Slave (y 6)

Terminan mis vacaciones. Mañana este blog regresa a su (falta de) programación habitual.

Los esclavos y jornaleros le entregaron las ganancias que la administración del hospital y los campos había dejado. Con ellos, mi Maestro compró todos los terrenos que pudo, y con cada cosecha sus ganancias aumentaban, lo que le permitía comprar a los esclavos y liberarlos. Pronto mi Maestro era un hombre sumamente poderoso y sumamente querido que no tenía nada más que lo necesario para sobrevivir y no necesitaba más. Y entonces se convirtió en el Gobernador.

Los estados vecinos no tuvieron más remedio que comenzar a seguir sus pasos si querían prosperar. Y prosperaron. Lo veían como un mesías, y no sospechaban la verdad por la cual había hecho todo lo que hizo.

Muchos años después, mi Maestro me contó lo que había sucedido aquella noche en que comenzó todo. Él estaba sentado frente al fuego, Sombra estaba junto a él. Los cabellos de ambos se habían vuelto blancos y los míos ya pintaban muchas canas. Mi Maestro era liberal, y creía en la igualdad y libertad del hombre, pero no tenía forma de poner en práctica sus planes. Entonces le llegó la noticia de que su abuelo, uno de los hacendados más poderosos del país, quería verlo. Mi Maestro sabía que podía comenzar a trabajar con el pensamiento de la sociedad  si daba él el primer paso.

Mi Maestro sabía que había que cambiar el pensamiento de los esclavos y de los amos y de los jornaleros por igual, y que mientras los esclavos estuvieran acostumbrados a la vida del esclavo, nada cambiaría. Mientras pensaba qué hacer, y se dirigía a buscar a su abuelo, asaltaron a mi Maestro. Si Sombra no lo hubiera visto poco antes, mientras ella y sus hermanas lavaban en el río, tal vez los asaltantes hubieran matado a aquel extraño, pero Sombra y sus hermanas lo rescataron. Lo llevaron a la casa del anciano don José, por fortuna, y aún sumido en la confusión, fraguó un plan. Cuando lo llevaron a ver al moribundo don José, mi Maestro estaba dispuesto a comprar a Sombra, para poder liberarla primero y así echar a andar su plan. Pero don José, que era muy querido por todos, se le adelantó y le regaló a Sombra.

Cualquier otro, ante tal regalo, hubiera abandonado todos sus planes. ¿Qué otra cosa hacer, si te han dado a la mujer que amas? Pero mi Maestro estaba hecho de otra pasta. Apenas morir don José, comenzó a fraguar su plan. Sabía que si permanecía ahí sería una fuente de discordia, pero su ausencia lo haría más fuerte. Se fraguaría una historia romántica a su alrededor, y su leyenda aumentaría hasta casi convertirlo en un ser mítico. Contaría con el apoyo incondicional de los esclavos y jornaleros a quienes otorgó libertad e independencia, y sería temido por los poderosos. Todo hubiera sido ideal, de no ser por el hecho de que Sombra se resistió a asumir su nueva libertad. Mi Maestro lo comprendió, y supo que debía obligar a Sombra a entender que ahora era libre y podía hacer lo que quería, pero que eso no implicaba renunciar a sus sueños. Fraguó el viaje al Norte, pues ahí la esclavitud estaba prohibida, y nos llevó por el camino más difícil, para hacernos comprender que no siempre seguir a alguien ciegamente es lo mejor. Cada vez que teníamos problemas nos pedía ayuda, sin ordenarnos, y cuando estuvimos en peligro, nos protegió.

Cuando dejamos a Sombra en la comisaría de la tierra de Gassy Jack, que el comisario rompiera los grilletes que la identificaban como esclavo fue la razón por la cual Sombra comprendió lo que había hecho mi Maestro. Ella era libre, sí, libre para hacer lo que quisiera: incluso seguir con mi Maestro simplemente porque le gustaba estar con él. Porque se había enamorado de mi Maestro, de su Señor, y porque comprendió que mi Maestro se había enamorado de ella. El amor entre un amo y una esclava estaba prohibido, pero nada prohibía el amor entre dos personas libres e iguales ante los ojos de la ley.

Mi Maestro estaba cansado. Dio un úlimo sorbo a su brandy, y me confió, en voz baja, el secreto que durante tanto tiempo había mantenido oculto dentro de sí.
–¿Sabes, Perico? Durante m juventud pensé que la esclavitud era un lastre para la humanidad. Estaba equivocado. La gente cree que acabé con la esclavitud. No es cierto. En realidad, sólo la invertí. Yo me convertí en el esclavo de mis hombres. Trabajé muy duro sin recibir nada a cambio. Todo mi esfuerzo, mi sudor, mis lágrimas, mi sangre, eran para que alguien más los disfrutara. ¿Pero sabes una cosa? Lo que hice sirvió para garantizar la felicidad de muchos. Soy el esclavo de mi pueblo, pero ha valido la pena.

Y yo te agradezco, Maestro. Todos te lo agradecemos.

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Article by Lord Eggs

Soy un ateo cabrón de la alta sociedad. Lord Eggs tagged this post with: , Read 495 articles by Lord Eggs
4 Comments Post a Comment
  1. Hector says:

    Aplaudo su obra, me quito la gorra, lanzo tres hurras

    Le pregunto ¿ya no hay más?

    Didáctico como lectura de libro de texto de los de hace treinta años.

    Y ese final: “Soy el esclavo de mi pueblo, pero ha valido la pena” para pensar bastante.

    Bueno, lo dejo que vuelva a su trabajo.

    Buen día.

    • Lord Eggs says:

      Bueno, si se refiere usted a una secuela, me temo que no la he soñado aún. Si en cambio se refiere usted a que si no tengo más cuentos, bueno, tampoco, pero en cambio tengo muchos sueños estraños muy seguidos. Tantos, que estoy pensando escribir un blog específicamente dedicado a cuentos, porque no quiero que se me haga costumbre escribir mis cuentecillos en este blog.

  2. Awake says:

    Un poco Dark Knight, pero me ha gustado, :-)

    Mks.

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  • piropos (2):

    Quisiera ser pirata para navegar por el mar rojo de tus labios.

    #

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