Atari, Atari, Atari…

Mientras espero que se cargue el sistema operativo de una computadora que sufrió los embates de un virus, un troyano y un gusano (el caso del virus es particularmente interesante porque yo pensaba que ya no quedaba ninguno libre en este mundo) estoy jugando Atari 2600.

Es, para decirlo en términos castizos utilizando el menor número posible de grafías en la expresión, la onda. Mientras más juego, más recuerdo aquellos inocentes años de inicios de la década de 1980 en el que el juego más chingón era el de Ms. PacMan y donde Pong era un juego que desataba polémica y pasiones, no como ahora, que es, tal y como coloquialmente se dice, una mamada.

Para esto, soy el feliz propietario de un Atari 2600 original, que tengo desde que lo compré en 1982 en el tianguis de Santa Teresita, y además poseo una Atari Flashback y una Atari Flashback 2, ambas consolas de la época llamada «Retro Revival» por algún intelectualoide y «80′s Nostalgia» por algún comercial sin escrúpulos. Porque, no sé ustedes, pero no logro decidirme sobre qué década fue peor, si los 70s o los 80s. Lo único seguro es que la Gran Depresión fue en los 90s y a partir de ahí el movimiento Emo no ha parado, y cada año son peores, hasta el punto en que estoy a punto de adquirir una empresa que se dedica a la manufactura de artilugios motorizados para regalarles sierras eléctricas a los cabrones, a ver si así dejan de joder. Porque está bien que chinguen, pero a su madre, que la respeten, carajo.

Pero divago. Decía yo que estoy jugando con mi Atari 2600, y si hice una pausa fue para comer y escribir este artículo. Estoy realmente fascinado con las posibilidades, y en especial con la falta de ellas, de esta consola de juegos, que es tan limitada que parece inconcebible que haya desatado una revolución de tal magnitud, en la cual una consola subió a lo más alto y cayó hasta un abismo oscuro y negro como mi suerte. Desde el asunto de Pacman y de E.T. nunca ha habido un fracaso más sonado en la historia de los videojuegos, y el de E.T. es el más fuerte, con mucho.

La cosa es que mientras disfruto de éxitos como Centipede en su formato casero original, me entra una nostalgia… Es que yo lo conocí cuando tenía cinco años, crecimos juntos… y verlo ahora, trabajando sin achaques, mientras que yo no puedo levantar un costal de cemento sin quejarme de que me va a reventar un aneurisma, me da como que cierta envidia. Pero bueno, es hora de ponerme a trabajar antes de que otra cosa suceda.

Saludos cordiales.

Lord Eggs.

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Soy un ateo cabrón de la alta sociedad. Read 495 articles by Lord Eggs

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