Conteniendo la influenza

Tratar de contener un brote epidémico no es, como muchas personas parecen creer, tan sencillo como tomar a todo el mundo y vacunarlo. Las ideas más sencillas en un ambiente sanitario sueles ser también las más difíciles de realizar.

Hoy hablaré un poco sobre la razón por la cual las autoridades sanitarias hayan decidido suspender actividades no esenciales y, sin embargo, no se hayan tomado acciones más restrictivas, como el cierre de fronteras. No es un tema fácil, y a veces la lógica parece llevarle la contraria a la realidad.

Comencemos recordando que nos enfrentamos a una enfermedad nueva, que no había sido registrada antes por la medicina moderna, y que hasta donde sabemos es una cepa que contiene variantes de virus humanos, porcinos y aviares. Por fortuna, también sabemos que es una cepa relativamente inocua, de alta morbilidad pero baja mortalidad (o como diría mi abuelo, no mata pero ataranta) y que responde favorablemente al tratamiento con antivirales diseñados para la eventual pandemia de gripe aviar H5N1, que, por fortuna, no se dio a principios de siglo. Pero también debemos recordar que estos datos los sabemos hasta ahora, ya que hemos podido obtener información gracias al paso del tiempo, que permitió que diversos laboratorios repartidos por todo el mundo analizaran el virus A(H1N1)-SOIV que todavía no recibe un nombre oficial. Como muestra de lo serio que es el brote, basta ver las más recientes cifras de la OMS; a las seis de la tarde del 2 de mayo de 2009, las cifras indican:

15 países reportan 615 casos confirmados y 17 muertos.
México reporta 397 casos de infección confirmados y 16 muertos, tras haberse recibido 241 pruebas de laboratorio positivas.
Estados Unidos de América reporta 160 casos confirmados, y un muerto.
Canada reporta 51 casos confirmados, Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte 15, España 13, Alemania 6, Nueva Zelanda 4, Israel 3, Francia 2, Región Administrativa Especial de Hong Kong 1, Austria 1, Dinamarca 1, Países Bajos 1, Corea del Sur 1, Costa Rica 1y Suiza 1.

Cabe destacar que los números continuarán aumentando a medida que se hagan públicos los resultados de los análisis de laboratorio. A la vista del número de casos confirmados y el número de contagios estimado, las medidas de contención han cumplido su cometido de evitar la propagación de la enfermedad, a costa de grandes sacrificios económicos: el cierre temporal de centros de reunión ha afectado a ricos y pobres por igual, de paso lanzando a la basura sin esfuerzo el mito de que el ataque de influenza fue para reactivar la economía (más deprimida no puede estar, aunque lo intentemos).  El hecho de que las farmacéuticas tengan que gastar una millonada en investigación y desarrollo para crear grandes cantidades de una vacuna que no les reporta grandes beneficios y deban decidir si suspender o dividir la producción de la vacuna estacional (lo que les ocasionaría pérdidas) mientras que se descubre que uno de los medicamentos desarrollados contra la influenza no tiene efecto en la nueva cepa del virus (lo que les ocasionaría graves pérdidas económicas) temina por destruir el complot de las farmacéuticas. Quienes claman que el gobierno mexicano hubiese liberado el virus para hacerse con las elecciones del próximo julio, al más puro estilo Norsefire, han visto demasiado V for Vendetta, y olvidan que los políticos nunca se han puesto de acuerdo en nada que no sea un asunto de salud pública, y eso sólo por la gravedad de la situación (Shame on you, Yeidkol Polevnski!). Y no faltan también los que claman que fue una cortina de humo sólo porque  se aprobó una ley de despenalización para los usuarios de drogas; a esos les digo, señores, no mamen y búsquense una vida: quienes deben estar en la carcel son los que venden la droga, no quienes la consumen: los consumidores necesitan ayuda y salir de vez en cuando en el Show de la Barandilla para solaz y diversión del personal.

