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En mi vida he tenido muchos perros. He tenido desde perros chiquitos hasta perros grandes, desde perros callejeros hasta perros finos, perros bonitos y perros feos, y algunos que combinan características de las categorías anteriores.

Pero la Albina, como diríamos coloquialmente en estas latitudes, se me está saliendo del huacal.

El problema consiste en que no tengo espacio suficiente para mantener a esa pobre chucha en un lugar adecuado. Mantenerla en el patio implica que no hay espacio suficiente en dónde pueda correr, por ser una perra de gran tamaño. Para la Merle Ivonne está bien, o por lo menos está lo suficientemente bien como para no tener grandes problemas, pero la Albina mide un doscientos cincuenta por ciento más de alzada, pesa trescientos veinte por ciento más, es doscientos ochenta más fuerte y tiene un ciento ochenta por ciento más de alcance. En resumen, es el doble de grande y todavía crece. También es mucho más activa. La mejor prueba de ello es que la habitación de arriba que también era museo, ahora parece más bien zona de guerra, y si bien no hay accidentes qué lamentar, digamos, pisar un desecho sólido que unas horas antes era más bien alimento, la verdad es que hiede a perro sudado y apesta que golpea si te descuidas. Anteriormente, hace un chingo de tiempo, cuando era yo joven, bello e indocumentado (o sea, hace un chingamadral de tiempo), teníamos un patio grande en casa, y una adecuada combinación de razas que permitía que ese patio fuera adecuado para mantenerlas. Incluso Kerchak, mi perra Alaska Malamute, se sentía muy a gusto, y como había una bardita de 10 centímetros en la orilla que daba al jardin, la nena la utilizaba como almohada a la hora de dormirse, de donde vigilaba atentamente la luz del baño para saber si no se metía alguien a deshoras. Pero Kerchak sabía que cuando le tocaba salir al parque, iba a salir a correr, así que en casa se limitaba a dar vueltas, oler flores, morder moscas y cazar grillos y cucarachas. También sabía que no tenía que meterse a la casa y se quedaba muy a gusto afuera, en el fresco de la tarde y noche, o bajo la sobra junto a la manguera, cuando hacía mucho calor. Pero a la hora de salir la condenada Kerchak nos arrastraba, ebria de gozo, y más de una vez intenté aprender a andar con patines para que Kerchak me paseara a mí. Una vez hasta movió un carro: una Brasilia, si mal no me acuerdo, a cuya defensa la habíamos atado para hacer una toma para un video que haría las veces de tarea universitaria. Era una ternura de perra.

Pero la historia con Albina es harina de otro costal. Si bien Albina no ha aprendido a bajarse de la escalera, su afición a asomarse para ver si ya había llegado yo provocó un curioso efecto secundario. Mientras escribo estas líneas Merle Ivonne está en mi privado, detrás mío, en el fresco del piso, durmiendo. No debería estar ni durmiendo, ni en el fresco del piso, ni detrás mío en mi privado. Debería estar allá arriba, correteando a Albina o dormida en la habitación,  pero sin bajar. Lo que pasa, sucede y acontece es que la condenada Albina tumbó total y absolutamente las puertas que impedían que Merle Ivonne se bajara. Y he ahí el quid de la cuestión: la perra arrancó, literalmente, las puertas de las paredes. Porque yo había calculado las puertas para resistir el peso de Merle Ivonne, que es muy poco, y no el de Albina, que es muy mucho. Y Albina las movió de fea manera, hasta que de plano arrancó los goznes de las puertas junto con los tornillos, los taquetes y un trozo de pared.

Si tomamos en cuenta que además Albina come cual aspiradora y le debo controlar cuidadosamente el consumo total de calorías, so pena de encontrarme en el patio algo de gran tamaño que no debería estar ahí, podrán ustedes darse cuenta, estimados lectores, queridas lectoras y amables lectrices, que el haber dicho “Sí” a la pregunta de si podían traerme a la Albina en primer lugar se volvió uno de los más grandes errores en mi carrera. El otro fue haber dicho “No” cuando me ofrecieron un billete de lotería que salió premiado con 100,000 pesos hace cinco años, porque preferí irme a mi casa en camión en lugar de caminando. Creo que la pérdida de ese billete todavía me duele, aunque apenas me hubieran tocado cinco mil pesos por haber comprado el cachito, pero algo es algo.

Así pues, ahora me debato internamente para encontrar la forma de decirle a mi tía “Una de dos, o le buscas otra casa a tu perra o la regalo…” sin que se escuche que estoy desesperado por enviarla a un lugar muy, muy lejano, digamos Timbuctú. Se aceptan sugerencias para inspirarme.

Saludos cordiales.

Quoth.

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Once upon a midnight dreary, while I surfed, weak and weary, Over many a strange and spurious website of 'hot chicks galore', While I clicked my fav'rite bookmark, suddenly there came a warning, And my heart was filled with mourning, mourning for my dear amour. "'Tis not possible," I muttered, "give me back my free hardcore!" - Quoth the server, "404". Read 477 articles by Quoth
4 Comments Post a Comment
  1. Awake says:

    Jo, hacíais tan buena pareja…

    XD

    Mks.

  2. Quoth says:

    Ya me desahogué, querida, y encontré una solución ideal para mi dilema.

  3. Awake says:

    ¿Y cuál es, si puede saberse?

    Mks.

  4. En un rato lo publico, querida.

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