El miedo, la paranoia y el desconocimiento siguen corriendo a sus anchas por el mundo, y los conspiranoicos siguen insistiendo en que ya debería haber una vacuna contra la influenza disponible. Lamentablemente, las cosas en la vida real no son tan fáciles.
Comencemos, pues, describiendo un poco qué cosa es una vacuna y cómo surgió. Fue allá por 1796 cuando Edward Jenner se dio cuenta que las lecheras solían no enfermar de viruela, siempre y cuando se hubieran infectado de viruela vacuna, cuyos efectos en el ser humano eran mucho menores y no desfiguraban a su anfitrión. Jenner tomó una muestra de pus de una lechera infectada por vacuna y con ella inoculó a un niño de 8 años, que enfermó de vacuna, como era de esperarse. Seis semanas después Jenner inoculó viruela al niño, quien no se enfermó. Ésto nos puede llevar a dos conclusiones:
- Jenner realizó un experimento médico que cambiaría para siempre la historia de la medicina, y
- Jenner era un hijo de la chingada sin aprecio por las clases bajas.
Dejando de lado por ahora el punto número dos, nos concentraremos en el uno. Jenner continuó experimentando y finalmente descubrió un proceso de preparación de vacunas que implicaría un avance enorme en la lucha contra la enfermedad. Tan eficiente fue su proceso que otros científicos se lanzaron a investigarlo y mejorarlo, al grado de que en 1856 Louis Pasteur generalizó la idea de Jenner y preparó la primer antitoxina del mundo, la vacuna contra la rabia. Para finales del siglo XIX la vacunación se había vuelto obligatoria por ser considerada un asunto de seguridad nacional. A comienzos del siglo XX ya se contaba con vacunas contra la difteria, varicela, sarampión y rubeola; para mediados de siglo se logró obtener una vacuna contra la poliomielitis y en el tercer cuarto se logró erradicar la viruela. Las vacunas son ahora tan comunes que todo mundo las da por hecho, pero aún no se han podido obtener algunas tan elusivas como la malaria y el VIH.
Existen seis tipos principales de vacunas, que resumiré brevemente.
- Patógeno inactivo: Vacunas fabricadas que contienen de manera exclusiva microorganismos muertos por medios químicos o mecánicos. Las vacunas contra algunos tipod de influenza y gripe, cólera, peste bubónica, polio y hepatitis A son algunos ejemplos.
- Patógeno atenuado: Contienen microorganismos vivos cultivados bajo condiciones que desactivan sus propiedades virulentas, o microorganismos similares pero menos peligrosos que producen una respuesta inmunológica amplia. Suelen presentar una pequeña reacción de parte del anfitrión, pero su respuesta inmunológica es mucho más amplia y durable que otros tipos de vacunas. Ejemplos de éstas incluyen la fiebre amarilla, varicela, sarampión y paperas. Suelen ser utilizadas en vacunación de adultos. Un ejemplo de microorganismo similar es la vacuna de la tuberculosis BCG, que no es contagiosa como la tuberculosis que combate.
- Toxoide: Éste tipo de vacunas utiliza en realidad los compuestos tóxicos producidos por el microorganismo, y no el organismo en sí. Son los tóxicos los que producen la enfermedad; y los toxoides se utilizan en las vacunas de la rabia, difteria, tétanos y venenos de serpiente varios.
- Subunidades protéicas: se inoculan únicamente las secciones del organismo patógeno que activan la respuesta inmunológica del anfitrión. Ejemplos de éste tipo de vacunas son la hepatitis B, que está compuesta exclusivamente por la superficie protéica del virus, producida en un cultivo de levadura; la vacuna contra el virus del papiloma humano se compone de una proteína cápsida esencial de su cubierta.
- Vacunas conjugadas: Se crean uniendo un polisacárido y una toxina, de manera tal que el sistema inmunológico asocie ambas presencias. Esto se aprovecha de que hay bacterias cuya superficie es un polisacárido que no activa el sistema inmunológico. Si se une la cubierta con una proteína tóxica el sistema inmunológico asociará el polisacárido con un antígeno y reaccionará en consecuencia. Éste enfoque se utiliza en el desarrollo de la vacuna de la influenza hemofílica tipo B.
