Por si no bastara lo cansado que terminé ayer (ni siquiera terminé de ver “Tercer Grado”) hoy me puse a hacer un último bújero para completar con la instalación del conmutador.
Por vida del rey Clarión y de la madre de Gestas, quien construyó la casa la hizo a conciencia para que durara. Hay un hueco, que parece de chimenea pero no lo es, que se ubica entre la oficina principal y el cuarto de baño compartido del piso superior. Pues bien, da la casualidad de que dicho lugar se encuentra construido con tanta fortaleza que me tomó tres horas penetrarlo con una broca de concreto especialmente fuerte y duradera. Tres putas horas. Los agujeros que llegaban a ese lugar fueron rapidísimos, pero el que salía fue una batalla constante entre el muro y yo. Llegué al extremo de pensar que había una viga o un castillo, pues se sentía como concreto armado. Pero no. Era simple mezcla de óxido de calcio, óxido de silicio, óxido de aluminio, óxido de hierro, óxido de magnesio, sulfatos, óxido de dihidrógeno, caliza, granito, dolomita, basalto, arenisca, cuarzo y cuarcita. Vil hormigón. Pero la grava estaba en gran cantidad, y muy grande, no tengo idea de por qué, así que penetrar ese espacio fue muy pero muy difícil.
Pero terminé. Con los bújeros ya aplicados, sólo faltaba pasar cables y poner conexiones. Nada del otro mundo, aunque sí tardado. Pero a todo se acostumbra uno. Si todo sale bien, hoy termino de poner los cables y será cuestión de pasar el conmutador para comenzar poner los teléfonos físicos y programar el aparato de marras. Porque luego tengo que mover el conmutador. Y todavía falta colocar los contactos eléctricos, pero eso es mucho más fácil para mí, porque eso lo hago constantemente y tengo práctica. De mover conmutadores no sé hacer mucho. Ya veremos qué sucede.
Saludos cordiales.
Quoth.
