocultos en grabaciones puestas en reversa. La palabra proviene del griego para- — junto, con, o a un lado de — y eidolon — imagen (el diminutovo de eidos — imagen, forma, figura). La pareidolia es una forma de apofenia.

Dado que mis lectores más avezados saldrán en este momento disparados a buscar en su diccionario de confiansa qué cuernos significa apofenia (”la experiencia consistente en ver patrones, conexiones o ambos en sucesos aleatorios o datos sin sentido,” para quienes no quieren ir a buscar en el diccionario) esperaremos un minuto a que regresen antes de continuar.

Bienvenidos de nuevo una vez más. Qué gusto me da que hayan ustedes incrementado en un punto su nivel de cultura. Es tiempo de reducirlo. El tema de hoy no tiene qué ver con las pareidolias, a pesar de que todo mundo ha tenido algunas experiencias con ellas, aunque no supieran de lo que se trataba. Las pareidolias las dejaremos para más adelante. Empezaremos con el asunto que me inspiró a escribir el artículo de hoy. Estaba yo escuchando pasar al tren, cosa que me sigue asombrando dado que el desgraciado tren tiene una sirena tan potente que logro escucharla con total claridad en mis dominios a las 7:17 de la tarde en punto a una distancia que, si mis cálculos son correctos, es de un mínimo de dos kilómetros seiscientos ochenta metros, o sea, está bastante lejos el origen del sonido. En ese momento batallaba yo con un apagador de escalera, que tenía la curiosa costumbre de que cada vez que lo acomodaba yo se desacomodaba él solo, porque en lugar de cable lleva alambre, y el alambre funciona como resorte. Pero creo que debo iniciar por el principio y terminar por el final.

El día inició temprano, como suelen iniciar los días. Que yo no me haya levantado temprano es algo que no tiene que ver con el asunto a tratar. La cosa es que fui a comprar los artilugios y suministros necesarios para colocar la luz en la habitación de arriba, y sorpresa sorpresa, me encontré el ventilador que tanta falta me estaba haciendo con un ligero defecto que me permitió obtenerlo a mitad de precio: la sección de lámpara del ventilador en lugar de tener una pantalla de cortal cristado cristal cortado, tenía un rompecabezas de 15 millones de piezas. No le dí importancia y lo abordé, y me dije a mí mismo “Casi estás en Bel-Air!” y procedí a adquirirlo, junto con una serie de contactos y apagadores modulares, una caja de alambre calibre catorce que estaba rebajada y dos o tres porquerías más por si las dudas. Creo que una de esas porquerías era un chocolate, pero no estoy seguro. La cosa es que llegué cargado con mis cosas y mi factura, y procedí a subirme a instalar las cosas.

Lo primero fue ver por dónde pasaban los tubos que puso el bruto del electricista. La cosa es sencilla. Se supone que le dije (le dibujé en la pared, de hecho) dónde debían poner los tubos. Le expliqué en un diagrama en tercera dimensión (el cuarto) dónde debía hacer los agujeros y cómo debían ir los tubos. Y le informé que, para evitarme hipotéticos dolores de cabeza, no pusiera ni cable ni alambre ni contactos ni interruptores ni nada similar que no fuera un alambre guía. Yo mismo en persona colocaría mis cosas como yo quiero en el orden que quiero y con las funciones que quiero. En pocas palabras: has los bújeros y vete. Dicho y hecho, mientras yo batallaba con una traducción de un videojuego el electricista y el albañil batallaban con la pared, uno haciendo agujeros y el otro tapándolos. Cuando subí, que fue unos dos o tres días después, los agujeros estaban cerrados y el enjarre estaba completo y liso. Los agujeros sí quedaron como quería que quedaran, y no le dí mayor importancia a la verificación de las tuberías.

Hoy, que subo con mis triques y tiliches con intención de instalarlos, se me ocurre verificar por dónde pasaban  las guías y me encuentro con la sorpresa de que las guías no pasaban por donde debían pasar. “Ah, chingao,” me dije en voz alta. Jalé la guía que se suponía era la del ventilador y observé con horror y sorpresa que en lugar de dirigirse hacia arriba, como las guías finas y educadas, se dirigía hacia la derecha.  No sólo se dirigía hacia la derecha, sino que por alguna extraña combinación de resultados cuánticos, la guía entra a la caja del ventilador por la izquierda. Y un análisis aún más cuidadoso demuestra que el trazo, en lugar de ser una línea recta, tiene la forma de una S estirada en uno de sus extremos. El resultado es que en lugar de necesitarse dos metros cincuenta centímetros de cable para conectar el ventilador al distribuidor, se necesitan tres metros ochenta centímetros. “Bueno,” me dije yo, “podría ser peor.” Y fue peor.