Si bien la mayor parte de las vacunas en uso actualmente usan compuestos atenuados o inactivos de microorganismos, las vacunas sintéticas son cada vez más fáciles de producir y están compuestos por péptidos, carbohidratos o antígenos sintetizados. Hay además diversas vacunas experimentales, las cuales intentan aprovechar diversas características microbiológicas. Uno de estos tipos pretende aprovechar la fisiología de un microorganismo y el ADN de otro, lo que permitiría crear vacunas contra enfermedades que tienen un proceso de infección complejo. Una variación de este sistema trabaja insertando el ADN viral o bacterial en una célula humana o animal; y dado que algunas células del sistema inmunológico reconocerán las proteínas extrañas, atacarán estas células y crearán un anticuerpo que reconozca a las células y a las proteínas extrañas. Como estas células viven mucho tiempo, si un patógeno se introduce al anfitrión el sistema inmunológico desencadenará el proceso de ataque.
El sistema inmunológico reconoce los agentes patógenos, los destruye, y los recuerda. Cuando una versión virulenta del agente externo entra al anfitrión, el cuerpo reconoce la cobertura proteinica del virus, y reacciona neutralizando al agente antes de que entre a las células y destruyendo las células infectadas antes de que el agente se multiplique en grandes cantidades.
Hasta aquí todo bien, so far so good.
¿Por qué no entonces mezclar varias vacunas y aplicarlas todas al mismo tiempo? Porque los agentes patógenos se interfieren entre sí. Esto es especialmente notorio en vacunas hechas con microorganismos atenuados, donde si hay una variante más robusta suprimirá el crecimiento y respuesta inmunológica de los otros componentes. Éste problema afecta la vacuna triple Sabin contra la poliomielitis, donde la cantidad del serotipo 2 del virus tuvo que ser reducido para que permitiera que se creara inmunidad contra los serotipos 1 y 3. Éste problema es lo que ha impedido la creación de una vacuna realmente efectiva contra el dengue, pues el serotipo 3 anula los serotipos 1, 2, y 4.
Además de esto, se encuentra el problema de la creación masiva de la vacuna. Primero hay que encontrar la proteína que desencadena la respuesta inmunológica, y posteriormente reproducir ya la proteína, ya el anticuerpo producido. Si es necesario reproducir los anticuerpos, es necesario hacerlo por medios biológicos, lo que suele involucrar inyectar anticuerpos o toxinas en ratones, conejos, huevos de pollo fertilizados, vacas o caballos, filtrar la sangre, y repetir el proceso hasta que se obtenga la cantidad suficiente de anticuerpos o antitoxinas. Esto, por supuesto, toma tiempo, y bastante: producir una vacuna para medio millón de individuos puede tomar seis meses. Tomando en cuenta que en este mundo vivimos casi seis millardos de personas, en caso de una epidemia grave sobrevivirán unos pocos individuos: aquellos que tienen una inmunidad natural ohayan sido infectados por una versión más débil del virus. Sólo cuando se pueden sintetizar directamente las proteínas que desencadenan el proceso inmunológico o inactivan el virus es posible fabricarla en grandes cantidades con relativa rapidez, pero debemos recordar que encontrar la proteína clave puede tomar mucho tiempo.
Es indudable que las vacunas nos han ayudado a resguardar nuestra salud, pero también debemos recordar que las vacunas no son, por sí mismas, garantía de protección total. Si el sistema inmunológico del anfitrión no responde adecuadamente, la enfermedad prosperará. Es por eso que las personas inmunodeprimidas, como los diabéticos, seropositivos y en tratamiento esteroideo deben tener mucho cuidado para no contraer enfermedades. En idéntica situación están quienes carecen de células B, que son las que permiten generar anticuerpos específicos para el antígeno inoculado. Incluso si el anfitrión desarrolla anticuerpos, el sistema inmunológico puede ser incapaz de responder. También puede suceder que el anfitrión no responda a la vacuna en absoluto aunque su sistema inmunológico funcione de manera correcta, e incluso puede deberse a una inmunidad natural.
