Why do I write a blog?

Escrito y publicado por Quoth el 31/07/2008, a las 02:38:28 pm, 1217529508 segundos Unix, hora Swatch 818. Comentar

Yo todavía me lo pregunto, pero eso no es precisamente de lo que quería hablar hoy. Es simplemente una excusa para usar esa frase como título.

En realidad no he tenido mucho tiempo para escribir, lo cual no impide que puntualmente entregue un artículo al día aquí. He estado haciendo algunas traducciones de prueba para varias empresas de outsourcing que necesitan un traductor de tecnologías de la información, y pues, nada, que aquí me tienen pero no me contratan. Aunque en realidad dudo que me contraten si cobro 15 dólares la página y hay otro que hace el mismo trabajo por 10 dólares la página, que además corre el riesgo de no ser contratado por culpa de otro que cobra cinco dólares la página. La traducción de este último seguramente será una porquería, pero, hey, es mucho más barata…

Así que decidí hacer lo que cualquier persona en su sano juicio haría: fui al supermercado a comprar comida. No me deja de sorprender la facilidad con que puedo hacer la compra del mes con poco dinero, tal vez porque cocino poco. Lo más caro es comprar carne, y del mes pasado que compré todavía me queda. En lo que más gasto es en la compra de brebajes y bebedizos deshidratados, que me permitan refrescar mi sed y saciar mis ansias de algo dulce y frío con el simple procedimiento de lanzar tres cucharadas de polvo a un vaso con agua y hielos, para luego agitar un poco y beber mientras está aún frío. Mis preferidos son los de la marca Tang, marca muy espacial sin duda, puesto que esa bebida sabor naranja se desarrolló especialmente para los viajes espaciales.

El problema para localizar dichos productos es que, por más que me lo propongo, no puedo comprar la versión con edulcorante artificial. Me lo impiden mis profundas creencias religiosas. Eso, o el hechod e que, para mí, los edulcorantes distintos al azúcar dejan un sabor amargo, metálico y electrolítico en mi lengua que dura días y días y días y días y a veces hasta una hora completa. No lo puedo evitar. ¿han visto esos comerciales de la Coca Cola Zero en que los protagonistas dicen “Sabe igual”? Yo puedo identificar la coca cola cero y en general cualquier bebida con aspartame y acesulfatame con los ojos cerrados y la nariz tapada, por el gusto a ácido de batería que deja en mi apéndice muscular gustativo. Las bebidas con splenda me toman un poco más de trabajo, porque la sensación que me dejan no es sobre la lengua sino en el interior de las mejillas, como si un ácido ligero, con un nivel entre entre el ácido cítrico y el vinagre, intentara horadarme los carrillos.

Me conformé, pues, con el único producto en existencia hecho con base en azúcar disponible: sabor mandarina. Por alguna extraña razón, que supongo fue que no habían sacado otras cajas de la bodega para reponer las existencias, sólo había de ese sabor. Procedí a comprar también unos mangos congelados, ya que la mezcla de jugo de mandarina, fresas y mango congelado preparado en la licuadora crea un batido fresco y sabroso. Las fresas ya se me van a acabar, pero todavía quedan algunas, suficientes para unos cuatro batidos de medio litro cada uno. Ya iré después por otros.

Me asombra, aún, lo que puedo comprar aquí por una cantidad determinada. Creo que con mil pesos puedo hacer la compra de dos meses de productos no perecederos y uno que otro fresco. Y de hecho, creo que salvo las ensaladas no consumo nada no pedecedero, como diría un vecino mío que se las da de léido y escrébido, usando palabras rebuscadas pero usándolas mal (a veces, cuando no me entiende, me pregunta “¿qué estás tratando de insignificarme?”). Claro, para comprar verduras y frutas frescas no acudo al supermercado sino a la tienda que tengo a un par de cuadras, que si bien no está tan surtida por lo menos me permite adquirir una que otra cebolla, un par de lechugas y dos o tres jitomates cuando más los necesito.

Y leche.

Mi tienda más cercana me provee, sin lugar a dudas y sin temor a equivocarme, de leche. Ingentes cantidades de leche, que consumo con la misma fruición que un becerro sediento. Válgame, si yo quería tener una vaca en mi refrigerador cuando era chiquillo, para que nunca me faltara ese vital líquido. Como ahora ya no hay vacas, la leche se obtiene de cartones, galones y botellas, pero cosa extraña, sabe casi igual. Me pregunto por qué será. Decía yo que no puedo vivir sin leche. La consumo noche y día, día y noche, y a veces día a día y noche a noche. La he llegado a disfrutar a la hora de la comida, y recuerdo una ocasión en que invité a comer a algunos amigos y la bebida no iba a alcanzar para todos por un involuntario error de mi parte (tiré una botella), mis invitados en ese entonces se me quedaban viendo cuando resolví el problema bebiendo yo leche. “¿Pero cómo vas a tomar leche?” me preguntó uno, francamente alarmado. “Así…” dije, bebiendo un buen trago de mi vaso y volviéndolo a llenar.

Otra curiosa afición que tengo es a los fruti lupis. Bueno, cuando yo crecí eran fruti lupis, ahora son simplemente froot loops, como en Gringolandia, lo que igual no impide que me gusten. Puedo masticar arito por arito o a puños, ya sea como botana o como desayuno o cena. Alguna vez incluso como comida, cuando no había nada más y el hambre apretaba. Lástima que estén ahora tan caros los condenados. Si al menos las tarjetas de 10000 pesos que están regalando vinieran en más paquetes, otra cosa sería. Es mas, lo único que me he ganado en un paquete de fruti lupis ha sido un reloj que proyecta la hora en el techo, y eso en Vancouver y porque noté que un paquete estaba ligeramente más pesado que otro.

En fin. Ya basta de escribir tarugadas, es hora de comer. Ah, y antes de que se me olvide, hay una sorpresa que será publicada hoy a la medianoche, hora de central de México (GMT +0500) que les ayudará a procrastinar de manera más eficiente a partir del 1 de agosto. Disfrútenla.

Saludos cordiales.

Quoth.

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2 comentarios

TheJab
01 / 08 / 08 a las 5:36 pm

Antes de leer este post, ¿Qué es la procrastinación?


 
Quoth, the Raven
01 / 08 / 08 a las 5:51 pm

Procrastinación: mala traducción del inglés procrastination, que a su vez se traduce como dilación, aplazamiento, demora, retraso, tardanza, postergar, desidia. ¿Recuerdas ese viejo y antiguo adagio que dice “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”? Pues, utilizando la procrastinación, el adagio se moderniza hasta un “No dejes para mañana lo que puedas hacer pasado mañana, o mejor aún, la próxima semana.”

Y así podemos simular que trabajamos sin en realidad hacer algo productivo.


 
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