Debajo de ese distribuidor salían dos conductos, uno a la izquierda y otro hacia abajo. El de la derecha se dirige hacia el extremo este de la pared, en diagonal. El de abajo dobla en una graaciosa curva con forma de S y se dirige al extremo oeste de la pared, donde están los contactos. Pues bien, yo especifiqué que uno de los conductos debía ir directo hacia la conexión principal de luz, ubicada al oeste en la esquina inferior derecha, de donde se dirigiría al este, y el distribuidor además me permitiría colocar una pastilla térmica para aislar a los contactos de la luz y el ventilador, instrucción que fue ignorada olímpicamente. Y la conexión del distribuidor hacia el contacto debía ser recta en ángulo de 45 grados, no en forma de S para entrar por arriba de la doble caja. Así que me vi obligado a pasar cinco cables por donde sólo debían pasar tres, para mantener el aislamiento entre contactos y luces, de manera que si alguien intenta suicidarse metiendo un clip en mis contactos, se activa la pastilla térmica que interrumpe la corriente y fracasa el intento, y además me permite tener luz para ver quién fue el idiota que pretendió suicidarse de tan estúpida manera, pudiendo en cambio lanzarse desde la azotea del segundo piso de cabeza aunque dejara la calle hecha un asco en el proceso.

Acomodé, pues,  como pude mis cables, y procedí a colocar el ventilador, esperando que por lo menos los soportes estuvieran tal y como los pedí. Para mi sorpresa sí estaban en la posición requerida,mas no en el ángulo que esperaba: en lugar de estar a 90 grados con respecto a la horizontal, uno estaba a 80 y el otro a 70 grados, de manera que hubo que forzar un poco el soporte para que pudiera entrar en su lugar. Me dije a mí mismo una vez más “Calma, cabrón, que ya casi acabas…” y me respondí de mala manera “Si no me encabrono por lo que me falta sino por no haber supervisado, chinagada mádere…” y empleando la técnica cinética de colocación de soportes (un martillazo bien aplicado) el soporte entró, procedí a atornillarlo y coloqué el ventilador en su lugar. Luego procedí a amarrar los cables. Ésto se facilitó enormemente porque mis cables están codificados por colores. Los azules con los azules, los negros con los negros, los verdes con los verdes y los blancos con los blancos. Azul interruptores, negro corriente, blanco neutro, verde tierra. Instalé todo y procedí a colocar las aspas del ventilador. En cuanto consiga la pantalla todo quedará de lujo, por ahora, quedó con un foco y con eso me doy.

A continuación me puse a poner el apagador de escalera que se encargará de prender y apagar la luz de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo, algo que, aunque se parece, no es lo mismo.  Coloqué los cables, instalé los apagadores, seguí mi código de colores y agregué un par de cables rojos para facilitar posteriores revisiones, y vualá, el apagador encendía y apagaba. Entonces, y sólo entonces, intenté colocar los cables en la canaleta que había olvidado comprar, de manera tal que me limité a introducirlos en la canaleta ya existente (un trecho pequeño pero efectivo) y procedía  acomodar el apagador en su caja. Pero caray, algo fallaba. Intenté por todos los medios acomodar el interruptor pero éste tenía la tendencia a romper el alambre que conectaba la corriente. Ya llevaba yo diez centímetros de alambre cortado y pelado sucesivas veces cuando me dí cuenta de que el problema era que había demasiado alambre en la caja, así que corté otros diez centímetros, dejando otros diez de reserva. Entonces me dí cuenta que la caja estaba veinte centímetros arriba de donde había dicho que la pusieran. Bueno… ya no debía enojarme porque el daño ya estaba hecho.

Procedí a repetir el procedimiento en la parte superior, donde descubrí con sorpresa que también me sobraban 20 centímetros de alambre. Y me dí cuenta que los apagadores quedarán cubiertos por la puerta cuando ésta se abra: están corridos 20 centímetros al oeste.  Carajo, la próxima vez hago yo personalmente los agujeros. Me limité a colocar todo en su lugar y procedí bajarme a buscar la botella de vodka que guardo para esta clase de ocasiones. Estaba vacía. ¿Qué podía hacer, entonces, para expresar mi elevado nivel de encabronamiento? Lo más obvio del mundo: me pondría a escribirlo. Una hora después, sin ediciones y son una interrupción para contestar el teléfono, el artículo está completo. Sólo falta un ligero detalle:

Y G dijo: “Hágase la luz.”

Y subió el switch.
Saludos cordiales.

G.

Publicado el 16/01/2008, a las 08:14:28 pm.

Categoría: en construcción

En nuestro capítulo anterior: « Time to carry things… »

A continuación, en Guanatinghamshire « Hey, nice heffalump »


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