War on terror

Escrito y publicado por Quoth el 19/08/2008, a las 12:13:14 pm, 1219162394 segundos Unix, hora Swatch 717. Comentar

Me gusta generar sentimientos encontrados en mis lectores (”¿me arranco los ojos o sigo leyendo?” es una sensación muy común) y nada más por eso, y para joder, un cuentecillo. Esta vaz escrito con intención, alevosía, nocturnidad y ventaja.

Todo el complejo se veía en ruinas cuando entramos por primera vez. No era fácil, cuando decidimos ir sabíamos que había muchos riesgos. Donde se suponía que había una puerta estaba un montón de escombros humeanetes a la mitad. Era un cambio agradable el calor en luar del frío de la maana, pero el humo no faclitaba las cosas. Nos separamos en dos grupos. Unos fuimos por la derecha, otros por la izquierda. Nos encontramos tras lo que pareció una etermidad. No tuvimos tiempo de hacer más; nos encontraron del otro lado y pronto nos cercaron. El que parecía estar a cargo se dirigió a nosotros. El jefe contestó por todos, nos identificó y pidió, con humildad, que nos aceptaran. El que parecía estar a cargo hizo que nos separaran y nos llevó al interior del edificio. Nos entrevistaron por separado, bajo una luz brillante. No todos podíamos ver detalles de dónde estábamos. Nos hicieron preguntas extrañas durante largo rato. Sabíamos que nos estaban evaluando. A algunos nos aceptaron, a otros no. Quienes no éramos lo bastante buenos para ser aceptados fuimos educados para hacer labores físicas. El resto comenzamos nuestra educación.

Nosotros pensábamos que quienes vivían en este lugar, que se iluminaban de noche y nunca tenían frío, que siempre estaban fuertes y sanos, magos, sin duda alguna. Pero no lo eran. No lo supimos hasta entonces, pero hubo un tiempo en que tuvimos una cultura fuerte y floreciente. No nos imaginábamos que antes no había guerra en las calles siempre, ni que cada persona podía vivir en una casa para ellos solos. Estábamos acostumbrados a no dormir, de miedo, esperando que nada ni nadie se acercara en las noches. Nos dijeron que hubo una época en que al conocimiento comenzó a vérsele como algo indeseable. Que era mejor vivir en la ignorancia. Que nada ni nadie debía saber nada que no fuera enseñado por el Creador. Que se persiguió a los sabios, que se quemaron las escuelas, que los libros fueron destruídos. El poseer erudición se convirtió en un crimen, porqe el saber llevaba a pensar, y con el pensar  se llegaba a preguntar, y el preguntar generaba dudas, y quien tenía dudas no era feliz, y estaba prohibido no ser feliz. Que un grupo de personas decidió mantener vivo el conocimiento. Que por fin habían descubierto una forma de enseñar a quien más lo necesitaba: a los rebeldes como nosotros, que sabíamos que vivir teniendo miedo no era lo que nos tenía deparado el destino.

Se disfrazaron como magos que curaban y hacían cosas buenas por la gente de los alrededores, y contaban historias fantásticas a las personas de los pueblos por donde pasaban. Y si algún niño mostraba incredulidad o quería saber más, el mago le decía que debía ir a un lugar lejano, donde se le mostraría la ciencia del bien y del mal. Así nos juntamos, y con el poder que da viajar en grandes grupos, llegamos al lugar que se iluminaba de noche. Y entramos. No lo sabíamos, pero acabábamos de ser aceptados en la Universidad.

Y descubrimos que las  ruinas eran sólo una fachada, para evitar que las personas que no entendían lo que veían entraran. Y llegó el día en que debíamos salir. Nos dieron una misión. Nos despedimos de los maestros y los amigos, y partimos a diferentes partes del mundo. Una misión realmente sencilla. Nosotros éramos una tenue luz en la oscuridad, y buscaríamos a quienes se sentían atraídos por ella. Estaríamos preparados para cuando el péndulo de los tiempos cambiara, y cuando alguien dijera una vez más “Hágase la luz” uno de nosotros sería quien encendiera la lámpara.

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Vamos, vamos, mis buenos lectores, destrocen el cuento, ensáñense con él, que milagros no se pueden hacer con algo que fue escrito en apenas 15 minutos.

Saludos cordiales.

Quoth.

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