Guanatinghamshire

Lord Eggs es nuestro humilde, amable, gentil, bondadoso y considerado líder…

imagen aleatoria capturada por el dueño del blog.
Suscripciones:

A Tail’s Tale (1)

  • Perpetrado por: Quoth
  • Ir a los comentarios.

La primera parte de un sueño contado a manera de cuento. Ruego a los lectores que no se ensañen mucho con él, es muy joven y todavía no puede caminar bien.

Su primer visión de ella fue al entrar. Se movía como una sirena en el agua. El hecho de que no estuviéramos flotando sino con los pies firmemente plantados sobre el suelo, y que el ambiente fuera gaseoso en lugar de líquido no parecía significar otra cosa que el hecho de que, si no estábamos borrachos, por lo menos estábamos intoxicados. Pero yo ya la había visto antes y no vi nada extraordinario en ella. Simplemente ella se movía así, y ya. Nada mas, nada fuera de lo común. Apoyé una mano el el hombro de mi amigo y lo obligué a moverse con cuidado. Los zapatos, ligeros, apenas podían cumplir su función si uno lo hacía de manera lenta y precisa. Un paso en falso y podías salir disparado. Tampoco es que hubiera mucho peligro en el espacio interior del asteroide, en especial tomando en cuenta que los corredores no eran muy grandes, pero, a pesar de todo, si uno se ponía a hacer cuentas, el espacio habitable era vasto, muy vasto. En un asteroide capturado de cuatro kilómetros de largo por dos de ancho y uno de alto, la Confederación se había encargado de construir nada más y nada menos que una estación con una superficie habitable equivalente a la de un país pequeño. Las habitaciones reservadas a la tripulación medían 2×4x8 metros, un espacio superior al de muchos departamentos de lujo en la sobrepoblada Tierra, y aún así eran 350 niveles de habitaciones, cada nivel con 122 500 bloques, un total de 42 875 000 bloques, con 1 372 kilómetros cuadrados de espacio habitable, sin contar las áreas comunes y el espacio muerto que ocupaban las paredes. Si contáramos  el espacio de los motores, generadores, almacenes, granjas y similares, bien podría decirse que el asteroide contaba con la misma área de la isla de Mauricio. Y esa fue la razón principal por la cual el nombre de la estación era Mauricio.

No puedo imaginarme el costo que debió alcanzar la modificación de Mauricio. La verdad es que tampoco importaba mucho; el trabajo comenzó como una operación minera y poco a poco el mineral de deshecho comenzó a fundirse y acumularse en el mismo asteroide. A alguien se le ocurrió la genial idea de darle forma al espacio habitable del asteroide, y pronto los mineros dispusieron de una ciudad completa formada por escoria. En sus mejores tiempos Mauricio llegó a tener veinte millones de habitantes, y aunque ahora sólo eran cuatro, sin duda se trataba de una estación exitosa. No menos de 40 cargueros clase Sol estaban siempre acoplados a la estación, cargando, intercambiando y descargando  mercancías de toda clase; en una semana cualquiera era posible ver llegar por lo menos a cinco o seis cargueros clase Galaxia. Mauricio era, en efecto, una isla en el vacío del espacio. Y eso se notaba en el bar. Tomé a mi amigo, lo introduje al transportador, y pronto lleguamos a una de las miles de cantinas disponibles. Le pedí una cerveza a mi amigo y lo senté a duras penas en la silla.

–¿Y bien? –le dije, aunque parecía que no me escuchaba. Hube de repetir la pregunta varias veces.
–Vi una sirena… –dijo.
–Sí.
–Una sirena.
–Sí.
–¡Una sirena!
–Su nombre es Shondra. Puedo presentártela, si quieres.
–¿Qué?
–Usted, mi amigo, ha caído víctima del Rayo. Y ella no es precisamente una sirena, pero se parece.
–No entiendo. Es la primera vez que sales de la Tierra, no has tenido tiempo de acostumbrarte a lo que pasa. No siquiera te has dado cuenta de que estás en un ambiente de gravedad cero. Bebe tu cerveza. El alcohol corta los efectos de la espaciolina.
–No entiendo.
–Bebe…

