Y entonces me trajeron una computadora para reparar. Con carácter de urgente.
Una de las cosas que a veces extraño de cuando era yo joven y bello y especialista en soporte técnico, pero no extraño mucho, debo decir, era cuando me solicitaban mi presencia inmediata e ipso facto porque algo fallaba. Entonces iba yo, veloz, y reparaba todo con gran habilidad. Supondremos, para efectos de éste relato, que reparaba yo.
Hoy me hablan, y me dicen que una computadora falló. Como yo ya no trabajara con el abogado que me llamara, por fin pude decirle «tráeme la máquina, que no puedo ir ahorita por ella». Tras media hora el abogado llegó con la máquina, aproximadamente el mismo tiempo que me hubiera tardado en ir por ella a pie, lo que es extraño porque él se vino en automóvil. Extraño hasta que ves que conduce a 20 kilómetros por hora. Si alguna vez, conductores tapatíos, han visto conducir a un cachetón peludo y treintañero con cara de bonachón y cuerpo de osito de peluche, en un auto azul, conduciendo a 20 kilómetros por hora en plena avenida López Mateos, ése es, sin duda, el abogado en cuestión. La cosa es que me trajo la máquina, y rápidamente reemplacé la pieza defectuosa, la fuente de poder en este caso. Una prueba de mi disminución de habilidades es que no me molesté en realizar el resto de mi batería de resolución de problemas estándar: me limité a cambiar la falla inmediata sin verificar lo demás. Obvio es que cuando la máquina llegó, media hora después, a su destino, volvió a fallar. Porque la falla no era la fuente de alimentación, claro.
Tuve que ir, por supuesto. El abogado vino por mí, y me llevó allá, con lo cual un trayecto de media hora me tomó una completa. Estando allá, pude darme cuenta con horror que no sólo me disminuían mis habilidades: directamente me fallaba la memoria. No me llevé ni un desarmador. Me las arreglé como pude para abrir la máquina utilizando mis llaves y unas tijeras, para poder transplantarle el disco duro a otra, que estaba sin usar, y dejé trabajando al abogado mientras yo revisaba la máquina vieja, esta vez corriendo toda la batería de pruebas que se me ocurrió para poder diagnosticar «Ya no sirve» pero con total certeza. Efectivamente, la máquina ya no servía. Le fallaba algo muy importante: los puertos del disco duro.
Lo que es peor no es que no hay modo económico de reparar esta tarjeta, sino que la tarjeta tenía 8 años de edad. Construí esa máquina en marzo de 2001, por lo cual estando en mayo de 2009 ya había pasado su octavo aniversario. Por tanto, la pobre máquina ya llevaba viviendo tiempo extra, pues si bien no se le imponía un trabajo extremadamente complicado, sí permanecía encendida aproximadamente 16 horas al día, y así no hay máquina que aguante. Revisando costos, es mucho más conveniente ensamblar una máquina basada en un procesador Atom que repara ésta. Incluso si valiera la pena repararla, un procesador de 700 megahertz y núcleo sencillo sencillamente ya no da el ancho para el software de hoy en día, así que es preferible adquirir un Atom de doble núcleo y 1.6 gigahertz para poder correr Windows XP o Linux, caminar Windows 7 o arrastrar Vista. Digo, después de todo puedo ensamblar máquinas completas con Atom por magros 2000 pesos, en tanto que máquinas con un procesador decente que permanecerá subutilizado costarán más de 4000 machacantes, probablemente 5000. Ahora veremos qué es lo que decide el abogado.
Saludos cordiales.
Lord Eggs.

Buen post, ni se nota el comercial…
Hombre, es para ver si así caen más visitas a los anuncios. Hasta el momento, éste artículo ha generado en publicidad un gran total de: cero dólares, un centavo.
….”"” se siente triste, falto de amor…suspira por unos ojitos pispiretos?…..la crisis esta pegandole duro ….por no decir que se siente ya un mexicano mas en manos de pacquiao??….”"”"
……….TOME CAÑABAR !!!!!
el abuso de este producto es nocivo para la salud.
Nomás no entendí el título.
Es porque, en general, los títulos de mis artículos tiene poco que ver con el contenido, aunque a veces parezcan apropiados.