Mismas reglas…
En el puente de mando estaba un hombre viejo. No debía haber un hombre viejo. Y mucho menos un hombre viejo transparente que flotaba de cabeza. Si no me estaba afectando la radiación, y no me había vuelto loco, sólo había una respuesta lógica.
–Bienvenido, capitán –dijo el holograma del Doctor–. Espero no interrumpirle. Sería un mal momento. Sírvase tomar asiento. Puede fumar, si quiere. Puede estar desnudo, si quiere. De cualquier manera no estoy aquí.
»Para este momento deben llevar ustedes ya siete días en el espacio. La nave debe estar funcionando de acuerdo a lo planeado y no espero que tenga problemas significativos. Aún así debe haberse presentado algún problema menor que espero haya sido corregido. Eso lo espero porque de otra manera ANA no estuviera presentando éste mensaje. A menos, claro, que mi nave haya tenido un fallo catastrófico, en cuyo caso no siquiera estuviéramos usted y yo charlando.
»Es tiempo de felicitarlo anticipadamente y decirle lo que ha estado pasando a sus espaldas. Para este momento ustedes ya deben haber salido del sistema solar. La materia en el sistema debió haberles proporcionado un fuerte impulso, y fuera del sistema encontrarán aún más materia que los impulsará a velocidades enormes. El problema con estas velocidades es que es posible utilizarlas en un sólo vector de impulso. De hecho, el generador que está impulsándolos dejará de trabajar en aproximadamente 10 días, y se limitará a hacerlos frenar durante el fin de su viaje. Alcanzarán ustedes la mitad de la velocidad de la luz, y aún así se tardarán más de 15 años en llegar a Alfa Centauri. Sin embargo, este cálculo no tiene en cuenta la relatividad general. Para ustedes tal vez pase menos tiempo. Será una oportunidad genial de ver la paradoja de los gemelos en acción. En este momento estoy comunicando a la humanidad que su viaje ha funcionado a la perfección, que van ustedes encaminados a nuevos mundos, y que si mejoran mi diseño tal vez les alcancen al fin de su viaje. Cuento con ustedes para colonizar extraños y nuevos mundos, y si alguna vez se logra romper la barrera que nos impone la luz, espero que la humanidad se convierta en un imperio que colonice todos los rincones de la Galaxia primero y del Universo después.
»Me imagino que sus colegas en Cauda, la Luna y la Tierra deben estar muriéndose de envidia o ahogándose en una furia ciega. Incluso es probable que cuando levanten estatuas, ni a usted ni a mí nos dediquen alguna. Pero no importa. Los métodos usados compensarán ese hecho. Lo que sí quiero hacer es pedirle perdón, capitán, por haberlo obligado a hacer este viaje. Aún así espero que aprecie el reto. Tiene usted a su disposición un planeta de bolsillo, con nuevos retos. Justo lo que usted y su equipo necesitaba. A partir de ahora están ustedes limitados. Están en un mundo rico, pero los recursos con que cuentan no son suficientes para convertir el viaje en un paseo por el vecindario. Deberán ustedes trabajar muy duro, y desarrollarán nuevas tecnologías para ayudarles. Harán ciencia. Se enfrentarán a problemas que nunca ningún humano enfrentó mas que en un marco teórico. Y todo para sobrevivir en un lugar extraño.
»Capitán, ANA le dirá cuánto tiempo tiene usted para pensar el mensaje de despedida que le dedicará a la humanidad. Y cuánto tiempo debe durar ese mensaje. Por mi parte, es todo. Nunca más lo veré y usted nunca más me verá. Deseo, de todo corazón, que llegue usted con bien a su destino.
El holograma desapareció, y ANA habló.
–Los límites establecidos por el programa para comunicación audiovisual fueron cruzados hace cuarenta minutos, capitán. Los límites para una comunicación por audio de alta calidad se cruzarán en 30 minutos.
–ANA, dame cinco minutos para asimilar lo sucedido. Avísame al terminar ese tiempo. grabaremos 5 minutos de audio y lo enviarás en el formato adecuado cuando terminemos de grabar.
–Entendido, capitán.
Lo mejor era cortar todos los nexos de una buena vez. Me quedaría siempre con la duda de qué pasaría en la Tierra cuando se enteraran de nuestra fuga. Pero tenía yo cosas más importantes de qué preocuparme.
Terminé de grabar el mensaje y fui a la enfermería. El tanque estaba totalmente oscuro. Me desplomé en una esquina y me quedé ahí, a esperar que los bichos de Houston hicieran su trabajo. Sería mejor si el resto de la tripulación no sabía lo que había pasado.
Y me dormí.
Tsuzuku.
Quoth.
