Cuando ser competente es sospechoso

O por qué las medidas sanitarias impuestas para detener la epidemia de influenza humana  alimentan la paranoia y crean nuevas teorías de la conspiración.

Don’t Panic

Todos los niveles de gobierno y sociedad están uniendo esfuerzos para detener el avance de la epidemia de la influenza. Es muy sospechoso, ¿verdad? Porque en este mundo estamos acostumbrados a quejarnos antes que felicitar; es una reacción automática (que no instintiva) que tenemos: cuando algo pasa, hay que echarle la culpa a alguien. No es de extrañar que las teorías de la conspiración, el racismo y la simple pendejez encuentren un caldo de cultivo en el cual crecer y multiplicarse. Hagamos un poco de historia.

Todo comenzó con un brote en una localidad de Veracruz, en la cual el 60% de la población se enfermó de una gripe en  marzo, fuera de la temporada habitual de la gripe endémica. Se siguió el protocolo y se tomaron muestras para analizar, y como la mayor parte de los habitantes se curaran solos, no se levantó mayor alarma entre la población. Hasta que esa misma gripe comenzó a presentarse en otros lugares.

Es entonces cuando las cosas comenzaron a tomar un matiz de urgencia, porque la gripe y la influenza son enfermedades endémicas que cada año matan a un cuarto de millón de personas en este buen y viejo mundo que habitamos. Donde resultara ser una gripe mortal, podría desatarse una pandemia en la cual nos cargaría el payaso con gran rapidez y los zombies sólo dejarían en paz a Jaime Mausán, sus colegas y sus acólitos. Se tomaron medidas de emergencia, se solicitó apoyo internacional, y los distintos niveles de gobierno, en un hecho inaudito desde el terremoto de 1985, se coordinaron para contener la epidemia.

Tal vez se coordinaron demasiado bien. He ahí el quid de la questión.

Estando acostumbrados a que el gobierno no puede hacer nada bien, cuando por fin dan en el clavo es un hecho tan inusual que despierta sospechas. Por más que intenta uno comprender y hacer comprender que se hizo lo correcto a tiempo y en la proporción adecuada, siempre quedará un sector de la población que dirá que las medidas fueron muy blandas, que las medidas fueron muy duras, que las medidas no fueron las adecuadas, y además, extendiéndonos por internet, que todo fue un complot de parte de las empresas farmacéuticas para ocultarnos el hecho de que un avión que despega sobre una banda transportadora disemina chemtrails cuando se alza en vuelo.

Los promotores de la teoría del simulacro sostienen que es muy sospechoso que se hayan suspendido labores justo ahora que estamos de puente, sin tomar en cuenta que al comercio le han dado un duro golpe precisamente porque es época de vacaciones. Otro sector toma parte de esa teoría y añade una cortina de humo artificial, indicando que lo que es sospechoso es que haya habido primero tantos casos, luego se bajaran a muy pocos y luego empiezan a aumentar otra vez, sin tomar en cuenta que los primeros eran casos no confirmados, y luego se empezó a dar información sore casos confirmados. Y si le seguimos escarbando seguramente la influenza mató a Colosio y a Kennedy.

