Oh, come on, this is nuts!

Frente a mi residencia vive un señor de edad muy madura. Tan madura, que se desplaza a una velocidad estimada de cinco centímetros por segundo, que un rápido cálculo traduce a unos 180 metros por hora. 

La cosa es que Don Vegetal, que tiene tantas actividades en su día como para despertarse por la mañana y estar ya completamente desocupado, desarrolló una curiosa afición por espiar a los vecinos.

Ya tenía yo informes de parte de Betelgeuse de que don Vegetal había sorprendido a mi carnal y a su señora en actos de elevada carnalidad y libídine exultante (dándose un beso frente a la puerta de mi hogar) y se había quedado viendo el espectáculo con el procedimiento de emparejar la puerta y verlos por la rendija, rendija que pudo haber sido perfecta de no ser porque medía un puño de ancho. ¿Por qué don Vegetal no se colocó detrás de las cortinas de la ventana ubicada al lado de la puerta? Nadie lo sabe. Y se quedó en esa posición durante un buen rato, ante el ojo avisor de Betelgeuse que, nomás por cabrón, permaneció en la antedicha ocupación por un buen rato, para ver cuánto tiempo tardaba Don Vegetal en cerrar la puerta. Cálculos iniciales estiman el tiempo en 5 minutos, probablemente más.

La cosa es que ya he sorprendido a Don Vegetal con esas mañas. Una noche particularmente húmeda (pues estaba lloviendo) tardé yo en encontrar las llaves y pude observar un movimiento sospechoso en la puerta del vecino. Y efectivamente, don Vegetal estaba observándome con la cabeza fuera de la puerta, como si se hubiera decidido a salir pero se hubiera quedado paralizado ante mi súbita aparición. Probé todas las llaves en mi puerta, aunque ya sabía yo cuál era perfectamente, sólo para hacer tiempo. Sorpresa, sorpresa, Don Vegetal siguió en la puerta. Cuando finalmente abrí y me introduje a mi propiedad privada, alcancé a ver que Don Vegetal se metía al interior y cerraba la puerta, sólo par ver que se volvía a abrir poquito. Sonreí, guardé mis llaves, y cerré, en ese orden.

Hoy en la mañana Don Vegetal estaba afuera recogiendo su correo, actividad que suele ocuparle toda la mañana. Salí yo de casa con mis audífonos y un sobre, y Don Vegetal me siguió con la mirada todo el rato hasta que doblé la esquina. Decidí hacerme güey (se me da muy natural) y dí la vuelta a la cuadra, para regresar por el otro lado. Don Vegetal se sorprendió de verme (seguía sacando cartas de su buzón, y no es que fueran muchas, es que las saca de una en una para poder quedarse más tiempo afuera) y yo no hice otra cosa que portarme lo más sospechoso posible y mirarlo a los ojos, luego a su buzón, luego a sus cartas, y de nuevo a los ojos, con los puños en las bolsas del chaleco y la gorra calada hasta las cejas. Saqué un celular, dije unas palabras ininteligibles (creo que murmuré “sheninishashé”) y lo guardé igual de rápido. Seguí caminando, con mi sobre en la mano, y me alejé por el mismo camino. No sé si Don Vegetal habrá ido a su casa por una 30-30, o por una pistola mitigüéson de esas de la Revolución, para esperar a ver si daba una vuelta más, pero lo que sí sé es que yo me fui a Correos de México a depositar el sobre y vine a mi changarro a trabajar. La vida es divertida con viejitos así.

Saludos cordiales.

Quoth.

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Once upon a midnight dreary, while I surfed, weak and weary, Over many a strange and spurious website of 'hot chicks galore', While I clicked my fav'rite bookmark, suddenly there came a warning, And my heart was filled with mourning, mourning for my dear amour. "'Tis not possible," I muttered, "give me back my free hardcore!" - Quoth the server, "404". Read 477 articles by Quoth

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