Fui a desayunar. No es muy habitual que tal cosa suceda porque un curioso problema gástrico me impide consumir alimentos, ni líquidos ni sólidos ni gaseosos, si no tengo por lo menos dos horas de actividad a cuestas.
Estoy ordenando unos deliciosos tacos de barbacoa en un puesto del mercado, cuando de pronto escucho una voz decir «Hallo! Guten morgen!» Un tanto confuso, porque sólo conocía yo a una persona en todo Guadalajara que se dirige a mí en alemán cuando me saluda, giro sobre mi asiento y para mi sorpresa, me encuentro nada más y nada menos que… a Xiau-Xiau Yubi.
Yubi, que es colega de mi prima Cata, suele ser una chica muy recatada y tímida. Al menos solía serlo, pero creo que entre Tomoka, Cata, Holi, Renée y Moni, junto con la vida tapatía, se han encargado de quitarle lo oriental y poco a poco la convierten en una galleta rellena de vainilla o en una banana, por emplear símiles que aprendí en Vancouver.
«Yubi, my child», respondí sin pensar, y al darme cuenta de que estaba hablando en inglés pasé pronto al español, «¿Cómo estás? ¿Desayunaste ya? ¿Puedo invitarte algo?» También observé que dejé de usar palabras rimbombantes, supongo yo que al recordar de manera un tanto imperfecta que el español de Yubi aún sufre de carencias gramaticales, por lo que hice una nota mental para regalarle una enciclopedia en su próximo cumpleaños. Nada mejor para aprender cultura y vocabulario como leer un tomo de la enciclopedia en el baño. «Bien, no, sí», respondió Yubi, aceptando mi invitación sentándose en el asiento que retiré de la barra para uso y usufructo de su parte.
Para no hacer más largo el cuento, mientras a mí me entregaban mis tacos de barbazul y mi agua de arroz, Yubi pidió unas quesadillas y un jugo de naranja. Pregunté por qué me había saludado en alemán y me contestó que mi prima Holi, quien en mala hora no quiere llevar ya no un blog, sino ni siquiera un twitter, le estaba enseñando a hablar un poco de alemán de supervivencia a cambio de aprender un poco de chino mandarín. «Con la adición de este lenguaje», dije, recuperando poco a poco mi habitual verborrea, «¿Cuántos idiomas eres capaz de hablar ya?» «Seis», dijo, bajando la cabeza, «liangshan yi, hanyu, francais, español, english, deutsche…»
En ese momento noté que el patrón, es decir, el dueño del changarro en cuestión, nos miraba un tanto cuanto interesado, además de que las cocineras, matronas de gran sazón a sus 64 y 72 años de edad, nos miraban con su habitual cara de «no sé por qué éste muchacho sigue soltero». Decidí aprovechar esta curiosa combinación de circunstancias y público para hacer sonrojar a alguien, incluso si era yo quien debía sonrojarse para cumplir el objetivo. Así que hice tronar mis vértebras cervicales, como hago siempre que quiero hablar en serio, y dije en voz clara y fuerte: «Si no fuera porque temo ofenderte, te pediría ipso facto que te casaras conmigo, querida.» El sonido de «Huuuuuyyyyy…» que profirieron las cocineras, además dela sonrisa cómplice del patrón y el súbito enrojecimiento de Yubi me indicó que había dado en el clavo. Me limité a sonreir. La cocinera que nos entregó nuestro pedido se limitó a decir «Y si la muchacha no sabe cocinar yo me caso contigo», a lo cual respondí «Por eso no me caso, porque considero que es injusto privar a todas las mujeres de mi presencia», citando al gran maestro Mauricio Garcés. A menos que haya sido Gordolfo Gelatino, pero para el caso es lo mismo.
Seguimos hablando mientras desayunábamos. Comparada con la chinita que llegó aquí en diciembre del año pasado, ésta Yubi ha cambiado mucho. La de hace apenas seis meses no miraba a los ojos a nadie, y ésta ya no los despega de uno cuando habla. Mientras que la otra Yubi no podía dejar de cargar sus palillos de hueso a todos lados, ésta ya come con los dedos. Y mientras la Yubi anterior no hablaba en ningún idioma a menos que uno le hablara expresamente, ésta inicia conversaciones. Lo que no ha cambiado es que se sigue sonrojando y aún mantiene una cómoda distancia entre las personas, como si sintiera que algo malo le va a pasar si te le acercas. En Vancouver, una chica hindú achacaba ese comportamiento a la gravedad: acercarse mucho hacía que los dos campos gravitacionales se mezclaran, lo que era muy malo para los chacras o alguna idiotez similar. Yo me limito a pensar que Yubi simplemente se siente incómoda.
