It’s Friday, and I’m not in love! Yeah!
- Perpetrado por: Quoth
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Si a este mundo vino, y no toma vino, entonces ¿A qué chingados vino?
Es viernes en la noche, y mientras muchos se van de marcha o de antros o a tables o a lupanares similares a emborracharse o ponerse morados o ciegos, yo disfruto de una tranquila noche en mi casa.
Tengo algo así como cinco años que no salgo los viernes por la noche y esta estrategia, aunque un tanto aburrida, me ha proporcionado pingües beneficios. Con lo que me ahorré me fui seis meses a Vancouver, lo que no es de despreciarse, y además me fuí a tomar clases de inglés, lo que tampoco es de despreciarse. También me endeudé hasta las cejas, pero eso es porque me dí la gran vida mientras estuve allá: mis vicios eran viajar y leer, y los libros no los regalan ni los viajes son gratuitos.
Así pues, mientras el resto de mis conciudadanos debe desde la quincena pasada el dinero ganado en la quincena próxima, yo me quedo en casa, leyendo un libro o viendo una película en pantalla gigante y con sonido envolvente, bebiendo un coñaquito, un tequilazo o un buen desarmador (y si estoy de muy buen humor, un desarmador con un desarmador auténtico como agitador) con la ventaja de que la misma botella me dura no nada más para una noche sino para todo un mes e inclusive más, dado que, como aficionado que soy a los buenos caldos, no bebo para emborracharme sino para disfrutar de la noche. Generalmente paso mis fines de semana solo, pues soy una persona que no tolera mucho el contacto con mucha gente, si siquiera con los miembros de mi propia familia. Soy, por decirlo en términos científicos, un sociótico. Si fuera un sociópata haría algo al respecto.
Y esto me recuerda una curiosa anécdota. Una de mis amigas de hace mucho tiempo ha, a quien le he perdido la pista desde que se casó, se sorprendió de encontrarme en casa un viernes en la noche. Resulta ser que ella marcó mi número por error mientras estaba en el antro, ella, no yo, y tras darse cuenta de que se había equivocado me preguntó la razón por la cual estaba yo en mi casa encerrado. “¿Encerrado? Nunca jamás,” dije yo mientras volteaba las hamburguesas que estaban cocinándose en mi asador, disfrutando de una bella noche, un bloody mary, y el sonido de las patrullas persiguiendo borrachos. La siguiente semana mi amiga vino a mi casa a pasar su viernes, porque se había acabado su dinero. Terminamos viendo una película, cociné algo de pasta italiana especialmente para ella, y creo que me gané una cachetada, pero no recuerdo por qué. Seguramente mi sentido del humor me traicionó en ese momento. De cualquier manera seguimos siendo amigos por un buen tiempo, hasta que ella se mudó de ciudad por cuestiones laborales, y de vez en cuando terminaba en mi casa, donde yo cocinaba y veíamos una película. Salía muy barato y la pasábamos muy bien. Me sentía yo un Hugh Hefner región 4 de bajo presupuesto. Y eso sí, que no se diga que no intenté pegar mi chicle con ella: simplemente ella no se dejó. Y creo que debería agradecerle, porque ella es una de las razones y causas por las cuales sigo gloriosamente soltero.
Saludos cordiales.
Quoth.
Publicado el 20/06/2008, a las 05:28:13 pm.
Categoría: Una nueva, digamos... esperanza.
En nuestro capítulo anterior: « Epitafios para mi tumba (5) »
A continuación, en Guanatinghamshire « So what are you doing now? »

Jejejeje, mmm, sociótico, me gusta el término, aunque a lo mejor yo sí soy sociópata, no lo sé, el caso es que me “engento” rápidamente, no me gustan mucho las multitudes y cuando ando en la calle o en sitios donde hay mucha gente, empiezo a sentir una extraña clase antipatía por todo el mundo, aunque ni siquiera conozca a la gente que pasa junto a mí…y por otro lado, ahora que recomiendan no visitar los antros y gimnasios de Chihuahua y Juárez porque se ha descubierto que muchos son pantallas para lavado de dinero, pues menos, no vaya a ser que nos toque una ráfaguita de AK 47.
yeah, mi clase de chica…