Es muy importante entender lo siguiente: nos enfrentamos a un virus conocido con una cepa nueva. Pretender que éste es un virus ya existente es, a lo sumo, una verdad a medias. Lo ejemplificaré de ésta manera: Si usted pretende luchar con el Hijo del Santo y en su lugar se enfrenta con el Nieto del Santo, ¿utilizará la misma estrategia, tomando en cuenta que aunque sean familia son dos personas diferentes? Así, si el Nieto del Santo tiene apenas doce años será más fácil de detener que si nos enfrentamos al Hijo del Santo, que a sus 46 años está en plenitud de facultades, y detener al Santo será facilísimo, en especial tomando en cuenta que lleva ya cómodamente varios años bajo tierra. De esta manera debería ser obvio por qué el detener a este virus en sus etapas tempranas es tan necesario: acábalos jóvenes y evita que se conviertan en un mal mayor. El hecho de que éste virus, como no me he cansado de repetirlo hasta el hartazgo, sea de baja mortalidad, no nos debe hacer bajar la guardia. Recordemos que el origen probable de este virus es porcino, pero es capaz de infectar a los humanos con gran facilidad; la gripe aviar, una variante de H5N1, tenía una mortalidad altísima, del orden del 75%, pero su transmisión era muy difícil y la mayor parte de los infectados lo hicieron por contacto directo con aves infectadas. En este caso, no tenemos dudas de que A(H1N1) S-OIV se transmite por vía aérea, por lo que su expansión será mucho mayor que la gripe aviar. El riesgo aquí es que una cepa de H1N1, que se transmite muy fácil, se una a una cepa H5N1, que es mortal, y forme una nueva cepa que sea capaz de transmitirse con facilidad y además sea mortal. Ése es el riesgo al que se enfrentan las autoridades sanitarias del mundo.

¿Qué medidas podemos utilizar para contener el avance de la influenza? La más básica y obvia es romper el vector de contagio. Si tenemos un brote epidémico, debiéramos aislarlo en la medida de lo posible y comenzar a analizarlo. En el caso que nos ocupa, sabemos que hubo un brote epidémico que infectó al 60% de la población, como mínimo, de un pueblo de Veracruz. Ésta epidemia local llamó la atención de las autoridades, que procedieron a hacer lo obvio: tomaron muestras de sangre de los infectados. Cuando los análisis de laboratorio regresaron y confirmaron que se trataba de un virus nuevo, se emitió una alerta sanitaria; lamentablemente, el virus ya se había extendido a otros lugares. Recordemos que no vivimos en el Mundo Perfecto™  donde todo es como C.S.I. Miami y en un corte comercial se consigue todo un análisis genético de un sospechoso y su familia con una simple célula epitelial que se encontraron por casualidad en el reverso de un timbre postan en el cual estornudó hace tres meses: en la Vida Real™ hay que tomar varias muestras, enviarlas a analizar, y el análisis puede tardar hasta dos semanas antes de obtener resultados básicos. Los laboratorios del nivel requerido son contados y muy caros, lo que explica por qué los resultados tardan tanto tiempo y por qué no tenemos uno en México (ojo, que eso explica, pero no justifica).  Una vez que se descubrió que nos enfrentábamos a una especie nueva, se elevó la alerta a nivel 4. De nueva cuenta en el Mundo Perfecto™ un grupo de señores con trajes presurizados capaces de resistir en el vacío del espacio hubiera rodeado el pueblo, colocado un domo de contención y esterilizado todo con rayos ultravioleta, pero en la Vida Real™ la gente se mueve y no hay personal suficiente para hacer frente a una epidemia en un lugar apartado de la República. Para cuando supimos que nos enfrentábamos a un nuevo virus, el brote ya se había extendido a varias ciudades del interior del país y también se habían reportado casos en otros países. 