Mientras pagaba la cuenta de los dos, pues por más pobre que esté un auténtico retrosexual jamás deja que una fémina pague, aproveché para preguntarle a Yubi «¿Y tienes planes para mañana en la noche?» Ésto no hace más que demostrar que estoy perdiendo facultades con la edad, porque a la respuesta en sentido negativo yo no pude mas que invitar a la chica al Animé Bar a escuchar música y bebernos unas chelas.
No estoy seguro si es culpa del calentamiento global, de la primavera, de mi ansia o culpa de la sefuela, porque hace apenas dos años ni siquiera hubiera hecho esa pregunta. Pero bueno, creo yo que echar una canita al aire una vez al año no hace daño. Mientras me despedía de Yubi, siempre bajo la atenta mirada de las cocineras, ella me dijo que tenía algo blanco en el bigote. Inicié, por supuesto, el clásico movimiento limpiativo –bonito palabro– con una servilleta de papel, para tratar de eliminar a la brevedad posible la cosa blanca ésa. Pero no lograba quitarlo, ni siquiera tras limpiar profundamente grupos de pelos de manera más o menos individual. Entonces doña María me dijo que me acercara para verme bien. Y allá voy.
«Son canas, m’hijo…» dijo doña María, entre risas, mientras Yubi volvía a ponerse roja cual tomate. No cabe duda. Me estoy volviendo viejo a pasos agigantados.
Saludos cordiales.
Lord Eggs.

Bien por Yubi!!!
¿Incómoda? No creo que sea eso!!!
Buena suerte en su cita, velada, salida o como se le llame por aquellos lares.
Saludos.
No encontré otra palabra para describir la sensación que creo siente la chica en cuestión. No le gusta estar cerca de nadie. Yo comparto esa incomodidad, no me gusta estar cerca de nadie que no conozco, y odio las multitudes. Lo cual vuelve curioso el hecho de que voy a desayunar al mercado, que siempre están hasta la madre de gente.
¿O sea que soy mejor casamentera cuando no estoy en Guadalajara?
Creo, querida, que simplemente te esfuerzas demasiado.
Comparto esa sensación, y desafortunadamente existimos personas que nos sentimos realmente incómodas en presencia de extraños, y que nos lleva un buen tiempo estar a gusto en su presencia, (pero que que preferimos este medio para hablar con completos extraños a nuestras anchas).
Pero volviendo al tema de Yubi, tal vez su prima Cata, como toda buena casamentera sabrá que algunas “incomodidades” se deben a que el que está a nuestro lado, no nos es del todo indiferente, y sobre todo teniendo en cuenta a que como la describe es una niña (¿?) tímida.
Diría yo que es la subespecie a la que Yubi pertenece es Homo Sapiens Sapiens Mosquitus Fallecidus. Yo, la verdad, lo único que espero es no terminar nunca como éste pobre tipo.
Ja,ja,ja.
se nota que Cata tiene buena punteria lo que le falla son los tiempos.
Tú ríete, pero cuando lo has posteado es por algo…
XD
Mks.
Claro que ha sido por algo. Por qué, no sé. Supongo que la combinación de circunstancias y las conversaciones fueron lo bastante buenas como para merecer un artículo.
sin palabras, doy un click, otros diez y ya le ajusta para otra quesadilla
A ver, compadre, quiero dejar una cosa en claro. Según entiendo… –y no es que tenga poca experiencia en el negocio de contar historias, claro está, pero lo digo sólo para sentar un precedente– según entiendo… ¿escribiste toda una historia, con Yubi como heroína, sólo con el malsano propósito de decir en la última frase que tienes canas en el bigote? O sea… ¿Qué clase de escritor eres? Un cabrón, eso es lo que eres…
Ding ding ding! We got a winner!
Me refería a una intención oscura, retorcida y maliciosa cuyo fin último sería dominar el mundo.
XD
Mks.
Eso lo hago desde que inicié este blog, querida.
Ja!
amor globalizado a la vista…
… olvídelo, jamás lo dije.
Lo escrito, consumatum est.
¿Puedo ser tu madrina de bodas?
¿No estás adelantándote demasiado a los acontecimientos, corazón?
bueno,
sí, un poquito.
Lord Egss, no creo que pueda tener tan mala suerte.
Comparto la opinión de Awake en que por algo fue escrito y lo del bigote, una simple distracción a los lectores.
Y se fijaron que una cuestión que puede ser tomada como romántica, generó un buen número de comentarios???
En la vida, la guerra y el amor cada quien fabrica su propia suerte. Fabricar la mía me ha costado mucho trabajo, en especial la del amor. Si no fuese así, para este momento estuviera yo casado.
