The Tale’s Tail (y 8)
La última parte, espero…
Nada pasa en la Mauricio sin que yo tenga acceso a las bitácoras donde se registran esos sucesos. Fue muy fácil saber de dónde y en qué nave llegó Toto, el camarote que le tocó, y las compras que hizo. El vodka que dejó olvidado en la nave de seguro se quedó ahí a propósito. Y como la etiqueta no es igual a la etiqueta original, se debió de tratar de uno de sus famosos (para sus amigos, claro) casos de inyección memética. Buscaba a alguien capaz de descifrar esa etiqueta sin herramientas y unirse a su causa. Bueno, la botella fue llevada a su departamento cuando se realizaba la limpieza de la nave y todas sus cosas fueron enviadas a su nuevo hogar. Yo me había encargado de eso, pero Toto venía muy colocado por la espaciolina y olvidó recoger su equipaje. Yo no.
Toto era mi mejor amigo. Nos conocimos cuando éramos niños en Kansas. Ibamos a la misma escuela, vivíamos en el mismo complejo de departamentos, teníamos aficiones parecidas, y en general nos la pasábamos bien a pesar de la diferencia de edades. Estuve con él cuando escribió a cientos de personas solicitando que le enviaran una postal, que el mismo puso en el sobre, porque quería coleccionar timbres postales de otras partes del mundo; fue su primer experimento de lo que él llamaba ‘”memética.” Quería que esas personas lo recordaran de manera inconsciente después. Cuando era claro que la mayoría de las personas a las que había escrito devolvieron la postal y además enviaron otra, y que además esas personas estaban en la carrera para ser peces gordos en las uiversidades para las que trabajaban, sentí un poco de envidia por la manera en que Toto logró arreglárselas para obtener una beca completa para su carrera mientras que yo tenía que mantener un trabajo además de estudiar.
Pero yo era listo. Un tanto introvertido, lo que me permitía poner una cara de idiota que hacía muy fácil que las personas me dijeran exactamente lo que querían que se hiciera, en lugar de ladrar órdenes sin ton ni son. Aprendí a ver las cosas que Toto veía, y aprendí a usar los métodos de Toto, pero de una manera más directa. Toto no quería ser visto, yo quería ser la cabeza visible. Toto se fue a la universidad y se volvió un sabio, yo me fui a la Naval y me volví ingeniero. Un ingeniero que mandaba un escuadrón de élite. Pronto me asignaron al espacio, y ascendí con rapidez, en sentidos literal y figurado. Toto se quedó en tierra, manipulando en secreto tras bambalinas. Podía ver lo que él estaba haciendo. Alguna vez incluso accedí a hacer algún trabajo que le convenía tanto como a mí. Pero no podía entender por qué quería que lo asignaran a una nave de investigación y lo enviaran a un planeta nuevo.
Nuestros caminos se encontraron finalmente cuando solicité un experto en criptografía para la Mauricio, cuando uno de los míos abandonó en circunstancias un tanto extrañas para mi gusto. Llámenlo una corazonada, pero yo suponía que Toto tenía algo que ver. Lo confirmé cuando me confirmaron que él sería el nuevo a bordo. Un criptógrafo no puede evitar pensar como criptógrafo, y yo también lo era. Había muchas coincidencias, obvias a posteriori. Que mi criptógrafo se fuera, mi mejor amigo fuera transferido a una posición muy importante sin experiencia pervia en el espacio y que una nave nueva hubiera sido abandonada por problemas de construcción que resultaron ser infundados, que hubiera una misión para recuperar la nave, que una nave automática se reportara como perdida y apareciera de pronto frente a la Mauricio, que se reportara como perdida una chica de 14 años junto con la persona a su cargo, y que la chica apareciera en la nave, drogada y convertida en poco más que un robot humano y una excelente distracción, no era una coincidencia. Había sido planeado así a propósito. La lista de personas desaparecidas no era completa, pero ya sabía yo a qué se dedicaban todos.
Había que atrapar a Toto y compañía. La salida retrasada todo un día significaba poco para él y mucho para nosotros, podíamos obtener toda la información necesaria y prepararnos para el ataque. La disfracé como una operación de arresto, pero no lo sería. Partimos con rumbo de intercepción al punto de reunión cuyas coordenadas estaban en la botella de vodka, y me dí cuenta de la coincidencia: si no hubiera hecho que el equipaje de Toto fuera retirado de la nave, la botella y el equipaje hubieran terminado en objetos perdidos, donde sabía yo que había un tipo con ciertas tendencias anarquistas. Yo lo había mandado poner ahí como castigo por desobedecer órdenes.