En este momento varias teorías de la conspiración dicen que se hubiera requerido cerrar fronteras para impedir la infección. Lamentablemente, la infección ya se había extendido, así que el cierre de fronteras no tenía ya sentido. Sí se recomienda que los viajeros que no requieren realizar los viajes por motivos importantes (y perder el dinero del pasaje y no ir de vacaciones no es un motivo importante) no viajen a y desde zonas afectadas, pero quiero ver quién era el guapo que le decía a los vacacionistas extranjeros que debían quedarse para ver si no se enfermaban. En su lugar, el sistema de salud mexicano avisó que había posibilidad de contagios, dio las características de la enfermedad, y avisó que había que estar alertas a los síntomas: dicho y hecho, se encontraron casos fuera de México y se han contenido de manera eficaz los brotes epidémicos. Tan es así que la OMS no ha recomendado restricciones en los viajes, aunque avisa a los viajantes que usen su sentido común: si estás enfermo, no viajes, y si viajas enfermo, avisa a la aerolínea para que un equipo médico te espere al tocar tierra. Y aún un eventual cierre de fronteras hubiese podido ser inútil: si el virus hubiese sido capaz de infectar a múltiples especies, con un solo ganso migratorio que diseminara la enfermedad el cierre de fronteras también hubiera sido sobrepasado. Lo que me recuerda que aquellos que apoyan la teoría de la conspiración de que el virus es un arma biológica, y se apoyan en la teoría de los chemtrails, una teoría que no es teoría y además no explica nada. La teoría de los chemtrails implica que todos los aviones comerciales, o por lo menos un gran número de ellos, suelta virus o similares con el objetivo de zombificar a la población o cosas peores. Que nunca hayan podido obtener pruebas a pesar de lo amplio del proyecto sólo implica que pretenden acallarlos para que no divulguen la verdad; que se haya probado hasta la saciedad que es un fenómeno natural, llamado por los meteorólogos como contrail, abreviatura de condensation trail, o sea, estelas de condensación: agua en forma de gotitas o cristales de hielo que se producen cuando el aire caliente y comprimido producido por las turbinas se descomprime bruscamente, enfriándose, lo que provoca su condensación y su formación. Física en acción.

En situaciones en la cual la virulencia de una enfermedad es desconocida, el paso obvio no es tratar de curar la enfermedad sino detener su crecimiento. Para ello, es necesario detener el vector de contagio. Y este vector de contagio No quedó más remedio entonces que ordenar al público la cancelación de toda actividad no esencial. Los teóricos de la conspiración que dice que la epidemia es un complot para reactivar la economía pueden decirme por qué demonios actividades que normalmente dejan mucho dinero se han visto obligadas a cerrar, y en pleno puente vacacional.  ¿Por qué fue necesario suspender todas las acciones no esenciales? Para romper el vector de contagio. Debido a la naturaleza de la enfermedad el contenerla presenta desafíos muy fuertes. Voy a hacer una predicción: ahora, con este puente en que muchas personas se fueron a hacinar a Acapulco, se volverá a dar un brote epidémico en la ciudad de México, brote que parecía ya estar controlado. Nada me gustaría más que equivocarme, y espero con total sinceridad que así será, pero también creo que si algo nos han enseñado las epidemias anteriores, en especial las de 1918 y 1969, es que la epidemia viene en oleadas. La idea era romper el vector de contagio, y el contagio se da por vía aérea; por tanto, un estornudo en cadena puede infectar a todo un pueblo. Con grandes aglomeraciones de paseantes en un único punto, la posibilidad de contagio tiende a 1. Tomando además el tiempo que toma en declarar a una persona como curada, no podremos cantar victoria sino hasta dos semanas después de que se de de alta al último enfermo. 

Los contagios de manera normal cumplen la norma de una campana de Bell. El meollo del asunto consiste en detener el crecimiento de esa campana lo antes posible. Las epidemias suelen desarrollarse en tres oleadas, la infección inicial, que no suele ser muy grande, la oleada principal en la que el virus sufrió una reorganización que facilita su transmisión (simple selección natural: el virus que más rápido se reproduzca será el que domine), y una oleada final, en la cual quienes tienen defensas bajas se infectarán con los virus más resistentes aunque menos virulentos (de nueva cuenta, selección natural: los virus que vivan más y maten menos tendrán oportunidad de reproducirse). En este caso, tuvimos un pico no estacional, que fue la alerta de que algo estaba mal, pero la siguiente oleada vendrá cuando la influenza endémica empiece a hacer de las suyas y entonces puede que nos encuentre con la guardia baja. No está nunca de más recordarles: nos enfrentamos a una amenaza nueva, pero eso no es razón para caer en pánico. 

Saludos cordiales.

Lord Eggs.

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