Editing tools
“Lo escrito, escrito está,” dije una vez que terminé de escribir el artículo de ayer, y presioné Publish.
Yo no sé ustedes, pero yo, por lo general, trato de no editar lo que he escrito, ni siquiera para corregir faltas de ortografía. Yo, si no puedo escribir bien a la primera, sencillamente no escribo. He de decir que encuentro mucho más sencillo escribir en una computadora que en una máquina de escribir, seguramente por la separación de las teclas y la distancia que deben recorrer mis dedos para llegar al fondo y activar el mecanismo que imprime la letra (o la guarda en la memoria del ordenador para posteriormente presentarla en el monitor) pero, en cualquier caso, suelo cometer muy pokos herrores, y kuando loz tengo mui ceguidos, es porque los tecleé a propósito para ilustrar un punto.
Es porque soy cuidadoso al teclear, creo yo, y sé cuando mis dedos presionaron una tecla equivocada. Por ejemplo, si tengo palabras que me cuesta trabajo teclear a la primera, ésas son muy (que suelo teclear moi o miu) y desde, que suelo teclear dedse, y peor: está pero, que suelo teclear peor y también termina cambiando el sentido de mis frases.
Ahora mismo estoy tecleando esto sin mi corrector de ortografía activado, de manera que no sé qué palabras serán bien escritas o no y sólo puedo corregir aquellas que logro distinguir a la primera. Es extraño, pero estoy seguro que revisaré todo el texto y no veré ninguna falta ortográfica (las sintácticas y gramáticas se me dificultan más) y presionaré esto sin culpa. Pero cuando lea después el artículo, alguna falta saltará y me dará una bofetada en el rostro, y yo me morderé el labio para no presionar “Edit” y corregirla.
Ya lo veremos. Por lo pronto, yo voy a otros lugares más interesantes. Como la cocina. Hace hambre.
Saludos cordiales.
Quoth.

Vaya, nos parecemos hasta el punto de que, una vez que leo el texto, me digo a mí mismo: “Ya regresaré a corregirlo”.
Otra cosa: no soy de los que preparan un post con días de antelación. Me siento, tecleo y sale lo que sale en pocos minutos.
Creo, en todo csao, que lo piesno más para escriibr los comentarios.
Por lo menso, no cometo tantos errores.
¡Bingo! ¡Lotería! ¡Eufrasia! –digo– ¡Eureka!
Yo no. Yo leo y releo y reescribo y muevo y borro y corto y cambio hasta quedar a gusto (o al menos no tan a disgusto). Lo que sí es igual es que después de picarle a “Publicar” y ver el resultado me encuentro dos, tres, varias faltas gramaticales y/o expresiones que pudieron quedar mejor (ortográficas es más raro… y el corrector de Fairfocs de hecho me estorba más de lo que me ayuda).
De hecho, si me salgo con la mía, para 2009 publicaré una entrada que tardé un año en escribir. Ja.
¡Saludos!
Juas, yo no almaceno entradas. Si acaso, preparo dos o tres para cuando sé que no voy a poder publicar al ritmo de costumbre de una diaria, pero esas no las reviso hasta quedar a gusto. Aquí sólo hay artículos frescos, recién salidos del horno y recién tecleados.
Yo sí corrijo y corrijo y corrijo, pero bien sé que sirve de poco, porque dos semanas después encontraría (si los buscara) anacolutos diversos, comas locas y repeticiones de familias semánticas en la misma frase o en frases contiguas.
De todos modos, y aunque parezca una tontería, es que no es lo mismo estar escribiendo en el editor de texto que leer. Cuando se escribe no se piensa en ciertos detalles. Es solo al convertirse uno en lector cuando se da uno cuenta de algunas cosas. Y siendo pendejo, como yo, además uno se tarda varias relecturas.
Lo que sí no hago es eso de almacenar. Cuando hay, hay, y cuando no, no.
Joder, qué frase; parece de un político.