Chapter 5: the window

Ya conocen las reglas.

La luz, nacarada y débil, dejaba ver el interior con mediana claridad pero sin muchos detalles. No podíamos permanecer ahí para siempre. Buscaba yo la puerta que nos sacara de la cabina de recepción. La voz habló antes de que recuperara yo la compostura.
–Puedes llamarme ANA. Son las siglas de Algoritmo Neural Avanzado. Soy la interfaz entre la tripulación y el sistema operativo de la nave. Es necesario que accedan al puente de mando antes de continuar. Cuento 110 personas. Por favor accedan a la nave por la puerta marcada con la luz azul.
–Ya oyeron a ANA –dije, por un momento aliviado de no tener que parecer un idiota frente a los niños.

Estábamos en gravedad cero. Algunos de los niños tenían problemas para moverse en ese ambiente; los adultos no podíamos darnos ese lujo. La nave estaba organizada en secciones para civiles y para militares, pero por el momento, para ahorrar energía, todos estábamos en la zona militar. Asigné a 10 niños para cada tutor, y tomamos cada uno una habitación, cada habitación para 20 personas. Sobraría espacio por un buen tiempo. Los niños dirimían ellos cómo se iban a acomodar mientras los adultos tratábamos de organizarnos. ANA aliviaba mucho nuestro trabajo; con su ayuda podríamos
organizarnos en tres turnos de sólo tres personas en el puente, y yo sería el capitán en funciones. En emergencias deberíamos estar los diez trabajando, pero no esperábamos emergencias. Mi primera orden fue separarnos de la Anubis, la nave que nos había llevado hasta nuestro nuevo hogar, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando ANA respondió que la nave ya estaba en curso a Marte. Las órdenes automáticas nos habían puesto en marcha y no nos habíamos dado cuenta de ello. Las órdenes automáticas no necesitarían de nuestra intervención durante una semana, al menos. De cualquier modo me quedé en el puente de mando durante el primer día.

A pesar de su corta edad, los niños no daban muchos problemas. Exploraron toda la nave y la conquistaron; para ellos era como estar de vacaciones. Era una aventura, y la única herramienta que necesitaron para vivirla eran lámparas de mano. Encontraron cosas que no estaban en el mapa y que ANA no supo decir qué eran. Fue Sara la que encontró una grabación que mostraba al Doctor. Fue Sara la que me llevó a esa sala, con una mezcla de orgullo y temor. Y Fue Sara el único infante a bordo que supo cual era nuestra misión.
–Bueno, ya que tú encontraste la grabación, es justo que le pongas nombre a la nave –le dije a Sara.
–¿El que yo quiera?
–El que tú quieras. Pero no podremos cambiarlo después.
La niña lo pensó bien y dijo, con voz firme:
–Bebop.
Extrañamente apropiado, pensé. Después de todo somos vaqueros del espacio.

No teníamos forma de saber lo que pasaba en la Tierra, la Luna, Marte o Cauda. A la distancia en la que nos encontrábamos se requería de un haz estrictamente apuntado en nuestra dirección para recibir cualquier clase de información, y nadie sabía dónde estábamos. Ni siquiera nosotros. El régimen de señales era muy paranóico y había poca luz para trabajar.
–Capitán –la voz de Bob me sacó de mi concentración–, sé perfectamente dónde estamos y no lo vas a creer.
–Pruébame.
–En cosa de 24 horas vamos a cruzar la órbita de Neptuno. A esta velocidad, llegaremos a Proxima Centauri en 7 años.
–Pero si activamos a la Bebop el consumo de energía retrasará nuestro viaje –interrumpió Nix–, y si mis cálculos son correctos, potencia total en toda la nave implica consumir la mitad de la energía disponible.
–Llegar en 7 o 15 años es lo mismo –dijo Doc– porque sólo tenemos alimento para un año.
–ANA, dime en qué momento terminan las instrucciones automáticas.
–En el momento en que entremos a la heliopausa y se marque rumbo a Próxima Centauri.
–¿Cuánto falta para llegar a la heliopausa, Bobby baby?
–Unas 40 horas.
–ANA, programa una alarma para el momento en que terminen las instrucciones automáticas.
–Alarma programada.
–Si tu predicción es buena no volveré a dudar de ti. Si fallas harás doble turno.
–Si acierto me deberás un trago.
–El bar más cercano está bastante lejos.
–Tal vez, pero sé de buena fuente que siempre cargas un par de botellitas de whisky disfrazadas. A menos que ya te las hayas bebido.
–Pues esta vez tengo una botella de vodka del duty free.
–No soy exigente.
–Sea –dije, y estreché la mano del buen Bob para sellar la apuesta.

Tsuzuku.

Quoth

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