Business as usual

Hoy me voy a ver a mis zorros del Atlas jugar contra los tecolotes de la UAG, y eso me recuerda cuando la UdeG tenía sus leones negros jugando contra las chivas del Guadalajara.

La vida era sencilla entonces. Todos los fines de semana había futbol. La alta sociedad contra la baja estofa. Ricos contra pobres. Y cuatro equipos diferentes.

El Atlas siempre ha sido un equipo elitista, desde que Lico Cortina lo fundara allá por 1917. Seguía las pautas del futbol inglés porque sus jugadores habían estudiado todos en Inglaterra. Gente que a la hora de rematar de cabeza se quitaban el sombrero, y que si otro jugador se lastimaba retiraban a uno de los suyos para quedar en igualdad de condiciones. Gente que jugaba bonito porque ese era el espíritu del futbol, sin acento por favor. Gente fina y educada, vaya, aunque no tuvieran dinero suficiente para alardear de él.

El Guadalajara siempre ha sido el equipo del pueblo, desde su fundación. Era el equipo donde cualquier hijo de vecino podía jugar al furbol, bien o mal, y acceder a una vida nueva. No es de extrañar que muchos de sus aficionados provengan de trabajos que, bien o mal pagados, no requieran gran esfuerzo intelectual: panaderos, albañiles, mecánicos, tenderos, carniceros. Sí, soy un racista de mierda y un intolerante, pero es mi artículo en mi blog y aquí escribo lo que se me da mi chingada gana. Pero ¿de qué otra forma podemos explicar esto?

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No es de extrañar que cuando una vez, en un partido de las chivas, un cabrón gritó “¡Se están robando las bicicletas!” la tribuna alta del estadio quedó vacía…

Los tecos, en cambio, nunca han sido gran cosa. El equipo se fundó para que los universitarios tuvieran algo qué hacer y, a pesar de ser materia obligatori, los Leaño (dueños de la universidad) jamás han logrado meter a 500 tecos en su estadio, que es uno de los más grandes del mundo (rara vez se llena). Peor ahora que el ‘Cheto’ Leaño, hijo del dueño, juega con ellos. No me quiero imaginar el berrinche es casa de los Leaño cuando el junior dijo que quería jugar futbol y ningún equipo lo quería contratar.

Pero los leones negros de la UdeG son otro cantar. Yo diría que son el cantar de los cantares. Nunca ganaban nada, el Jalisco les quedaba grande, y nunca tuvieron ni siquiera una rivalidad digna con los otros universitarios, y cuando a algún genio se le ocurrió reducir el número de equipos de 20 a 18, los directivos universitarios, que eran y son tan brillantes como un foco fundido, por más grillos y diablos que sean,acordaron que la franquicia fuera la primera en desaparecer, a cambio de unos cuantos milloncetes. Ignoro si alguna moneda cayó a las arcas universitarias, pero para 1994 ya no había leones negros en el zoológico futbolístico nacional.

Así es la vida. Yo me largo al futbol, y nos vemos mañana en la inauguración de The GEEK.

Saludos cordiales,

Quoth.

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