No es de extrañar que de pronto empiecen a surgir gritos de «exageración» y «sobrerreacción» entre la sociedad. Pero que no quede lugar a dudas: de lo único que ha sido culpable el gobierno mexicano y los demás gobiernos en el mundo, ha sido de actuar con la celeridad que el caso requería. México hizo un sacrificio enorme en una sociedad que ya estaba oprimida por una economía en recesión: virtualmente paralizó el país. Se esperaba que hubiera un chicotazo tras las medidas tomadas, y ya lo estamos viendo: la gente comienza a preocuparse de si realmente es tan serio el brote de la enfermedad. «Una dosis de Ubicatex,» dicen las voces discordantes, «la gripa común mata cada año a 30000 mexicanos, ésta sólo ha matado a 20.»Una dosis de sentido común, es mi réplica. Les recuerdo que cuando esta situación comenzó no se tenía idea del peligro que pudiera representar para la población esta nueva cepa de la influenza, ni de sus orígenes, ni de sus alcances. La respuesta del gobierno mexicano y de la OMS fue la apropiada: aislemos el brote e impidamos su contagio antes de que otra cosa suceda. «Pero no mostraron transparencia ni avisaron desde el principio que era un virus nuevo,» alegarán para tratar de ganar la batalla. Obvio: lo primero es investigar, no vamos a andar alertando a la población si lo único que pasó fue que todos tuvieron la mala suerte de enfermarse de una gripita común y corriente. «Pero entonces fueron negligentes en su manejo,» alegarán, «porque no cercaron la población de inmediato.» ¿Y a usted le gustaría que lo segregaran sin un motivo válido alguno? ¿Quién cerraría la puerta del hospital, entonces? La autoridad hizo lo que debía hacer para investigar sin aterrorizar, y cuando dio la voz de alarma, lo hizo advirtiendo que lo que se veía venir podía llegar a ser muy grave, no que necesariamente lo sería. 

Nos encontrábamos en ese momento en un punto en el que desconocíamos la gravedad de la infección, el vector de contagio del virus, si existía un tratamiento, la tasa de mortalidad, e incluso el origen. La ventaja es que ya teníamos el conocimiento de cómo contener una infección nueva, pues aprendimos mucho sobre el brote epidémico de grite aviar H5N1. Se decidió, pues, comenzar rompiendo los vectores de contagio y aislando a los enfermos. Al mismo tiempo, se comenzó a recopilar toda la información posible para poder desarrollar estadísticas y tablas que nos permitieran anticipar el probable curso de la enfermedad. Con esto, hemos sacado algunas cosas en claro: primero, el identificar y aislar a los enfermos permitió que la enfermedad no siguiera extendiéndose; segundo, se confirmó el vector de transmisión, por aerosoles; tercero, la edad de los enfermos parece ir disminuyendo comparado con la gripe endémica, y cuarto, que la población no tenía defensas preparadas para esta cepa de virus, lo que lo convertía en una amenaza nueva. De aquí surgen nuevas preguntas. Una de ellas es si hubo reactividad cruzada con personas que nacieron antes de 1957, pues este fue el año en que la gripe H2N2 reemplazó a la gripe H1N1 como la enfermedad endémica humana. Otra es si debemos denominar oficialmente al brote como pandémico, pues ya cumple con todas las características de diccionario, excepto la cantidad de personas, para convertirse en pandemia.

Es la extensión y la velocidad de contagio lo que se puede convertir en un factor de preocupación. Otro factor es la severidad de la enfermedad. Recordemos que no es necesario enfermarse para estar infectado. De lo que sabemos, lo bueno es que nos enfrentamos a una cepa nueva pero «amable», lo que no deja de ser un término engañoso: la influenza estacional es también un virus amable y cada año se carga a unas 30000 personas y manda a medio México a la cama por una semana. Éstas muertes son apenas la punta del iceberg, recuérdese, porque hablamos de un virus endémico cuya tasa de mortalidad es de apenas 0.006% si asumimos un universo de enfermos de 5 millones, apenas el 5% de la población de México. No todas las muertes son causadas por la influenza, sino por infecciones oportunistas y si ya es difícil luchar en un solo frente, luchar contra dos o más es casi imposible. Además de eso, recuérdese que hay personas que se infectarán pero no desarrollarán los síntomas, o desarrollan sólo una versión muy ligera de la enfermedad, pero siguen siendo un potencial foco de infección. Si sólo nos fijamos en la punta del iceberg es muy fácil olvidar que debajo hay una inmensa masa de hielo. Dupliquemos el tamaño de la punta y abajo el crecimiento será exponencial. Es necesario, por tanto, arrancar el problema de raíz. 