Debo admitir, en realidad, que el artículo fue escrito por una razón muy sencilla: porque me gustó la manera en que podía contar la historia. En sí la historia, para mí, es algo secundario. Si Yubi no hubiese estado presente, pero igual alguien se hubiera fijado en las canas de mi bigote, probablemente también hubiera hecho un artículo.
Si no se hubieran fijado en mis canas, y hubiese ido a desayunar con Yubi, probablemente la historia no tendría nada interesante en su forma de contarlo y no hubiese escrito el artículo. Por ejemplo, nadie en esta bitácora sabe –o sabía, propiamente dicho, pues estoy haciéndolo público ahora– que a principios de año me fui a desayunar con Tomoka-Chan, porque fui a buscar a mi prima Cata pero no estaba. No lo conté en su momento porque, a pesar de todo, la historia de cómo Tomoka puede comer su peso en tacos al pastor no era tan interesante y no sucedió nada espectacular o divertido. Cuando Cata se largó a Canadá me llevé al viejerío a celebrarlo por todo lo alto, y no sucedió nada espectacular, y tampoco apareció una descripción al respecto.
Si ahora esto lo publiqué fue, más que nada, porque la anécdota de las canas en el bigote fue lo bastante divertida como para que valiera la pena publicar. Que lo haya tomado yo como una muestra de que mis habilidades para escapar del matrimonio, cual moderno Chanoc, están disminuyendo, es algo secundario.
Es interesante todo esto. No me extraña que siga yo soltero.
Saludos cordiales.
Ja, ja, ja
un ñerisimo, ¡Shaleeeee!
¿Qué otra cosa podría usted esperar en esta bitácora?
Just for men. ¡Aguante, mi buen, aguante! En realidad ellas no quieren casarlo por su bien de usted, sino para demostrar que pueden ser brujillas.
Y bueno, si te casas (no lo quiera el Mondesvol), espero que al menos entonces Yubi te deje acercarte. (Y aunque no te cases, claro.)
Mi estimado Mus, es usted la única voz sensata en esta conversación.
Yo ya tengo los detalles. Mañana cuando salga del hospital los pongo en mi blog.
Qué afán de matrimoniarme, de veras.
Mas bien sera de verlo con novia, tanta fama tiene su zona geografica y tanta renuencia de su parte, como que causa sospechas…
Si fuera sólo verme con novia, no me hubiera pedido ser mi madrina de bodas, observe usted. Por si fuera poco le recuerdo que duermo solo, pero acostarme solo no siempre.
Tienes que comprenderla: últimamente hay cosas que se salen de lo normal. Katzi sigue con Uno y regresó a Québec, Memo se va a casar, Jack se fue a Canadá y se ha quedado, Jay y Nirvana estudian y sacan buenas calificaciones, yo sigo con Du-weißt-schon-wer y por artes del demonio ahora mi mamá tiene que lidiar con una hija francófona que ni siquiera es suya pero que quiere como si la hubiera parido y yo vivo con una canadiense, una china y una japonesa que hablan todo el pinche día en francés, una de las cuales salió contigo a cenar. Yo digo que ésto es razón para que Katzi piense que ya te llegó la hora, mein lieber.
No es eso lo que trato de exponer, corazón (por cierto, genial tu gravatar), sino el hecho de que los esfuerzos de la romántica incorregible que tienes por hermana van todos encaminados a matrimoniarme con alguna de sus amigas, con ninguna de las cuales suelo tener mucho en común como para que valga la pena tratar de robarme alguna base. Observa el siguiente patrón: Erika, Carla, Adriana, Sandra, Angélica, Sandra otra vez, la otra Angélica, Laura, Susana, Sandra una vez más, Tomoka, y Yubi. Si no me ha intentado arrejuntar con Monique es porque la chiquilla es muy joven, y Renée porque sabe que lo nuestro sería un amor platónico –que digo platónico, vajíllico complético–, pero con el resto lo intentó desde que cumplieron los quince años (y lo digo sólo para establecer una fecha aproximada, no como punto de origen del suceso) y aunque en algunos casos consideré seriamente la posibilidad de que me atraparan por estupro, la verdad es que todos sus intentos estaban destinados al fracaso por incompatibilidad de caracteres.
En resumen, que en su actuación de Celestina, Cata se esfuerza demasiado.
Está bien, tú ganas, mein Führer. Mejor cuéntanos cómo te fue con Yubi, porque la chiquilla llegó con una sonrisa a flor de piel. Quiero escuchar tu versión de la historia.
Querida, ¿Qué te hace pensar que voy a revelar detalles íntimos sobre lo que aconteció o dejó de acontecer en la cena?
Yeah! Queremos mas información.
XD
Tu quoque, Brute, fili mihi?