Acabo de descender de las alturas. Además de un ligero mareo, principios de insolación, y un dolorcillo en la cadera y espalda producto de las horas de inclinación que me soplé, todo normal.
Things I do to remain dry…
Things we do to remain dry
¿Qué harían ustedes para permanecer secos y calientitos mientras llueve? No sé ustedes, pero para mí la mejor opción es construir una cueva artificial e impermeabilizarla.
I’m so sick of that…
Una breve porque acabo de llegar a la oficina pero no puedo dejarlo pasar. Voy caminando por la zona del Santuario, lugar harto conocido por estas latitudes por ser el lugar por excelencia para ser estafado: farmacias piratas venden muestras gratuitas de medicamentos. Pues bien, voy caminando cuando una nube de vendedores se me acercan y con insistencia de cesante me preguntan “¿Quiere medecina, patrón?” “¿Qué ocupa, jefe?” y “¿Qué le traigo, señor?” Sin importar que no les hiciera el menor caso, los veinticinco cabrones éstos (exagero un poco, lo sé) seguían jodiendo gente.
Hasta que me paré, y con voz seca y profunda le pregunté al más cercano una frase que merece estar grabada en letras de oro en la Cámara de Senadores, o ya por lo menos en mi tumba, aprovechando que esta es la semana de los epitafios.
“¿Me ves acaso cara de enfermo, cabrón?”
Ah, la satisfacción de un trabajo bien hecho.
Saludos cordiales.
Quoth.
Epitafios para mi tumba (4)
Hubieran visto cómo quedó el camión…