Ahora bien, ¿qué se requiere para que la vacuna sea fabricada? Ya había mencionado antes el mecanismo de infección del virus de la influenza; es tiempo entonces de descubrir cómo evitar esa infección. No es fácil porque el virus muta con gran rapidez, al grado de que la vacuna de un año no es eficaz para el siguiente. Por ello, cada año la Red de Vigilancia Global de Influenza de la Organización Mundial de la Salud selecciona tres cepas de gripe que puedan ser las más probables de causar la epidemia estacional el siguiente año. Suele ser una cepa H1N1, una H3N2 y una de tipo B. La Red de Vigilancia, establecida en 1952, recolecta especímenes en 83 países, y su selección de virus se basa en el mejor estimado de qué cepas predominarán ese año, en lo cual hay una gran cantidad de estimaciones y dista mucho de ser una ciencia exacta. La vacuna de la influenza suele prepararse en huevos de gallina fertilizados, lo que las hace contraindicadas para personas que sean sumamente alérgicas a las proteínas de huevo y también para aquellos que padecieron del síndrome de Guillain-Barré (en el que una infección viral oportunista ocasiona una condición autoinmune que destruye el sistema nervioso periférico) Ya se trabaja en nuevas técnicas que permitirían utilizar células cultivadas de otros animales. Se trabaja ya en una vacuna de tipo marcador de ADN, que se encuentra en este momento en pruebas clínicas. También se trabaja en una vacuna universal, que funcione para proporcionar inmunidad contra cualquier cepa viral, pero no parece haber avances significativos en este campo.
La preparación de la vacuna es un proceso lento y complejo. Todo comienza inoculando las cepas elegidas por la Red de Vigilancia en huevos de gallina fertilizados. El embrión ya estará muerto para cuando se extrae el virus. Hay dos métodos para fabricar la vacuna: en el primero se extrae entonces el virus, y éste se desactiva tratándolo con detergente, con lo que se produce vacuna de virus inactivo; en el otro el virus vuelve a ser inoculado sucesivas veces hasta que pierde su virulencia, con lo que se produce vacuna de virus atenuado. Cualquiera de los dos procesos implica seis meses de trabajo desde la inoculación primaria hasta la obtención de la vacuna final. Debido a la mutabilidad del virus de la influenza la eficacia de la vacuna contra la influenza no es tan alta como otras vacunas , y además sólo confiere protección por unos pocos años antes de volverse inútil. Esta misma tasa de mutación permite que se esté vacunado y aún así enfermar de influenza, ya sea porque una cepa que no fue integrada en la vacuna se vuelve dominante (sucedió en la temporada 2003-2004), ya porque el anfitrión se infectó de una de las cepas integradas en la vacuna justo antes de recibir la vacuna, puesto que para que se vuelva efectiva, deben de pasar alrededor de dos semanas. No debemos olvidar que la influenza es una enfermedad endémica en el ser humano: la gripe estacional. Una vez que se adquiere la enfermedad se obtiene inmunidad contra esa cepa en particular; el hecho de que cada año termine uno enfermándose otra vez significa que se contagia uno de una cepa diferente.
La benignidad de esta cepa particular de influenza que nos acongoja en esos días (qué frase tan bonita, permítame usted apuntarla para que no se me vaya a olvidar… listo, gracias) permite que las personas sean infectadas y se recuperen sin mayor complicación, aunque, claro está, no es para bajar la guardia. No está de más repetir que si se presenta una temperatura superior a 39 grados de temperatura, sin tardanza ni dilación debe usted dirigirse al hospital más cercano, incluso en domingo. Tampoco está de más recordarles que no deben automedicarse, y no tomar ni siquiera una aspirina si se presenta gripe, en especial en niños y jóvenes, pues puede provocar síndrome de Reye (daño en cerebro, hígado y riñon potencialmente mortal). Una persona que contrae influenza se vuelve altamente infecciosa entre 48 y 72 horas desde la aparición inicial de síntomas, y continúa siendo infecciosa hasta 10 días después, periodo en que debiera permanecer si no aislada, por lo menos con interacciones limitadas. Los niños son mucho más infecciosos que los adultos, y pueden contagiar desde la aparición misma de síntomas y posiblemente incluso antes, hasta dose incluso tres semanas después. Las normas básicas de higiene que hemos estado escuchando para contener el brote epidémico se siguen aplicando, y además se agrega la desinfección de las áreas en las que estuvo confinado el enfermo. El alcohol es efectivo para desactivar el virus, al igual que las soluciones que contienen amoniaco o cloro.
Les recuerdo una vez más que no hay que alarmarse. Hay motivos para estar alerta, pero no para caer en pánico. Disfruten de estos días de puente y estén alertas: los zombies no se van a levantar y si lo hacen, aquí los espero.
Saludos cordiales.
Lord Eggs.
