Love rally!
How cute! How sweet! How romantic! How… cloying and sickly sweet for my taste, anyway. Perdonarán la introducción en inglés, pero no pude resistir la tentación.
Fue el aniversario de Betelgeuse. Cassiopeia, su señora (la de Betelgeuse, aclaro), decidió darle un regalo espectacular. Y solicitó la invaluable ayuda de quien esto perpetra para realizar un trabajo que podríamos llamar excepcional si no fuera porque no lo fue tanto. Consistía en obligar a Betelgeuse a seguir una serie de pasos, a manera de un rally escolar, para que llegara a su regalo. Así que desde la semana pasada, justo el día que publiqué el artículo sobre el proceso de chroma key, trabajé tras bambalinas para editar a toda velocidad un video dividido en seis partes que guiara a Betelgeuse a su regalo.
Pero originalmente Cassiopeia no quería que fueran sólo seis partes.Logré convencerla de que, siendo mi hermano un huevón, seis se me hacían muchos pasos y lo más conveniente era no hacer un rally en absoluto, pero no me hizo caso. “Sea, pues,” dije yo, “que ya que empieces a pensar en las pistas me darás la razón.”
Y Cassiopeia no me dio la razón, pero bueno, cedió ante la abrumadora tarea que ella misma se había impuesto y de 20 pasos terminó poniendo seis, que fueron cuidadosamente preparados de la siguiente manera: una llamada mañanera con voz áspera y profunda, como de Batman y no como de secuestrador estafador de comercial gubernamental de bajo presupuesto, despertaría a Betelgeuse por la mañana, le diría que viera un video que ya estaba puesto en su dvd, y colgaría. El video lo guiaría hacia el baño, donde obtendría una nueva pista en forma de un nuevo dvd, cuyo video lo guiaría hacia la cocina, cuyo video lo guiaría hacia su auto, donde encontraría un nuevo dvd que lo guiaría a mi changarro, donde encontraría un nuevo video que lo llevaría a su changarro, donde habría un nuevo video que lo llevaría al patio de su changarro, donde estaría el regalo.
Pero dada la dificultad para transladarme de manera nocturna y penetrar a las profundidades del sacrosanto hogar de Betelgeuse sin despertar sospechas, y peor aún, sin saber qué día sería el mentado rally, por esa decisión que caracteriza a Cassiopeia, compartida por todas mis tías y que garantiza que será bien recibida en la familia (lo siento, querida, pero es la pura verdad), opté por la versión fácil, que además sería más sencilla de ejecutar por Betelgeuse. Compuse, pues, el dvd, con instrucciones sencillas, y lo coloqué en un sobre, que puse en sus manos con cara seria, justo antes de impartir instrucciones: “Te cae de madre si ves esto antes de que yo te diga.”
Cuando Cassiopeia me confirmó el día en que se realizaría el mentado rally de marras, procedí a despertar a Betelgeuse esa mañana y a decirle “Ahora sí ve el dvd” mientras yo volvía a dormirme, soñando con árboles que se movían y líneas que los unían (y llegando a una conclusión sin precedentes en mi mundo de ensueño, la cual era “Oye, carnal, ¿Y qué hago?” porque Betelgeuse procedió a pagarme la desmañanada con la misma moneda. La conclusión de mi sueño no alcancé a recordarla y se perdió para siempre, probablemente más tiempo aún, al menos hasta que vuelva a soñar lo mismo que puede ser nunca.
“Pues ve por tu regalo, chaval…” dije yo, tratando de retomar el sueñecito. Como Betelgeuse ya sabía el final del video, se limitó a recolectar los demás discos, que estaban oportunamente vacíos, para simular que había recibido todas las pistas y seguido todos los pasos, y se lanzó a su changarro. Qué hizo en su oficina lo desconozco. Supongo que ni siquiera disimuló ni puso el video para decir que había encontrado la siguiente pista y se lanzó directamente al ruedo. Qué encontró también lo desconozco, o más precisamente desconozco la envoltura, porque doy por sentado que quien estaba ahí era Cassiopeia. Me va a dar una pena cuando Cassiopeia lea esto y se dé cuenta que hicimos trampa en su rally, pero, bueno, la verdad es que ni Betelgeuse es lo que podemos llamar “ün amante a la antigua” como cantó el buen Roberto Carlos, ni yo sirvo para Cyrano o Celestina. Digamos que a mí el amor y sus demonios me tienen muy quitado de la pena, mientras que Betelgeuse más que romántico es un padrote.
Sin embargo, no puedo evitar en pensar que todo esto se pudo haber evitado por medio de algún hábil procedimiento que no me hubiese involucrado en primer lugar. Eso me pasa por metiche. Y además por meterme en lo que no me importa. En fin. Yo ya termino esto y me despido con un comentario extrañamente apropiado para la ocasión:
Este artículo tiene ochocientas catorce palabras desde la introducción hasta la firma.
Saludos cordiales.
Quoth.

814 = 2 * 11 * 37
Eso debe tener algún significado místico y misterioso, cómo no.
¡Saludos!
Y no vieras la de palabras extras que tuve que meter para lograr llegar a ese número…
Bah,,, problemas, las 300 o menos palabras en que deben ser escritos los ejercicios de metatextos. (okey, apenas leí los comentarios… más tarde regreso a leer el post).
No, ningún problema. Al menos no para mí. Aunque no participo en metatextos yo tengo escritos cuentos de 20 palabras y menos en todos los géneros literarios y con muchos temas disponibles. Lástima que no me puedo adjudicar la autoría de un cuento en 10 palabras que entremezcla religión, sexo, gobierno y misterio. Dicho cuento va así: “¡Dios mío, se cogieron a la reina! ¿Quién habrá sido?”
Hace muchos años, mi madre me contó la versión extendida de su cuento, como chiste de Pepito…
¡Oh, Dios mío! - dijo la Duquesa - me han violado, ¿quién habrá sido?
Entiendo que no pueda adjudicarse la autoría.
Comprenderá usted mi dilema.
OH…
Oh, ciertamente oh, querida.