Llegamos al punto de encuentro y abordamos la nave extraña de Toto lo hiciera. Mis hombres desembarcaron con las armas desennfundadas. Y lo que encontré fue una escena dantesca. Una mujer estaba muerta. Suicidio, a juzgar por el mensaje que escribió en sangre en las paredes de su celda. Había otra en el congelador. La habían atacado con un objeto punzocortante. Y al llegar a la sala de control, encontré a Shondra y a Toto. Shondra lloraba, Toto apuntaba una pistola hacia la cabeza de Shondra. Yo también apuntaba mi arma.
–Llegas tarde –dijo.
–No. Llego a tiempo.
–Está hecho. Mi trabajo ha terminado. Pase lo que pase, gané.
–Pase lo que pase, estás acabado.
–Mi gente me recordará como la persona que hizo posible que se creara una utopia. Cuando levanten estatuas, la mía será la primera.
–Tu gente se va a matar. Es el problema con los anarquistas que escogiste: confunden la anarquía con el libertinaje.
–Ja. No tienes ni idea. La verdad es que he estado planeando esto desde que era un chiquillo.
–Pues yo descubrí tu plan ayer y ya te alcancé.
Estaba haciéndolo enojar. No era la mejor idea, porque Shondra seguía con una pistola en la sien, y pero Toto no era precisamente el mejor gatillo del universo. Confiaba en ese detalle.
–Tu error –dije, dándome más importancia de la que tenía–, es haber traído a mi hija como seguro. No sé si te habrás enterado, peor no es mi hija.
–No importa. En los humanos, el amor incondicional se da tanto si hay lazos de sangre como si no.
–Tal vez, pero en este caso la verdad me importa más bien poco lo que le pase a Shondra. A tí vengo a arrestarte por asesinato. Hay dos cadáveres allá a trás y si agregas uno, te lanzaremos a un sol sin posibilidad de apelación.
–Tus trucos baratos de policía no me van a distraer. Los de policía no, los de soldado sí.
En ese momento disparé una bala de plomo suave que golpeó el dedo de Toto sobre el gatillo, con tal fuerza que destrozó el dedo y el gatillo y siguió su trayectoria a la cara de Toto. No estoy seguro si alcanzó a escuchar lo que dije después.
–Toto, amigo mío, Nunca debes de hablar demasiado. Distrae. Y mucho menos debes seguir el canto de las sirenas. Algunas desafinan.
Como predije, los anarquistas que siguieron a Toto terminaron matándose ellos mismos. Cuando llegamos a la nave que Toto había pretendido convertir en una utopia, nos dimos cuenta que nadie había seguido las normas básicas de seguridad. No había aire adentro: nadie había sellado las junturas de los hangares y el aire se había escapado. Las grabaciones de seguridad indicaron que nadie quería seguir las órdenes de nadie. La mayoría de las personas desaparecidas terminaron apareciendo cuando el efecto de las drogas hipnóticas desapareció. Incluso la chica que fue usada como señuelo se recuperó. Vive conmigo en calidad de estudiante. Shondra todavía tiene un poco de secuelas por el trauma, que impiden que su desempeño llegue al 100 por ciento, pero se recuperará. Lo más difícil fue diagnosticar a la maestra que cometió suicidio. Una dosis demasiado alta de hipnóticos en su sistema le ocasionó una condición similar a la esquizofrenia al dañar su cerebro. El error de Toto fue el de tratar de mantenerla siempre drogada. Alguien que no está en sus cinco sentidos no es de confiar. Toto no esperaba que sus drogas provocaran esa reacción.
Una lástima. La idea de Toto era buena, pero equivocada. Una sociedad con las personas que seleccionó jamás hubiera funcionado. Pero si hubiera implantado su idea de otra manera, habría sido un éxito.
Yo lo hice.
La Mauricio es mi utopía.
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Ahora sí. Ya pueden ensañarse con el sueño. Yo lo haría.

Pues a mi me parecio muy entretenida, felicidades mi estimado Quoth.
Si tus sueños son asi, no quiero imaginar tus sueños borracho o drogado.
Saludos!
No te preocupes… esos no los puedo recordar nunca.