El problema es que para acabar con el vector de contagio fue necesario que se tomaran medidas impopulares. Así se cerraron todos los lugares donde grandes aglomeraciones humanas pudieran servir como un parque de buffet para la infección: restaurantes, antros, bares, cines, teatros, parques de diversiones, salones de baile, estadios, guarderías, escuelas… y esto no fue una medida popular. Tomemos en cuenta la mentalidad mexicana básica, para quien era necesario tomar medidas fuertes y drásticas… en la finca de su compadre.

Es la Paradoja del Afectado. Cuando uno no se ve afectado por una medida, era necesario haberla endurecido más; cuando lo hace, la medida es excesiva y un atentado contra los derechos individuales. No es de extrañar la reacción de una señora, entrevistada para un noticiero a nivel nacional, que se quejaba de que el gobierno no hacía nada para detener la influenza y además de que habían cerrado el Bosque de Chapultepec. Apuesto a que si no hubieran cerrado el bosque la señora se quejaría igualmente. La ironía y la moraleja de la historia es que, cuando las medidas funcionan, nada pasa. 

La cosa no termina ahí, por supuesto. Es de esperarse que cuando llegue el verano el virus y su actual amabilidad reduzcan su actividad hasta casi desaparecer, pero cuando llegue otra vez la estación fría puede volver a surgir. Si en este momento nos encontró fuera de lugar y puso en jaque a los sistemas de salud de varios países, cuando llegue con toda su fuerza nos va a poner de rodillas. El riesgo aquí es que las autoridades sanitarias terminen desestimando el riesgo potencial de esta cepa. No cabe la menor duda de que es necesario contar con una vacuna que funcione y que deberá ser entregada de manera gratuita a todos los pobladores en las zonas más afectadas, para prevenir un nuevo brote, mas recordemos que la gripa y la influenza son notorios por su habilidad para mutar. Y recordemos que si ya está siendo difícil controlar a la población en una situación de emergencia, cuando no se perciba esa necesidad será punto menos que imposible.

El problema es simplemente que el humano más difícil con el que debemos de tratar es el homo sapiens sapiens. Su habilidad para modificar su medio ambiente en lugar de que el medio ambiente lo modifique es la causa principal de que sea tan complicado controlarlo. Por ejemplo, si es necesario hacer que una gallina, un cerdo o un perro coman vitaminas en su dieta, se le agregan a su comida y asunto arreglado. En cambio, traten de hacer que un niño común y corriente coma brócoli y sabrán de lo que hablo. Y los adultos son peores: el médico le dice que siga un tratamiento, y una parte lo seguirá por un tiempo, pero no se lo acabará; otra parte no lo tomará; otra parte lo reemplazará; otra parte lo recomendará a sus amigos y una más seguirá siguiéndola por mucho tiempo. Y si eso pasa cuando está enfermo… ¿qué pasará cuando esté sano? I rest my case, your honour.

Terminaremos con las más recientes cifras sobre el avance del brote epidémico: a las 1600 GMT del 3 de mayo de 2009, 18 países habían reportado 898 casos confirmados de influenza.

  • México reporta 506 casos y 19 muertes.
  • Estados Unidos de América reporta 226 casos confirmados y una muerte.
  • Austria reporta un caso.
  • Canadá reporta 85 casos, incluyendo transmisión indirecta, mas la detección del virus en una piara de Alberta.
  • La Región Administrativa Especialde Hong Kong reporta un caso.
  • Costa Rica reporta un caso.
  • Dinamarca reporta un caso.
  • Francia reporta dos casos.
  • Alemania reporta 8 casos.
  • la República de Irlanda reporta un caso. 
  • Israel reporta tres casos.
  • Italia reporta un caso.
  • Países Bajos reporta un caso.
  • Nueva Zelanda reporta 4 casos. 
  • Corea del Sur reporta un caso. 
  • España reporta 40 casos, incluyendo transmisión indirecta.
  • Suiza reporta un caso.
  • Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte reporta 15 casos, incluyendo transmisión indirecta.

Mañana, hablaremos sobre la especie animal más difícil de controlar para evitar la diseminación de enfermedades.

Saludos cordiales.

Lord Eggs.

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