Mi amigo bebió mecánicamente. Hice bien en poner una tapa en su cerveza; bebió de la misma manera que lo hubiera hecho en la Tierra. Yo me limité a apretar ligeramente mi envase y un globulito de cerveza saltó por la tapa. No importa las veces que uno lo vea, comer y beber en gravedad cero siempre es divertido. Me dediqué a ver la cara que ponía mi amigo mientras el alcohol y la espaciolina se contrarrestaban mutuamente. sabía que en cualquier momento cerraría los ojos, por la sensación tan particular de sinestesia que producían los subproductos de la espaciolina. No duraría mucho; al poco tiempo el metabolismo hacía su trabajo  y la intoxicación por espaciolina daba lugar a simple intoxicación por alcohol, mas manejable. Mi amigo sacudió fuertemente la cabeza y la sensación de mareo lo hubiera hecho caer en otras circunstancias. Aquí esas circunstancias no se aplicaban, claro está. Me vio, lo ví, y me saludó.

–Hola –dijo–. No vas a creer lo que soñé.
–Déjame adivinar. Viste una sirena.
–Sí –dijo, y lanzó un bufido–. Vaya, esa cosa que me hiciste tomar en verdad es fuerte.
–Se llama Shondra –repetí–. Te la puedo presentar si quieres.
–¿De qué hablas?
–Toto, mi amigo, no sé si lo hayas notado, pero ya no estamos en Kansas.
La sorpresa, como es lógico suponer, lo tomó desprevenido.  Entonces, y sólo entonces, Toto se dio cuenta de dónde estaba. Yo me limité a beber.
–Bienvenido a Mauricio. Bebe tu cerveza, para asegurarnos de que toda la espaciolina sea metabolizada de manera normal, y te llevaré a tu nuevo departamento, para que lo conozcas. También conocerás a Shondra. Te va a gustar. Es tu tipo.
–¿De verdad ví una sirena?
–Sí. Aquí hay muchas. Es mucho más fácil moverse por la nave nadando que caminando, por si no lo haz notado. La pseudogravedad es muy cara y complicada, mientras que estar en gravedad cero apenas supone esfuerzo.
Toto miraba a su alrededor en el bar, y observó que efectivamente, todos tenían una cola de sirena en lugar de zapatos de velcro. Era un método de locomoción relativamente lento, pero muy seguro precisamente por su baja velocidad. Además, son baratas y se pueden hacer con materiales que de otra forma podrían ser consideradas basura. En Mauricio los plásticos eran el subproducto del destilado de alcohol de material orgánico.
»Todos por aquí tienen una cola de sirena; es muy fácil acostumbrarse al traje y así te evitas molestias físicas, además. Aunque, claro, Shondra pertenece a una categoría un tanto cuanto diferente, pero no veo la razón por la cual no puedas hacer buenas migas con ella. Después de todo va a ser tu compañera de trabajo.
–¿Y cuál es la diferencia?
–Hombre, que ella sí es una sirena.

Esta historia continuará.

Publicado el 14/08/2008, a las 10:07:27 am.

Categoría: Once, I dreamt

,

En nuestro capítulo anterior: « Pickup lines (1) »

A continuación, en Guanatinghamshire « A Mermaid’s Tail (2) »


  • Suscribirse a los comentarios usando RSS
  • Los comentarios han sido cerrados. Esto se debe a que la fecha de caducidad de este artículo ha sido alcanzada. Sugiero una visita a la portada de Guanatinghamshire, hay artículos recientes que están esperando por un comentario...

House's Piggybank

En la alcancía de House hay $3107.40

En la alcancía de House hay $3107.40 para que Quoth se vaya a los paralímpicos o más lejos.

Pensamientos profundos

  • Verdades como puños (1):

    Si Franz Kafka hubiera vivido en México, hubiera sido un escritor costumbrista.

    Comentar

Espacio para su publicidad

Edición

Archivo muerto

Últimas Palabras Famosas


Recomendaciones


Countdowns



Nube de etiquetas


RSS Minuto a minuto


Está usted usando un navegador feo, malo, lleno de agujeros, estúpido y que además pica. Descargue ahora Firefox, un navegador seguro y hecho con un cien por ciento de electrones reciclados. Y porque no hay como tener opciones, ahora puede bajar Google Chrome, lo mejor que le ha pasado a la Internet desde la llegada de la banda ancha.

 X